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  • Diario Digital | miércoles, 03 de junio de 2026
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¿Hinchas o remedos de criminales?

¿Hinchas o remedos de criminales?

Que la cultura futbolera boliviana es, en buena medida, una copia de la argentina, es una verdad que cualquier aficionado a la pelota en este país sabe o intuye, por más que no la admita en voz alta. Hay clubes que copian sin disimulo sus indumentarias (Always Ready y Nacional Potosí de River Plate, por ejemplo). En medios televisivos, radiales y digitales, abundan periodistas deportivos que fingen el atrabiliario acento gaucho (jergas y excesos incluidos) para relatar y comentar partidos. Las hinchadas adaptan los cánticos de las barras bravas del país vecino al folclore particular de cada equipo boliviano.

Fácil sería burlarse de esta tendencia a la apropiación de la cultura futbolera argentina. Menos fácil sería intentar descubrir el origen de los pastiches, que, muy probablemente, se hallan en la globalización del consumo del fútbol, la histórica tradición migrante de Bolivia a Argentina, la presencia significativa de futbolistas argentinos en el balompié boliviano (nacionalizados incluidos) y la necesidad de asirse a una tradición futbolística con más glorias que la nuestra.

No me interesa juzgar esta cultura de la imitación, de la que, desde luego, yo mismo soy parte (sigo y admiro a muchos futbolistas argentinos de ayer y hoy). Tampoco voy a complicarme improvisando alguna explicación sociológica sobre las bases y alcances de este fenómeno. Si algo me inquieta del asunto es la peligrosa asimilación de los comportamientos más nocivos del folclore futbolero argentino y, en particular, de la violencia que infesta a ciertas hinchadas.

Si por algo son tristemente célebres las aficiones argentinas, es por la estructural violencia de sus barras bravas, que suma muertos por doquier y ha llevado al extremo de impedir partidos con hinchadas rivales en los estadios. No es que en Bolivia estemos a ese nivel de virulencia, pero sí hay ejemplos de prácticas más próximas a la criminalidad que al fanatismo. La más reciente es la amenaza que, hace unos días, publicó en redes sociales un grupo de seguidores de Aurora hacia los periodistas que asistirían a una conferencia de prensa convocada por la dirigencia del club para hablar del caso Montaño. En su “comunicado” llegaron a advertir con echar a los reporteros que faltaran al “respeto” al Equipo de Pueblo, formularan preguntas no “objetivas” o hicieran comentarios “malintencionados”.

Vaya uno a saber qué entienden esos “hinchas” por “respeto”, “objetividad” o “malintencionado”. Lo que sí sabemos es que, a la postre, la conferencia de marras se cerró sin espacio para preguntas, acaso por el miedo de la dirigencia aurorista a la reacción de sus barrabravas. Lo que sí sabemos es que las amenazas contra la libertad de prensa son más propias de las mafias organizadas que de los fanáticos del deporte. Lo que sí sabemos es que, si tanto admiran a los argentinos, sería más saludable que las hinchadas bolivianas sigan plagiando sus canciones para corear a las tribunas en vez de transformarse en un patético remedo de los delincuentes que siembran terror en sus estadios. 

DIOS ES REDONDO

SANTIAGO ESPINOZA A.

Periodista

@EspinozaSanti