Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 25 de mayo de 2024
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Amistosos para envidiar

Amistosos para envidiar

Miro con envidia los resúmenes de los primeros amistosos estelares por la fecha FIFA. Envidia por el golazo de volea con el que Colombia le ganó a España (0-1), tras un desborde diabólico de Luis Díaz y un remate proverbial de Daniel Muñoz. Envidia por la precipitación furiosa que llevó a Alemania a ganarle a Francia (0-2) en su casa desde los 7 segundos del primer tiempo. Envidia por la elegancia exhibida por los nuevos talentos chilenos que, en el primer encuentro de Gareca como entrenador, consumaron una victoria solvente sobre Albania (0-3). Envidia por el vértigo con el que Endrick hizo su primer gol con Brasil en el triunfo sobre Inglaterra en Wembley (0-1), en el debut desde el banquillo de Dorival Júnior.

Podría seguir compartiendo muestras de envidia futbolera, pero no quiero deprimirme tan pronto. Antes bien, voy a cobijarme en el otro extremo de la envidia: la previsible bronca por la previsible derrota de la previsible Bolivia del previsible Zago ante la menos previsible Argelia. La Verde cayó 3-2 en su primer amistoso de la fecha FIFA, jugado el viernes en el estadio Nelson Mandela de Argel. Hizo un primer tiempo lamentable, agravado, eso sí, por la desidia de los locales. Viscarra fue el único realmente destacado del onceno titular en la primera parte. Salvó goles cantados y no pudo hacer nada para evitar el tanto de ventaja con el que los norteafricanos se fueron al entretiempo.

Los segundos 45 minutos arrancaron con otro ritmo, que fue sorpresivamente favorable a los bolivianos. Un despeje de cabeza del vapuleado Jusino llegó, pifia defensiva de por medio, a Algarañaz, quien definió con categoría al ángulo derecho del portero argelino. Los dirigidos por Petkovic reaccionaron con más desesperación que planes. Su desorden fue bien aprovechado por los visitantes, que estuvieron más de una vez a punto de ponerse arriba en el marcador, hasta que una pelota parada, colocada con precisión por Vaca, llegó a la cabeza de Reinoso y, tras el rebote del arquero, a la de Sagredo para meterse al arco.

Lo impensable estaba ocurriendo: Bolivia le ganaba a un equipo, en los papeles, muy superior. Y más impensable aún, ganaba merecidamente. Sin embargo, ya sabemos que las conquistas futboleras nacionales duran menos que el adhesivo del Censo en las puertas de casa. La presión argelina sacó petróleo del desorden boliviano en su área. Una mala resolución de Haquín ante un desborde rival y una chapucera salida aérea de Viscarra facilitaron la remontada de los paisanos de Camus.   

Los 20 minutos de ilusión se desmoronaron en menos de 15. Como suele ocurrirnos con una frecuencia que nunca terminamos de asimilar, nuestros “troncos” volvieron a decepcionarnos. Puede que hubiera algunos indicios de mejora, peregrinas ideas de juego, pero nada que alcance para esperanzarse. Lo único cierto es que volvimos a perder. Este lunes volvemos a jugar, esta vez ante un equipo teóricamente menor, Andorra. ¿Será que nuestros jugadores son capaces de regalarnos algo más que nuevas razones para envidiar a los otros?

DIOS ES REDONDO

SANTIAGO ESPINOZA A.

Periodista

@EspinozaSanti