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  • Diario Digital | sábado, 23 de octubre de 2021
  • Actualizado 23:52

El azúcar es peor que la sal para la hipertensión

El azúcar es peor que la sal para la hipertensión

Un estudio reciente ha demostrado que, para hacer frente a la hipertensión, los beneficios de reducir la sal son pequeños, mientras que suprimirla del todo o reducirla demasiado no es bueno para el organismo. Hasta ahora, los dietistas siempre han recomendado dicha reducción para controlar y prevenir la presión alta.

El estudio, que examinó los datos de más de 100.000 pacientes, indica que el consumo de sodio de 3 a 6 gramos al día está asociado con un riesgo menor de muertes y de accidentes cardiovasculares, en comparación con un consumo más alto o más bajo. Más aun, un consumo por debajo de 3 gramos al día puede ser perjudicial.

El estudio se publicó en la edición online de la revista Open Heart, e indica que el azúcar que se añade a los alimentos está más relacionado con la presión arterial y los accidentes cardiovasculares que el sodio.

Los realmente responsables de la hipertensión parecen ser los alimentos procesados, que proporcionan no sólo sodio, sino especialmente carbohidratos altamente refinados. Estos últimos comprenden varios tipos de azúcar y almidones simples.

Según los autores del estudio, la evidencia de la ciencia, de los estudios sobre la población y de las pruebas clínicas, señalan directamente hacia el azúcar en general, y en especial ala fructosa, que tiene un papel principal en el desarrollo de la hipertensión.

La sacarosa, o el azúcar de mesa (compuesta de glucosa y fructosa) es un ingrediente común en los alimentos procesados industrialmente. Y todavía más común que la sacarosa es el jarabe de maíz, rico en fructosa, el edulcorante más utilizado en los alimentos procesados, sobre todo en refrescos o sodas y en bebidas de frutas.

Recientemente Medical News Today reportó que beber regularmente soda con altos niveles de azúcar puede dar lugar al envejecimiento prematuro de las células inmunes y deja al cuerpo vulnerable a enfermedades crónicas, un efecto similar al que produce fumar.

En pruebas realizadas durante ocho semanas o más, se mostró que un consumo más alto de azúcar añadida a los alimentos aumenta significativamente la presión sistólica (6.9 mm Hg) y la diastólica (5.6 mm Hg).

El consumo excesivo de fructosa aumenta la frecuencia cardíaca, el gasto cardíaco, la retención renal de sodio y la resistencia vascular. Todos estos factores interactúan para elevar la presión arterial y aumentar la demanda de oxígeno del miocardio (que es el tejido muscular del corazón).
Las personas que consumen un 25% de las calorías de azúcar añadida a los alimentos o más tienen un riesgo de muerte debido a enfermedades cardiovasculares casi tres veces mayor. Incluso dosis moderadas de azúcar que se añade a los alimentos y que se consume por períodos cortos de tiempo, pueden hacerle daño al organismo. Pero consumir azúcar (incluyendo fructosa) en su forma natural, como la que se encuentra en las frutas, no perjudica al organismo, sino más bien lo beneficia.

Entonces, como la hipertensión pocas veces da síntomas en sus primeras etapas, ¿qué puedes hacer aparte de chequearte la presión regularmente para detectar si está elevada y llevar una alimentación sana como mencionamos? Para empezar, sigue el consejo del Dr. James DiNicolantonio, de Saint Luke’s Mid American Heart Institute, y coautor del estudio: “Es una excelente medida que, en primer lugar, reduzcas el consumo de azúcar añadida. Sólo tienes que limitar los alimentos procesados que la contienen”.

DATO

Las enfermedades cardiovasculares encabezan la lista de las muertes prematuras en los países desarrollados, y la presión alta o hipertensión es el factor de riesgo más importante que aumenta las probabilidades de padecerlas. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos, alrededor de 67 millones de estadounidenses padecen de hipertensión y aproximadamente la mitad de estas personas no la tienen controlada. 

SÍNTOMAS

Algunos síntomas de la presión alta incluyen dolores de cabeza, mareos y sangrado nasal, pero suelen presentarse sólo cuando el problema está avanzado.

En la mayoría de los casos, la hipertensión suele desarrollarse por años sin dar síntomas. Aun así, puede dañar los vasos sanguíneos y el corazón mientras no se detecta. De ahí la importancia de chequearla periódicamente y tomar medidas para controlarla cuando está alta.