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  • Diario Digital | jueves, 04 de junio de 2026
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Lenguaje, amistad y felicidad

Lenguaje, amistad y felicidad

Daniel Cassany afirma que el lenguaje no es solo una mera capacidad del individuo; más bien, por ella participamos de la herencia que nos humaniza. En la historia del pensamiento esto nos remite al “zoon logon ekhon” (Aristóteles). Por su parte, Yuval Noah Harari nos hablará de los sistemas de cooperación como consecuencia de nuestra capacidad de crear ficción.

Las visiones del lenguaje centradas en el individuo se concentran en dos: para el estructuralismo lingüístico, el lenguaje es una estructura cerrada, autónoma de dependencias internas entre los propios signos; mientras que para el neopositivismo el lenguaje se ve reducido a su función apofántica y descriptiva en aras de uno “más preciso, más unívoco, en una palabra más técnico, más apto a esas formalizaciones integrales que llamamos lógica simbólica”.

Derrida entiende que estas posturas son pobres. Él, más bien, rescata aquellas formas olvidadas y que despiertan malos entendidos en el texto: metáforas, símbolos, u otro tipo de recursos lingüísticos y literarios para demostrar que “el significado del texto no es justamente el que se está proponiendo, sino otro”.

Es importante comprender que a pesar de nuestra individualidad, nuestras vidas no están aisladas, sino enredadas con las de los otros como lo sostiene Ricoeur: “las historias vividas de unos se imbrican en las historias de la vida de los otros, de mis padres, de mis amigos, de mis compañeros de trabajo y de ocio”.

Al recibir tales relatos como parte de nuestra historia efectiva, dichas narraciones se constituyen en elementos de nuestra identidad (dinámica). El pueblo expresa en “sus relatos” su identidad y esos (relatos), a su vez, refiguran la identidad. De esta manera se configura lo que se conoce como “identidad narrativa” (Paul Ricoeur en Tiempo y Narración y luego en Sí mismo como otro).

En fin, gracias al lenguaje habitamos el mundo, heredamos tradiciones, aprendemos a vivir juntos, buscamos una vida realizada, formamos nuestro carácter, establecemos amistad. Todo esto es más que codificar y decodificar. Ya por algo Aristóteles decía que “es absurdo hacer al hombre dichoso solitario, porque nadie querría poseer todas las cosas a condición de estar solo. Por tanto, el hombre feliz necesita amigos”.