La mirada fotográfica de Luis Bazoberry



Otro destacado fotógrafo fue Luis Bazoberry, nacido en 1902. No sabemos de qué manera se introdujo a la fotografía. Para la década de 1920 y 1930 poseía dos estudios llamados “Foto Bazoberry”: uno en la ciudad de Cochabamba, en la calle Argentina, y otro, en la ciudad de La Paz, en la calle Yanacocha 95 (Buck 1999), siendo uno de los fotógrafos comerciales preferidos por la elite de ambas ciudades. Al estallar la contienda del Chaco (1932), Bazoberry se enroló al ejército como jefe de la Sección de Aerofotogrametría debido a sus conocimientos sobre fotografía y sobre todo al proceso químico (revelado, ampliación, etc.). Esta presencia en el frente de batalla hizo que despliegue su oficio de fotógrafo en dos ámbitos: (1) como fotógrafo de guerra, registrando el drama del conflicto bélico (humano, ecológico) y (2) como encargado de toma e interpretación de las fotos aéreas de la zona de conflicto. Ambas actividades permitieron a Bazoberry una mirada doble: el de la micro-espacialidad ligada a captar lo real del momento y que destaca en sus fotos de primeros planos y planos generales; y el de la macro-espacialidad geográfica, de todo el espacio del Chaco. En este segundo ámbito, el del trabajo aerofotográfico especializado puede sugerirse que gran parte de las fotografías aéreas de esta guerra deban atribuírsele -por lo menos en su preparación y en su procesamiento- y cuyos registros es posible se hallen en los archivos del ejército boliviano.

De ahí que dos niveles pueden desprenderse de su trabajo fotográfico: por una parte, aquellas fotografías que se ubican en el periodo 1932-1935 -tanto como fotógrafo de guerra como fotogrametrista- y, por otra parte, aquellas fotografías vinculadas al nivel comercial -antes de 1932 y posterior a 1935-. En el primer caso, Bazoberry registró escenas en las que aparecen tropas en plena batalla (destacada es la foto con un soldado, posiblemente paraguayo, que se entrega con las manos en alto, mientras soldados bolivianos le apuntan), campamentos con soldados descansando, escribiendo cartas o recortándose el pelo. Soldados muertos tirados en el piso, otros posando, o durmiendo sobre las hamacas. Camiones cargados de ametralladoras y aviones en pleno vuelo e, incluso, el presidente Salamanca visitando el Chaco. En el segundo caso, las fotografías comerciales se hallan dispersas debido a que no existió ningún mecanismo para su resguardo. De este ámbito se hallan escasas colecciones particulares.

Sabemos que Bazoberry llevó a la zona de guerra una pequeña cámara filmadora, registrando con ella escénas bélicas. Aunque el terrible clima chaqueño destruyó una parte importante del material, una vez terminado el conflicto viajó con sus cintas a Barcelona para poder editar una película documental que diera cuenta de este enfrentamiento armado. Contactado con un estudio, montó la película a la que agrega imágenes de fotografías fijas y una banda sonora, logrando estructurar en 1953 una versión definitiva de su cinta y en la cual pueden apreciarse secuencias que testimonian la firma del armisticio y confraternización de las tropas en las trincheras luego del alto el fuego. La película, a la que llamó “Infierno verde” -conocida también como “La Guerra del Chaco” (documental, año de producción 1934-1938), a pesar de ser reconocida dentro de la historia del cine latinoamericano, fue circunstancial ya que no se conoce que hubiera hecho algún otro intento por producir cine. Aunque la película no tuvo éxito en la exhibición, ni aquí ni en otros países vecinos, el trabajo final de este film es un testimonio vivo de la sensibilidad artística de Bazoberry (www.conacine.net).

Concluida la Guerra del Chaco trabajó por un tiempo corto en el ejército para luego retirarse y volver a abrir sus estudios en los que ofrecerá no solo servicios de retrato, también de revelado así como la venta de cámaras y películas.

*Fragmento del libro “Miradas. Ensayo sobre fotógrafos, fotografías y mentalidades en Bolivia”, de Walter Sánchez (Gente Común, 2009).