Mis circunstancias
Nudo gordiano del fútbol
16 de marzo de 2016 (20:01 h.)
El reflejo de la crisis mundial que experimenta el fútbol alcanza a Cochabamba, otrora semillero del deporte boliviano, ahora venido a menos por factores que merecen más de un comentario y análisis.
Después de Enrique Happ, paradigma del trabajo que debería realizarse en las divisiones menores, Cochabamba soporta, como ningún otro departamento, la ausencia de un horizonte que le permita avizorar un futuro a la vanguardia.
Por si fuera poco, al perjuicio que significó la fundación de la Liga de Fútbol se suma la actual división, sin importar mucho quiénes tienen la razón, los más o los menos.
Este impasse en el fútbol cochabambino, originado entre otras cosas por un largo letargo evidente de una estructura debilitada, que cometió en su momento graves anomalías, solo para garantizar el voto para el candidato federativo oriental de turno, no encuentra una salida. Hay posiciones intransigentes de ambos bandos.
El tratamiento displicente del problema por parte de autoridades gubernamentales y de la Federación Boliviana de Fútbol —que, sin confrontar directamente, dividen su apoyo a favor de uno y de otro, de acuerdo a su propia lectura— no contribuye en nada a la solución del conflicto que perjudica a todos los interesados.
Mucho daño personal e institucional ha causado esta pugna, hasta llegar a demandas judiciales de uno y otro lado, ahondado diferencias y resentimientos, tornando irresoluble la grieta a corto plazo. Son posiciones antagónicas por hoy irreconciliables. Ninguno olvida ni perdona ni cede para avanzar e ir adelante.
Los clubes son los que sostienen una institución y eligen a sus directivos, ellos deberían modificar su cuestionado sistema de elección, considerando que los tiempos cambian y la norma sobre este punto, origen del atolladero, está anquilosada.
El paralelismo no es bueno. Aunque la institucionalidad no se respete como antes, debería considerarse el criterio mayoritario de los clubes en competición oficial.
En esencia, los que se ocupan del fútbol no son malas personas. Son los intereses ajenos los que provocaron un cisma que debe ser zanjado.
Es tan complicado el panorama actual que, al parecer, solo una acción moderadora y definitoria del Gobierno y la actual conducción del fútbol boliviano podría cortar este nudo gordiano que asfixia al balompié valluno.
Después de Enrique Happ, paradigma del trabajo que debería realizarse en las divisiones menores, Cochabamba soporta, como ningún otro departamento, la ausencia de un horizonte que le permita avizorar un futuro a la vanguardia.
Por si fuera poco, al perjuicio que significó la fundación de la Liga de Fútbol se suma la actual división, sin importar mucho quiénes tienen la razón, los más o los menos.
Este impasse en el fútbol cochabambino, originado entre otras cosas por un largo letargo evidente de una estructura debilitada, que cometió en su momento graves anomalías, solo para garantizar el voto para el candidato federativo oriental de turno, no encuentra una salida. Hay posiciones intransigentes de ambos bandos.
El tratamiento displicente del problema por parte de autoridades gubernamentales y de la Federación Boliviana de Fútbol —que, sin confrontar directamente, dividen su apoyo a favor de uno y de otro, de acuerdo a su propia lectura— no contribuye en nada a la solución del conflicto que perjudica a todos los interesados.
Mucho daño personal e institucional ha causado esta pugna, hasta llegar a demandas judiciales de uno y otro lado, ahondado diferencias y resentimientos, tornando irresoluble la grieta a corto plazo. Son posiciones antagónicas por hoy irreconciliables. Ninguno olvida ni perdona ni cede para avanzar e ir adelante.
Los clubes son los que sostienen una institución y eligen a sus directivos, ellos deberían modificar su cuestionado sistema de elección, considerando que los tiempos cambian y la norma sobre este punto, origen del atolladero, está anquilosada.
El paralelismo no es bueno. Aunque la institucionalidad no se respete como antes, debería considerarse el criterio mayoritario de los clubes en competición oficial.
En esencia, los que se ocupan del fútbol no son malas personas. Son los intereses ajenos los que provocaron un cisma que debe ser zanjado.
Es tan complicado el panorama actual que, al parecer, solo una acción moderadora y definitoria del Gobierno y la actual conducción del fútbol boliviano podría cortar este nudo gordiano que asfixia al balompié valluno.