Unidad sin imposición, que el pueblo decida
Faltan 94 días para las elecciones de agosto y nuevamente se intenta instalar el discurso del “candidato único” de la oposición. La idea suena sensata, incluso deseable, pero en la práctica resulta irrealizable. Con tantos aspirantes no oficialistas y al menos uno o dos del masismo, pensar en una sola candidatura es ignorar la diversidad, los intereses y, sobre todo, la desconfianza mutua entre los actores políticos.
Los hechos muestran que al menos tres presidenciables de la oposición cuentan con cierta fuerza territorial, estructura y respaldo ciudadano. Son quienes realmente tienen posibilidad de disputarle el poder al masismo, que además jugará con ventaja: tiene el aparato estatal, controla organismos clave y es capaz de forzar un resultado mediante el fraude, como ya teme buena parte de la ciudadanía.
Por eso, más que esperar inútilmente un “candidato único” por consenso entre cúpulas, lo ideal —y lo verdaderamente democrático— es que el pueblo decida entre los principales. Ya sea a través de encuestas serias, una elección primaria ciudadana o un mecanismo participativo y transparente. Que no elijan los políticos, sino la gente.
Frente a un oficialismo abusivo —fragmentado o unido— pero con poder de manipulación, no se puede seguir apostando a candidaturas testimoniales. Pero tampoco se debe caer en la ilusión de una unidad obligada que no representa a nadie.
La clave está en ofrecer una opción real, legitimada y fuerte. Que no surja del cálculo, sino del voto popular.
Lo estratégico y democrático es que la decisión venga del pueblo, tras un debate público entre los tres principales presidenciables. No se trata de imponer, sino de competir. El tiempo es corto, pero no está perdido. No habrá candidato único por milagro ni por decreto. La auténtica unidad pasa por reconocer a los tres más viables y permitir que la gente elija.
Solo así habrá una opción con posibilidad real de ganar… y de defender el voto ante cualquier intento de fraude.
Se necesita una candidatura fuerte, respaldada y nacida de abajo, que inspire esperanza, que tenga certificación de trabajo y que convoque a los mejores profesionales bolivianos en cada campo, para reconstruir la institucionalidad destrozada, por el masismo depredador.
MOISÉS REVOLLO
Periodista deportivo
moisesrevollo@yahoo.es