Grupos armados y complicidad de pobladores
Aunque parezca inaudito, una comitiva de fiscales y policías tuvo que huir de la localidad de San Julián (Santa Cruz) cuando realizaba un operativo para aprehender a uno de los acusados de secuestro y tortura en el caso Las Londras, como si en esa región se impusiera la ley del más fuerte.
Un fiscal que fue parte del operativo señaló que cuando se pretendía aprehender a un segundo implicado, después de Ever Canaza, la comisión fue hostigada de manera violenta, con persecución en vehículos y disparos de armas, además de la complicidad de parte de la población de San Julián.
La persona que fugó intentó atropellar a uno de los fiscales, chocó contra una camioneta de la Policía y logró huir haciendo uso de armas de fuego.
El diario El Deber de Santa Cruz reportó que un coronel de la Policía fue tomado como rehén con la intención de ser intercambiado con el primer aprehendido. Sin embargo, esta situación fue negada por el Gobierno.
Que la Policía tenga que salir huyendo de algún sector del territorio nacional implica que se enfrenta a grupos delincuenciales fuertemente armados, que son, como denuncian en Santa Cruz, grupos irregulares que buscan “sembrar” el miedo en la población para perpetrar delitos.
En su cuenta de Twitter, el expresidente Jorge Quiroga advirtió, al referirse a estos grupos armados, que son “un germen peligroso de guerrilla armada con control territorial”.
Sin ir muy lejos, es importante recordar los sangrientos atentados terroristas que cometieron los integrantes de Sendero Luminoso, en Perú, en los años 80, que segó la vida de cientos de peruanos, dejando a miles con secuelas físicas permanentes.
Bolivia está, obviamente, muy lejos de entrar en esa vorágine de violencia extrema que vivió Perú, pero no se puede permitir el accionar de grupos armados que avasallan tierras, secuestran y torturan a personas y que, encima, atacan con armas de fuego a la Policía, la institución que tiene la misión de conservar el orden público y defender a la sociedad, entre otros deberes.
Si los delincuentes armados logran que policías entrenados para enfrentar situaciones extremas huyan, ¿cómo pueden defenderse los ciudadanos que son atacados en forma violenta por los criminales que irrumpen en propiedades privadas disparando a diestra y siniestra, secuestrando y torturando a quien se le ponga enfrente?
Es imperioso que las fuerzas de seguridad del país, en este caso en primera instancia la Policía Boliviana, pongan orden en el territorio nacional e impidan el surgimiento de cualquier grupo irregular que utilice las armas para cometer delitos. Si no se actúa con premura y contundencia, el germen de la violencia puede cundir como un reguero de pólvora y los delincuentes tendrán el camino allanado para continuar con su política del terror. Eso es algo que se debe cortar de raíz, hoy.