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  • Diario Digital | miércoles, 03 de junio de 2026
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Corso de Corsos: fiesta mayor, ciudad al límite

Corso de Corsos: fiesta mayor, ciudad al límite

Cochabamba vive el Corso de Corsos como una toma festiva del espacio público, por unas horas, la ciudad se vuelve escenario; la calle se llena de música, trajes bordados, máscaras, espuma y una alegría colectiva que surge con la motivación de la algarabía de la música y los coloridos bailes; allí se juega el empoderamiento social de miles de personas que se reconocen en la danza, se organizan en fraternidades, sostienen memorias familiares y hacen del desfile una afirmación de pertenencia, es cultura en movimiento y también economía real; comerciantes, artesanos, bordadores, músicos, transportistas, fotógrafos, vendedores de comida y familias enteras encuentran una temporada de ingresos.

El problema aparece cuando la celebración se instala en el centro como si fuera el único lugar posible; la ciudad colapsa, se interrumpe la movilidad, se fragmentan recorridos cotidianos y sobre todo se vuelve crítica la atención de emergencias. Para quienes disfrutan el corso, el cierre de vías es parte del ritual; para una ambulancia, un incendio o una urgencia médica, es un laberinto que cuesta minutos y a veces vidas.

A ello se suma lo improvisado del montaje, cada año se levantan galerías y graderías desmontables, muchas veces sin condiciones verificables de seguridad: anclajes precarios, cables expuestos, sobrepoblación y rutas de evacuación insuficientes, en ese armado rápido también se dañan áreas verdes, se compacta el suelo, se rompe vegetación y el espacio público queda con heridas que tardan más que la fiesta en sanar. Además de un latente déficit básico que se repite, la ausencia de baños suficientes, que empuja a soluciones informales afectando la higiene y tornando más frágil la experiencia colectiva.

Como recordaba Henri Lefebvre (filósofo francés, consagrado a la sociología y la geografía social), el “derecho a la ciudad” es también derecho a habitarla con dignidad: celebrar, sí, pero sin sacrificar seguridad, salud y accesibilidad; urge un espacio metropolitano para el Corso de Corsos, un recinto abierto y accesible, bien conectado, con transporte público reforzado, corredores de emergencia continuos, servicios higiénicos, manejo de residuos, control de accesos y protección ambiental; no para encerrar la fiesta, sino para cuidarla: que la tradición crezca con orden, sin perjudicar a la ciudad entera y sobre todo, planificado con fraternidades, comerciantes, vecinos y autoridades.

CULTURA, ZOOCIUDAD Y TERRITORIO

JAIME ALZÉRRECA PÉREZ

Docente investigador IIACH- UMSS

japalpal@gmail.com