Cacerolazo
Son las nueve de la noche. El sonido de las cacerolas se reproduce y transforma el sonido aislado en una marea ensordecedora que hace temblar y parece que podría reventar las piedras. A las cacerolas se unen los bocinazos y el golpeteo de los postes metálicos, entonces ensordece. El sonido, como las fogatas, se extiende y contagia expresando emociones de la gente que al ensamblarse forman coros ensordecedores. Es la masa y el cacerolazo.
De igual forma que el sonido de las cacerolas; cuando las masas ocupan las calles, marchan, bloquean o hacen cabildos; el comportamiento se contagia masivamente y la racionalidad desparece.
De esa forma actúan las masas, y en la masa desaparece la individualidad. Lo heterogéneo se sumerge en lo homogéneo; allí donde irrumpen instintos incontrolables; la irritabilidad y la impulsividad están al orden del día; puede brotar el autoritarismo y la intolerancia; generando sentimientos comunes algo así como una embriaguez colectiva. Es la embriaguez de las noches, de la masa que en el día no hace nada más que protestar mientras mira la televisión o su celular.
Un psicólogo rumano llamado Moscovici decía “"Una masa es un conjunto transitorio de individuos iguales, anónimos y semejantes, en el seno del cual las ideas y las emociones de cada uno tienden a expresarse espontáneamente”.
Cuando los niños, adultos y ancianos toman una olla y la hacen sonar hasta abollarla e inutilizarla. O cuando los jóvenes ponen su smartphone con parlantes a todo el volumen el sonido pregrabado de la cacerola, expresan un sentimiento colectivo imparable. Parecería que sienten que esa cacerola les devolverá lo que consideran que perdieron, que con cada golpe se acerca el día en que verán que se hizo justicia, que el ruido vencerá a sus enemigos.
Por eso, los que se enamoran de la silla y de sus privilegios tiemblan y se desencajan al enfrentarse a la masa. La masa ha colgado presidentes, les ha quemado sus palacios, se ha comido ingenieros en las minas. Esta masa ruidosa los enloquece, por invisible e invencible… inservible la llaman, pero les perturba. Prefieren la que se atemoriza con dinamitazos o la que se patea en el suelo. La que se oculta en la noche y en la cacerola que suena.