Recuperar la vocación agrícola de la Llajta

La mayoría de los cochabambinos tenemos la certeza de que aquél calificativo de ser el “granero de Bolivia” ha quedado como una leyenda que pretendía expresar la capacidad de departamento productor del país en materia agropecuaria y que aprovisionaba con esa misma producción a otros departamentos del país.

El haber quedado relegado en su capacidad productiva durante tantos años y de manera sistemática, determinó al mismo tiempo una especie de conformismo entre los sectores tradicionales de producción y otros que se fueron incorporando durante los últimos años, pero que realizan sus esfuerzos de manera individual, casi en solitario, lo que como se puede evidenciar, representa un factor negativo, pues las faenas aisladas, siempre tardan mucho más en lograr resultados positivos, tanto para las iniciativas particulares, cuanto para los resultados globales a favor de la región.

Por esto mismo, resulta muy importante la determinación adoptada hace algunos días por diez sectores productivos de Cochabamba, que primero, admiten que actuar de forma individual ha debilitado la economía del departamento y segundo, anuncian su decisión de unir esfuerzos para recuperar el sitial de producción que un día tuvieron los valles cochabambinos.

Se trata de una visión que podría proyectar al departamento hacia nuevos rumbos productivos a partir, además, de recuperar la Cámara Agropecuaria de Cochabamba, conformada por los avicultores, lecheros, porcinocultores, floricultores, fruticultura, apícola, piscícola, productores pequeños de animales y de cultivos orgánicos. Como se puede entender, será un organismo que acogerá a diversos productores, incluyendo a los del trópico en bananos y otros rubros.

Lo importante de esta iniciativa puede entenderse a través de dos aspectos: primero, situarse en la realidad respecto a que los esfuerzos que se realizan hasta el momento y que en muchos casos son encomiables y con resultados positivos, no siempre pueden alcanzar proyecciones mayores, sino existe de por medio una organización o una institucionalidad, que los apoye. Es decir, que la organización corporativa a través de una Cámara aglutinadora permite mejores condiciones y oportunidades de trabajo. Y en esto, los ejemplos en otros departamentos, principalmente en Santa Cruz, como también en Tarija, expresan experiencias que son dignas de ser emuladas.

En segundo lugar, la importancia puede estar en crear políticas agropecuarias definidas, trazando planes para los próximos cinco o diez años y cuyos resultados de crecimiento permitirían un organismo fuerte junto con todas sus actividades de producción y con una capacidad para negociar viable con diferentes organismos de fomento gubernamental y otros particulares que permitan oportunidades novedosas.

Uno de los objetivos que se pretendería alcanzar, según las explicaciones de los productores, es recuperar el sitio productivo de Cochabamba, respecto al cuarto lugar que actualmente ocupa y frente a la amplitud, diversidad y centralidad de La Paz, el dinamismo emprendedor de Santa Cruz y la riqueza hidrocarburífera e impulso de industrias de Tarija.

Un solo ejemplo difundido por sus excelentes resultados es el de Santa Cruz, cuyo empresariado agropecuario y productivo ha logrado alcanzar metas significativas a partir de su organización institucional. Hay que hacer votos para la pronta reconstitución de la Cámara Agropecuaria de Cochabamba.