Proliferación de pandillas juveniles atemoriza a la población
13 de octubre de 2007 (20:12 h.)
El tema de las pandillas ha vuelto a Cochabamba y es motivo de preocupación, porque se han proliferado, sobre todo, en áreas periurbanas como Villa Primero de Mayo, Sebastián Pagador, Sarcobamba, Las Cuadras, Hipódromo y otros.
Pero, también, se ha evidenciado su presencia en los municipios de Quillacollo, Vinto, Cliza, Sacaba, Sipe Sipe, Toco, Palca y Ucureña donde la migración es alta.
El presidente de la asociación de cooperación internacional, Voces para Latinoamérica, José Álvarez Blanco, advirtió que los jóvenes están entrando en un proceso de “callejización”, donde primero buscan organizarse en grupos para consumir algunas drogas como el pegamento (la clefa), la cocaína y la marihuana.
Según Álvarez Blanco cuando ya no encuentran los recursos para costearse estas sustancias ilícitas y después de haber vendido varios objetos de valor de su casa, deciden cometer asaltos y con el tiempo son cada vez más violentos, porque su dependencia es mayor.
Los casos
La última zona de conflicto ha sido considerada Vinto a más de 20 kilómetros de la ciudad, donde un grupo de pandilleros asesinó a un joven a sangre fría y lo abandonó en la vía pública.
Asimismo, se conoció el caso de unos adolescentes en la ciudad que su “modus operandi” era apedrear a un vehículo en circulación y cuando el propietario se bajaba para pedir una explicación o reposición del daño causado al motorizado, era interceptado por los jóvenes que le arrebataban sus objetos de valor.
Por otro lado, no se puede olvidar el asesinato de un sastre en manos de la pandilla juvenil de “los gígolos” que a patadas y puñetes durante la fiesta del Carnaval acabaron con su vida.
Algo que fue preocupante, también, fue el caso de una pareja herida en las piernas cuando caminaba en la calle y un grupo de jóvenes a bordo de un vehículo empezaron a realizar disparos. La Policía explicó que ésta podría ser una prueba que ponen los “jefes” de las pandillas para ver el valor de sus nuevos integrantes.
No se puede dejar de mencionar el caso de “Los coteñitos”, una pandilla de Quillacollo, conformada por niños desde los 6 a 11 años, que roban lo que pueden para costearse los tilines. Entre ellos se agrupan para cometer este delito y empiezan asaltando su propia casa, de donde se llevan los objetos que pueden vender.
Miedo a la venganza
Las pandillas que han sido identificadas por la Policía alcanzan fácilmente las cien en la ciudad y las provincias, cuyos integrantes se reúnen en la misma zona donde viven y tienen actitudes delincuenciales.
Esto provoca en los vecinos y comunarios que estén todo el tiempo atemorizados por lo que pueda pasar, ya que en más de una oportunidad estos grupos se han enfrentado con cuchillos y hasta con pistolas en las calles.
Ante esta situación la población prefiere guardar silencio y no hacer las denuncias correspondientes, ya que en cualquier momento podrían tomar venganza y represalias en su contra.
La Policía tropieza con esto, ya que muchas veces, requieren de testigos o personas que colaboren en el proceso de investigación, pero los mismos se resisten por este miedo que sienten.
Las causas
Según la comandante de Quillacollo, Noemí Valdivia, la presencia de pandillas se debe a diferentes factores que son de índole social como el desempleo, pobreza, la influencia del cine, la televisión pero también la migración de sus progenitores y el abandono en el que viven.
La autoridad indicó que la falta de control de los padres hace que los jóvenes se inclinen a formar pandillas, algunas de las cuales están plenamente identificadas, pero otras no, debido a que son muy escurridizas.
En base a una serie de investigaciones se advierte que un 70 a 80 por ciento de los miembros de las pandillas corresponde a jóvenes que provienen de hogares desintegrados o familias disfuncionales.
El sociólogo e investigador, Antonio Mayorga, argumentó que las pandillas pierden los horizontes de sentido de la vida, produciéndose una incertidumbre que es llenada por los grupos juveniles. Pero, también, sostiene que tiene que ver con la actual inversión de valores, en un contexto en el que ya no interesan los principios o la religión.
A esto se suma la necesidad de protección, afecto, comprensión, solidaridad ante la ausencia de sus padres o problemas familiares.
Pero, también, se ha evidenciado su presencia en los municipios de Quillacollo, Vinto, Cliza, Sacaba, Sipe Sipe, Toco, Palca y Ucureña donde la migración es alta.
El presidente de la asociación de cooperación internacional, Voces para Latinoamérica, José Álvarez Blanco, advirtió que los jóvenes están entrando en un proceso de “callejización”, donde primero buscan organizarse en grupos para consumir algunas drogas como el pegamento (la clefa), la cocaína y la marihuana.
Según Álvarez Blanco cuando ya no encuentran los recursos para costearse estas sustancias ilícitas y después de haber vendido varios objetos de valor de su casa, deciden cometer asaltos y con el tiempo son cada vez más violentos, porque su dependencia es mayor.
Los casos
La última zona de conflicto ha sido considerada Vinto a más de 20 kilómetros de la ciudad, donde un grupo de pandilleros asesinó a un joven a sangre fría y lo abandonó en la vía pública.
Asimismo, se conoció el caso de unos adolescentes en la ciudad que su “modus operandi” era apedrear a un vehículo en circulación y cuando el propietario se bajaba para pedir una explicación o reposición del daño causado al motorizado, era interceptado por los jóvenes que le arrebataban sus objetos de valor.
Por otro lado, no se puede olvidar el asesinato de un sastre en manos de la pandilla juvenil de “los gígolos” que a patadas y puñetes durante la fiesta del Carnaval acabaron con su vida.
Algo que fue preocupante, también, fue el caso de una pareja herida en las piernas cuando caminaba en la calle y un grupo de jóvenes a bordo de un vehículo empezaron a realizar disparos. La Policía explicó que ésta podría ser una prueba que ponen los “jefes” de las pandillas para ver el valor de sus nuevos integrantes.
No se puede dejar de mencionar el caso de “Los coteñitos”, una pandilla de Quillacollo, conformada por niños desde los 6 a 11 años, que roban lo que pueden para costearse los tilines. Entre ellos se agrupan para cometer este delito y empiezan asaltando su propia casa, de donde se llevan los objetos que pueden vender.
Miedo a la venganza
Las pandillas que han sido identificadas por la Policía alcanzan fácilmente las cien en la ciudad y las provincias, cuyos integrantes se reúnen en la misma zona donde viven y tienen actitudes delincuenciales.
Esto provoca en los vecinos y comunarios que estén todo el tiempo atemorizados por lo que pueda pasar, ya que en más de una oportunidad estos grupos se han enfrentado con cuchillos y hasta con pistolas en las calles.
Ante esta situación la población prefiere guardar silencio y no hacer las denuncias correspondientes, ya que en cualquier momento podrían tomar venganza y represalias en su contra.
La Policía tropieza con esto, ya que muchas veces, requieren de testigos o personas que colaboren en el proceso de investigación, pero los mismos se resisten por este miedo que sienten.
Las causas
Según la comandante de Quillacollo, Noemí Valdivia, la presencia de pandillas se debe a diferentes factores que son de índole social como el desempleo, pobreza, la influencia del cine, la televisión pero también la migración de sus progenitores y el abandono en el que viven.
La autoridad indicó que la falta de control de los padres hace que los jóvenes se inclinen a formar pandillas, algunas de las cuales están plenamente identificadas, pero otras no, debido a que son muy escurridizas.
En base a una serie de investigaciones se advierte que un 70 a 80 por ciento de los miembros de las pandillas corresponde a jóvenes que provienen de hogares desintegrados o familias disfuncionales.
El sociólogo e investigador, Antonio Mayorga, argumentó que las pandillas pierden los horizontes de sentido de la vida, produciéndose una incertidumbre que es llenada por los grupos juveniles. Pero, también, sostiene que tiene que ver con la actual inversión de valores, en un contexto en el que ya no interesan los principios o la religión.
A esto se suma la necesidad de protección, afecto, comprensión, solidaridad ante la ausencia de sus padres o problemas familiares.