Yerro municipal sobre industrias culturales
Sorprende que la propuesta de creación de una aplicación informática sea uno de los (aparentes) logros de la última gestión de la Casa de la Cultura de Cochabamba. Sabemos que proyectos como este ya fueron propuestos en la gestión de Ninoska Lazarte, siendo descalificados por la Dirección de Sistemas de la Alcaldía, a quienes se hizo la consulta respectiva. Sin embargo, mandos superiores rechazaron el proyecto porque no era su prioridad, y no lo era porque (los de Sistemas) no lo podían realizar. Cosa que finalmente no se hizo hasta la fecha.
Este contexto expuesto es necesario para poder abrir el debate respecto a cómo el municipio afronta los retos de este periodo de convergencia tecnológica y creciente cultura digital. Por ejemplo ¿cómo avalaría la Casa de la Cultura, proyectos como la creación de una app, o el diseño de un videojuego para móviles, siendo actividades productivas dentro las industrias culturales? Preguntémonos qué tipo de especificaciones técnicas o requerimientos burocráticos serían necesarios para intervenir proyectos de este tipo. ¿Una aplicación se trataría de un servicio técnico (en el que no implicaría mayor integración de artes) o —desde otro enfoque— de un servicio artístico?
Un “trabajo creativo” es, dentro de las industrias culturales, un eslabón importante para los procesos de organización productiva que elabora productos inmateriales con valor económico y simbólico. Dentro de la industria de los videojuegos, por ejemplo, existe una tendencia global a involucrarse más en el espectro de los audiovisuales que en el de la informática, según la academia. Esto supone que la valoración de los proyectos no puede reducirse solo a lo técnico. Además, el desarrollo de esta industria es una cuestión interdisciplinaria y la creatividad un elemento diferenciador dentro el campo de la producción cultural; más si hablamos de productos simbólicos que son difundidos por medios tecnológicos.
Este panorama nos hace pensar sobre el serio reduccionismo que se tiene desde la entidad municipal que se encuentra en el abismo estático de sus proyecciones y estrechos conceptos sobre cultura, simplificándolos al economicismo propagado por la Organización Mundial del Comercio y la Unión Europea, bajo el rótulo de “industrias creativas” en detrimento del bienestar sociocultural que implican.