Corrupción en el deporte, una veta de investigación
29 de enero de 2016 (20:01 h.)
La corrupción ha clavado sus garras en instituciones públicas, pero también lo hizo en el deporte: lanzó manotazos en los cuadriláteros de boxeo, pisó los campos de fútbol y, recientemente, circularon denuncias en sentido de que estaba de visita en las canchas de tenis.
Seguramente a los protagonistas de esos hechos maliciosos, a los corruptos, no les pasó por la cabeza que algún día se iban a conocer en qué estaban metidos todos este tiempo.
Hace mucho que ya se sabía de las peleas de boxeo que se “arreglaban” antes de que se iniciara el combate.
Lo del fútbol es mucho más reciente. A mediados de 2015 fue descabezada la Federación Internacional del Fútbol Asociado (FIFA) porque sus principales cabecillas andaban por mal camino. La Fiscalía de Nueva York y el Departamento de Justicia encabezaron la investigación por casos de soborno, fraude y lavado de dinero.
Pero hay otro antecedente de 1980, cuando se conoció que en Italia casi una treintena de futbolistas profesionales estaban involucrados en acciones ilícitas vinculadas con apuestas.
Y le tocó el turno al tenis mundial. El pasado 18 de enero se reveló que la Unidad de Integridad del Tenis tiene a 16 jugadores profesionales bajo sospecha por supuestos acuerdos para amañar resultados.
La alarma sonó cuando se disputaba el partido entre el ruso Nikolai Davydenko y el argentino Martín Vasallo Argüello, en 2007. El sudamericano venció, aunque el favorito a mucha distancia era su rival que abandonó el juego con el argumento de que estaba lesionado. Ninguno de ellos fue sancionado, pero la investigación no se detuvo y fue tras la pista de una red de apostadores.
Por si fuera poco, el número uno del mundo, el serbio Novak Djokovic, reveló hace poco que en 2007 le ofrecieron 200.000 dólares para perder un partido.
En Bolivia también se cuecen habas. El escándalo de la FIFA, que involucró a otros dirigentes del fútbol mundial, sentó en el banquillo de los acusados a dirigentes de la Federación Boliviana de Fútbol, entre ellos el expresidente Carlos Chávez. La justicia los acusa de organización criminal, legitimación de ganancias ilícitas, uso indebido de influencias, beneficios en razón del cargo y delitos tributarios.
Las sospechas de que algo raro pasaba en la esfera dirigencial del fútbol era tema de comentario no solo de aficionados, sino también de dirigentes de equipos, aficionados y, por supuesto, de periodistas deportivos, pero solamente a nivel de opinión, sobre todo después de algún fracaso futbolero en competencias internacionales.
Otro ejemplo de malos manejos económicos se presentó hace unos años en el seno del Comité Olímpico Boliviano (COB), a denuncia interna.
¿Quiénes son los llamados a levantar las investigaciones? ¿Existen los mecanismos para que el Estado realice las pesquisas? ¿Deben hacerlo los periodistas deportivos u otros asignados a otras áreas de cobertura?
No es novedosa la incursión de instituciones dedicadas a las apuestas en internet que le han puesto el ojo a los campeonatos bolivianos. ¿Ese detalle no debería llevarnos a preguntar si eso es legal o no?
Más de un hincha se preguntará por qué su equipo, que necesita unos cuantos puntos para coronarse campeón, pierde justo en los partidos clave, además, con rivales que en los papeles no deberían ser difíciles de vencer. Claro, en estos casos viene bien aquello de que “en el fútbol no hay lógica”.
En todo caso, pareciera urgente que los periodistas deportivos inicien investigaciones en este campo que contadas veces ha sido objeto de pesquisas. Entonces se tendría respuestas a muchas dudas vinculadas con el manejo, por ejemplo, del dinero.
Seguramente a los protagonistas de esos hechos maliciosos, a los corruptos, no les pasó por la cabeza que algún día se iban a conocer en qué estaban metidos todos este tiempo.
Hace mucho que ya se sabía de las peleas de boxeo que se “arreglaban” antes de que se iniciara el combate.
Lo del fútbol es mucho más reciente. A mediados de 2015 fue descabezada la Federación Internacional del Fútbol Asociado (FIFA) porque sus principales cabecillas andaban por mal camino. La Fiscalía de Nueva York y el Departamento de Justicia encabezaron la investigación por casos de soborno, fraude y lavado de dinero.
Pero hay otro antecedente de 1980, cuando se conoció que en Italia casi una treintena de futbolistas profesionales estaban involucrados en acciones ilícitas vinculadas con apuestas.
Y le tocó el turno al tenis mundial. El pasado 18 de enero se reveló que la Unidad de Integridad del Tenis tiene a 16 jugadores profesionales bajo sospecha por supuestos acuerdos para amañar resultados.
La alarma sonó cuando se disputaba el partido entre el ruso Nikolai Davydenko y el argentino Martín Vasallo Argüello, en 2007. El sudamericano venció, aunque el favorito a mucha distancia era su rival que abandonó el juego con el argumento de que estaba lesionado. Ninguno de ellos fue sancionado, pero la investigación no se detuvo y fue tras la pista de una red de apostadores.
Por si fuera poco, el número uno del mundo, el serbio Novak Djokovic, reveló hace poco que en 2007 le ofrecieron 200.000 dólares para perder un partido.
En Bolivia también se cuecen habas. El escándalo de la FIFA, que involucró a otros dirigentes del fútbol mundial, sentó en el banquillo de los acusados a dirigentes de la Federación Boliviana de Fútbol, entre ellos el expresidente Carlos Chávez. La justicia los acusa de organización criminal, legitimación de ganancias ilícitas, uso indebido de influencias, beneficios en razón del cargo y delitos tributarios.
Las sospechas de que algo raro pasaba en la esfera dirigencial del fútbol era tema de comentario no solo de aficionados, sino también de dirigentes de equipos, aficionados y, por supuesto, de periodistas deportivos, pero solamente a nivel de opinión, sobre todo después de algún fracaso futbolero en competencias internacionales.
Otro ejemplo de malos manejos económicos se presentó hace unos años en el seno del Comité Olímpico Boliviano (COB), a denuncia interna.
¿Quiénes son los llamados a levantar las investigaciones? ¿Existen los mecanismos para que el Estado realice las pesquisas? ¿Deben hacerlo los periodistas deportivos u otros asignados a otras áreas de cobertura?
No es novedosa la incursión de instituciones dedicadas a las apuestas en internet que le han puesto el ojo a los campeonatos bolivianos. ¿Ese detalle no debería llevarnos a preguntar si eso es legal o no?
Más de un hincha se preguntará por qué su equipo, que necesita unos cuantos puntos para coronarse campeón, pierde justo en los partidos clave, además, con rivales que en los papeles no deberían ser difíciles de vencer. Claro, en estos casos viene bien aquello de que “en el fútbol no hay lógica”.
En todo caso, pareciera urgente que los periodistas deportivos inicien investigaciones en este campo que contadas veces ha sido objeto de pesquisas. Entonces se tendría respuestas a muchas dudas vinculadas con el manejo, por ejemplo, del dinero.