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Julio Terrazas: “Cardenal del Pueblo”

Julio Terrazas: “Cardenal del Pueblo”
Al parecer, este insigne sacerdote y ciudadano ejemplar, pese a que está luchando arduamente por su vida, cuenta con pocas esperanzas de triunfar, con lo cual está más cerca del Señor a quien sirvió desde varias trincheras siempre al servicio de su pueblo, tanto en la palabra como en la acción. Tuve el privilegio de conocerlo y tener su amistad, pero lo más importante es que pude trabajar con él en algunas tareas en las que se buscó, sin escatimar ningún esfuerzo, la paz social, tratando de que los bolivianos pudiéramos alcanzar un Pacto Social, a objeto de superar nuestros obstáculos estructurales, que no son pocos y de encauzar la ruta social hacia un mayor desarrollo y bienestar colectivo, que no es tarea fácil, ni la obra de ningún iluminado, mucho menos producto de la audacia y la improvisación.

En su libro “Servidor de Todos”, tuve el privilegio de recibir una dedicatoria que deseo compartir con ustedes, ya que demuestra el grado de compromiso que me une a esta magnífica persona que podría irse en cualquier momento de nuestro lado, aunque quizás muy prematuramente, sobre todo a destiempo, cuando queda para la Iglesia una tarea de enormes proporciones que está siendo marcada por el papa Francisco, quien está señalando la ruta adecuada, más allá de lo estrictamente espiritual y cristiano.

Fue en el mes de julio de 2012, cuando lo visité con el propósito de invitarlo a que prologue el libro “Lecciones en Democracia”, que relata la actuación de la Iglesia como mediadora en medio de una época tan crítica como la que se vivió en los años 80, a fin de persuadir a los actores sociales y políticos que estaban radicalmente enfrentados a buscar un Pacto Social como un medio eficaz para conjurar esta crisis, para lo cual se contó con la predisposición favorable del Dr. Hernán Siles Zuazo, que en ese entonces era el Presidente de la República. Fue en esta oportunidad que el Cardenal, no solo aceptó mi sugerencia sino que me dedicó su libro con las siguientes líneas “Flavio: gracias por tu amistad y cercanía. Seguiremos unidos en el Señor. Dios te bendiga. Julio Cardenal. Terrazas, S.C. 20 VII 012”

Obviamente, se trata de un testimonio que me compromete, como ha comprometido a toda la sociedad boliviana con su actuación siempre transparente y tan dedicada a los más necesitados, pero con una visión no solo evangélica sino de conductor de un destino mejor para todos los bolivianos, defendiendo especialmente los principios democráticos y los derechos humanos, en cada una de sus homilías pronunciadas desde la Catedral de Santa Cruz en su calidad de Arzobispo y cabeza de la Iglesia católica.

Lo hizo siempre desde que fue sacerdote, pero particularmente cuando fue nombrado Obispo en 1978, en plena dictadura militar donde estaba en ejecución el famoso y nefasto Plan Cóndor. Sin embargo, a Monseñor Terrazas le tocó pronunciar la homilía en el sepelio del padre Luis Espinal, dirigiéndose a los autores, calificando su acción de inhumana y cobarde, con la advertencia de que esto no acallaría ni al pueblo ni a la Iglesia católica. Fue, sin duda, un permanente crítico del actual devenir histórico, dada su alta preparación evangélica que no le permite transacción alguna frente a la verdad y a los auténticos intereses del pueblo boliviano básicamente católico y creyente de la fe de su Iglesia, tantas veces desairada, aunque al presente no sea de su conveniencia.

Fue distinguido por la Facultad de Teología de Tréveris con el más alto grado académico universitario, concediéndole el título de Doctor Honoris Causa, naturalmente, en este caso, por su calidad académica y, como se dijo en esa oportunidad, “hoy doctoramos a una persona importante e impactante que durante la trayectoria de su vida demostró claramente, cómo en la teología cristiana se encuentran unidos anunciar y actuar, hilar y asociar”.

El Cardenal Terrazas, cuando fue Arzobispo de Oruro, acompañó a su Iglesia no solo en la tarea mediadora que jugó durante la crisis de los años 80, sino después cuando ya se había instalado el nuevo gobierno, que a través de su Decreto 21060, a la vez que pretendía conjurar la hiperinflación, que lo logró, quiso instaurar un modelo de libre mercado que no pudo desarrollarlo por diversos motivos. En efecto, durante uno de los muchos conflictos que dio lugar la política de estabilización, luego de una ardua negociación con la COB, el entoces Obispo Terrazas sufrió un desmayo, que me obligó llevarlo de urgencia a la clínica donde una vez atendido, nunca más pudo volver a la altura.

De este modo, solo volví a verlo en el 2003 cuando se vivió una crisis política y social de envergadura, luego de lo cual salió derrocado el gobierno Gonzalo Sánchez de Lozada. En esa oportunidad, luego de percibir los síntomas de un gran enfrentamiento fratricida, le sugerí al Cardenal una nueva convocatoria de la Iglesia católica para llegar a un Pacto Social, lo cual, luego de un breve proceso, accedió hacerlo con el mayor beneplácito y empeño.

En efecto, junto a los demás obispos, desarrollamos una ardua tarea de preparación, consultando a cada uno de los principales actores políticos y sociales del país, lo cuales, pese a su conformidad inicial, luego se hicieron nuevamente la burla de la Iglesia católica, por lo cual no se pudo llevar a cabo esta iniciativa, motivando nuevamente un frustración de una institución que siempre ha demostrado estar al lado de su pueblo y de la verdad, pese a las contingencias humanas de la cual no está exenta.

Mucho hay que contar sobre esta experiencia y habrá que hacerlo algún día señalando a quienes por un error de cálculo o simplemente por soberbia, impidieron este esfuerzo del Cardenal Julio Terrazas que no buscaba protagonismo personal sino que tenía el mejor deseo de servir a su Iglesia y a su pueblo convocándolo a una mesa de diálogo y concertación y no de enfrentamiento y odio, como se ve históricamente en el predicamento cotidiano, que divide a los bolivianos o, en última instancia, levanta murallas innecesarias cuando es imprescindible un mayor entendimiento y esfuerzo colectivo.

En esta oportunidad, la Iglesia católica tomó la palabra sobre diversos asuntos de interés general, sobre los cuales los partidos políticos y las organizaciones sociales tenían que pronunciarse y acordar con el fin de traducirlo luego en un nuevo proyecto de Constitución, considerada como la mayor instancia de concertación y acuerdo social, libre de presiones e intereses mezquinos.

Por todo, con el objeto de rendir un homenaje y aunque sea extemporáneo elevar una oración por su salud, deseo reproducir parte de su pensamiento que está plasmado en la contratapa de su libro y conocer de esta manera el espíritu de un hombre y amigo que por siempre hemos de recordar: “Traducir en vida las exigencias de la fe, vivirla con la Iglesia en comunidad, en comunidad abierta y servidora de todas las personas. Procurar que el cristianismo deje de ser solo palabra y se convierta en vida, en obras; Que allí donde falta agua, sea agua; donde faltan caminos, sea camino; donde falta educación, sea educación; donde falta libertad, sea libertad.