Navidad en el espacio público, entre brillos y contrastes
Para investigadores como Jordi Borja, urbanista catalán referente en estudios sobre ciudad y ciudadanía, y Fernando Carrión, investigador ecuatoriano especializado en espacio público y políticas urbanas en América Latina, la calle no es un simple fondo donde “pasan cosas”, sino el lugar donde una sociedad se reconoce y también se discute a sí misma. En fechas como la Navidad esta idea se vuelve más visible. Las plazas, avenidas y paseos se llenan de luces, música, ofertas y símbolos religiosos; la ciudad se convierte a la vez en templo, mercado y sala de estar compartida. Se compra, se camina, se reza, se conversa, se hacen fotos. Siguiendo la mirada de Carrión, estas escenas muestran que el espacio público es, al mismo tiempo, un derecho a encontrarse y una mercancía producida y decorada, donde la atmósfera “navideña” organiza los recorridos, fija reglas implícitas y define quién puede apropiarse del lugar y quién queda en los márgenes.
En Cochabamba, esa transformación se siente con fuerza. En la zona sur, la avenida Suecia cambia de ritmo cuando llegan las fiestas, emergen actividades religiosas, lúdicas y también comerciales; familias de los barrios cercanos ocupan la calle hasta tarde, y la avenida se vuelve un corredor festivo que no se da de la misma manera el resto del año. El cerro San Pedro, con el Cristo y el mirador, se ilumina y se convierte en mezcla de peregrinación, mirador turístico y punto de encuentro juvenil, donde la devoción convive con las selfies y los comerciantes ambulantes. El Prado cochabambino refuerza su papel de vitrina urbana con estructuras luminosas, adornos y actividades organizadas por el Municipio. Lo valioso de estas intervenciones es que habilitan espacios de paseo nocturno, fortalecen la sensación de “salir en familia” y generan oportunidades económicas para comerciantes formales e informales. Pero también traen costos: tráfico más denso, ruido constante, basura acumulada, presión sobre los pequeños vendedores y una tendencia a la “Navidad espectáculo”, centrada en el consumo rápido y la imagen, más que en el encuentro tranquilo y la conversación entre generaciones.
Con un sentido crítico, mirar la acción institucional de adornar el espacio público en Navidad, puede generar sensaciones positivas que sumen y negativas que resten imagen, ya que cuando se conectan las luces y los adornos con un criterio de limpieza, seguridad e inclusión territorial, los ciudadanos lo perciben como un signo de cuidado integral para con la ciudad. Al contrario, si la intervención se limita a un decorado de centros reconocidos socialmente, dejando de lado mantenimiento y presencia institucional en otros sectores, la buena intención parece un montaje efímero. En ese caso, la iluminación deja al descubierto una desigualdad: se refuerza la idea de que hay una Cochabamba “mostrable” y otra que permanece en penumbra, aunque viva las mismas fiestas con menos recursos y menos atención institucional.
CULTURA, ZOOCIUDAD Y TERRITORIO
JAIME ALZÉRRECA PÉREZ
Docente investigador IIACH- UMSS
japalpal@gmail.com