Convicción de espíritu y en hechos para la igualdad de la mujer
Siempre se calificó de justo y legítimo lo que fue ordenado por la ley; tal es la esencia de la justicia y su antinomia es el comercio con la corrupción y que los contenciosos jurídicos no se conduzcan según el estricto procedimiento, pues la mayoría de los que imparten justicia ya tienen el alma corrompida por el mercado de influencias y prebendas, las cuales no se animan a rechazar dignamente por la pasión de la codicia, reservándose, con esa actitud, el condigno castigo para el futuro.
Cuando los fiscales son experimentados, diligentes y humanos, cargados con el peso agradable del conocimiento, tienen como misión primordial averiguar, comprobar y realizar las necesarias presunciones in situ para obtener de lo conocido lo desconocido que apunta la aproximación a la verdad, sobre todo en los ilícitos (feminicidios, violaciones, violencia física y psíquica), contra la mujer. ¡Protejamos a la mujer, el ser más importante de la creación!
La causa eficiente para esta situación tiene sustrato en los fiscales que no realizan esta inderogable obligación, sino que buscan rápidamente imputar para que se inicie el contencioso y en los jueces diletantes que cohonestan tales acciones.
La pertenencia inherente a la justicia que debe demostrar todo juez en sus juicios y resoluciones, y si son realmente hombres de bien y se consagran a la práctica de la virtud aplicando la norma jurídica en su correcta interpretación, seguirán diligentemente todo lo que prescriben nítida y perceptiblemente los condicionantes de la lógica jurídica formal: estudiar exhaustivamente, examinar uno por uno los hechos, fundamentar con pruebas para cada hecho y sistematizar con reglas de la interpretación la norma jurídica.
Una práctica cotidiana y disciplinada que hará vivir a los jueces con un sentido de pertenencia el ejercicio de la justicia es la conciencia moral y su proceso que es inevitable en todo ser humano; con ello esta clase de jueces ideales, pero a todas luces posibles, preferirán inquebrantablemente sufrir una injusticia antes de hacerla.
Sería una actitud muy respetada por la población que los jueces huyan de toda adulación, tanto respecto a sí mismos como respecto a los demás y que jamás deben dejarse embelesar por la retórica aduladora y vacía de contenido y las prebendas, lamentablemente tan frecuentes en los tribunales de Bolivia y Sudamérica y cuyo origen es la ausencia de formación profunda en el Derecho, la Ética, la Filosofía Jurídica y la Deontología, amén de la propia dignidad.
Por ello, si el Derecho constituye el orden de la comunidad es tarea de la justicia tenerlo a salvo y restablecerlo cuando no forma una ordenación verdadera e idónea de la justicia.
Esta negligencia y no otra, es consecuencia de disponer de códigos desfasados en función a la necesidad de la población y sobre todo del estamento de la juventud, que hoy enfrentan exigencias existenciales muy difíciles y complicadas que trastornan sus vidas como ser: las drogas, el narcotráfico, la trata de blancas, alcoholismo, abortos, opción de género, ausencia de diálogo intrafamiliar, presencia de la violencia y altísima competitividad universitaria y en el ejercicio de la profesión, y finalmente suicidios, espectro totalmente diferente y aterrador a la paz que reinaba en los espíritus de los jóvenes de hace 40 años o menos.
FORO
RAÚL PINO-ICHAZO T.
Abogado, posgrados en Derecho
Aeronáutico, Arbitraje y
Conciliación; Filosofía y Política
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