La suerte de volver a casa: Reflexiones sobre el acoso callejero
Comparto estas palabras del muro de Serena Libertad Bellot Fernández, una joven que pone voz a lo que miles enfrentan a diario. Les invito a leerla no con indiferencia, sino con la rabia necesaria para entender que esto no es una anécdota aislada, sino un ejemplo vivo de la violencia estructural que nuestras jóvenes deben navegar cada vez que cruzan la puerta de su casa.
Hola, necesito que lean esto con rabia, gracias.
No es “un mal rato”. No es exageración. No es “normal”, aunque pase todos los días.
Hoy me tocó atravesar dos situaciones desagradables en menos de una hora. Me dieron asco y rabia, y por eso escribo. Porque una se harta de sentirse incómoda o en peligro en espacios públicos
Hay que tener suerte para subir al transporte y que nadie intente tocarte, invadirte o forzarte una conversación
Hay que tener suerte para caminar por la calle sin que te griten, te rocen o te metan mano.
Hay que tener suerte para volver tranquila a casa.
Vivimos cuidándonos en la calle, en el mercado, en el transporte, en cualquier lugar donde haya gente. Con el cuerpo tenso, mirando a los lados, calculando rutas, horarios y espacios
Y todavía hay quienes se burlan o miran a otro lado
Por eso marchamos.
Por eso gritamos.
Por eso molestamos.
Y a semanas del 8 de marzo, les quiero recordar algo:
Vamos a seguir ocupando las calles.
Las mismas calles donde nos arrinconan, nos gritan vulgaridades y nos tocan.
Porque el asco que sentí es nada comparado con lo que tantas mujeres viven todos los días.
Pero vamos a seguir saliendo.
Vamos a seguir yendo a estudiar de noche.
Vamos a seguir yendo a trabajar lejos.
Vamos a seguir moviéndonos, existiendo, viviendo.
Hasta que todas podamos volver a casa sin miedo. Hasta que vivir tranquilas no sea un privilegio, sino un derecho.
La calle también es nuestra.
Y no, no nos vamos a ir.
Para una joven hoy en día, salir a la calle no es un acto simple de desplazamiento, sino una negociación constante con el miedo. Lo que Serena describe es un estado de alerta permanente que transforma el espacio público en un entorno hostil.
Salir a la calle para una mujer joven es vivir en una paradoja: sentir la fragilidad de ser acechada, pero mantener la firmeza de no dejarse expulsar del mundo. Es la esperanza de que, algún día, caminar libre no sea un acto de valentía, sino un derecho natural.
LA COLUMNA DE JINKY
JINKY IRUSTA ULLOA
Abogada. Directora de la Oficina Jurídica para la Mujer y la Fundación Kallpa
jinky.irusta@gmail.com