Literatura machista
Si se examina con cierto detenimiento en un diccionario, sea conceptual, enciclopédico, histórico o filosófico, se encontrará la definición de hombre como proveniente del latín homo que significa “nacido de la tierra”; esto conduce a la esencia del hombre: ser formado con tierra, de una parte, como todas las cosas terrestres, se eleva, de otra, por encima de ellas, introduciéndose en un mundo superior.
El vocablo alemán Mensch está relacionado con Mann: varón y también con la connotación Mahnen: advertir, exhortar; Mensch significa ser pensante. Una investigación auténtica desvela de continuo su grandeza incomparable, según el inmortal canto del coro de la Antígona de Sófocles: “Muchas cosas grandiosas viven, pero nada aventaja al hombre en su majestad”.
Una múltiple estratificación caracteriza la naturaleza humana, es decir, al hombre en su ser y obrar. Al hombre se le adjudica, por su ser corpóreo y otros elementos de dominio inorgánico al materialismo corpóreo, que equivoca la raíz de aquel, empero, no se explica únicamente por la vida corporal, por la misma razón que el despliegue de esta ha de tener a su servicio todo lo demás, tal primacía de la vida sería el materialismo biológico.
Hasta este punto se ha analizado al hombre, según los textos, como miembro de la naturaleza, pero más que naturaleza le corresponde la vida espiritual independiente de lo corpóreo. Todas estas descripciones ilustrativas que están a disposición de la inquietud intelectual en diferentes tomos y especialidades fueron escritas con la inequívoca impronta del machismo pues en ningún espacio aparece la mujer, cuya incidencia es decisiva en el mundo como el ser más importante de la creación.
Es fácil identificar en la mayoría de los libros históricos, textos académicos como literarios, que solo se cita al hombre como núcleo central representando a toda la humanidad, cuando debería escribirse la mujer y el hombre o las mujeres y los hombres.
Estas actitudes son simplonamente aceptadas por la sociedad y el mundo de las letras, desvelando la intención, como presunto objetivo, de mantener la prevalencia del hombre en todos los órdenes y, para ello, se utilizan eufemismos semánticos atribuyendo la literatura universal al hombre, olvidando que innumerables ideas, inventos e igual número de obras escritas han sido transmitidas a los hombres por mujeres sin pago de derechos de autor.
Los textos en su generalidad infieren que la polaridad sexual no está en el hombre menos informada que lo espiritual que los restantes ámbitos. El sexo es, ante todo, algo biológico; varón y mujer guardan entre sí mutua correspondencia como ser fecundante y receptor respectivamente.
Observe la lectora y el lector desembarazado de sentimientos de superioridad con la mujer, cómo se describe mecánicamente la procreación y como corolario potente se extrae que sin el torrente emocional, la ternura y la solidaridad en el acto por parte de la mujer, este sí sería un evento mecánico.
La igualdad entre mujeres y hombres es fundamental e incontestable para un mundo de expectativas de progreso inesperadas y significa una genuina realización para todo hombre despercudirse de una presunta superioridad y dominio, entonces, se debe imperativamente comenzar con la literatura para que toda frase, todo párrafo, página y libro que se escriba siempre cuando se cite a la humanidad aparezca “mujeres y hombres hicieron, realizaron, lograron, escribieron, dirigieron etc…”.
FORO
RAÚL PINO-ICHAZO T.
Abogado, posgrados en Derecho Aeronáutico, Arbitraje y Conciliación; Filosofía y Política
lawfirm_46@hotmail.com