Agua: entre institucionalidad y politiquería

Bolivia está entre los 16 países con mayor disponibilidad de agua en el mundo, con una oferta de agua dulce estimada en 30.300 metros cúbicos por habitante al año. Sin embargo, su distribución espacial y temporal no es homogénea en el territorio nacional. Existen regiones con altas precipitaciones anuales y una mayor disponibilidad de agua, pero en casi la mitad del territorio nacional este recurso es escaso y existe un déficit hídrico. La situación normativa e institucional del agua es débil, incompleta y caduca. Su marco regulatorio obsoleto no ha permitido la formación de un sistema administrativo adecuado que contemple los múltiples usos sostenibles del recurso, y ha causado gran debilidad de la autoridad nacional y local de aguas.

Por otro lado, nuestras fuentes de agua, que son la lluvia y los deshielos, han sido cruelmente atacadas por la acción humana. Los desmontes de bosques naturales nos están pasando la factura. El descontrolado cultivo de coca está matando la tierra y secando los aires. Los incontrolables chaqueos de millones de hectáreas no solo aumentan el calor, sino que el hollín producto de las quemazones es arrastrado por el viento a las cordilleras andinas y se deposita ahí. El sol derrite los glaciares, pero el hollín depositado en sus faldas juega el rol de lupa que acelera del proceso de deshielo.

Para atender el tema del agua en las ciudades se requiere una empresa a la cabeza de un “zar del agua”, un Aquaman que concentre los poderes: políticos (con capacidad de convertir a las EPSAS en empresas), técnicos (con capacidad de conformar un equipo de especialistas y técnicos multidisciplinario) y económicos (que cuente con los recursos económicos para cumplir sus funciones). Actualmente, el PGE 2017 contempla solo el 0.4 por ciento de los recursos para recursos hídricos (24 millones de bolivianos).

Si no damos respuestas técnicas al tema del agua, vayámonos acostumbrando a las cisternas, las improvisaciones y shows políticos, y, con certeza, a olvidarnos de tener agua pura 24 horas al día. Es de idiotas el decirnos que estamos al 100 por 100 abastecidos con cisternas. Que los paceños hacemos mal uso del agua, que somos botarates, es cierto, pero que eso nos lo diga un ministro que, a lo largo de más de una decena de años, nos ha demostrado todo menos ahorro, mesura y buen uso de los recursos, suena a mofa. Con gabinetes políticos del agua seguiremos en la improvisación y en el negociado de las obras llave en mano. Para tener agua necesitamos un Aquaman y no un Capitán América.