Chuquisaca: La cuna volcánica de la revolución
24 de mayo de 2009 (18:36 h.)
Este evento, conocido en Bolivia como el Primer Grito Libertario de América, o la Chispa de la liberación americana, es considerado por buena parte de la tradición historiográfica como el primero de los movimientos independentistas en la América Hispana.
Muchos coinciden en esa posición. El lÃder independentista radical, y un partÃcipe principal de los acontecimientos, Bernardo de Monteagudo la consideraba, ya en 1812, como el inicio de la Revolución del RÃo de La Plata al escribir Ensayo sobre la Revolución del RÃo de la Plata desde el 25 de mayo de 1809, en el periódico Mártir o Libre, en el tercer aniversario de la revolución.
Historiadores extranjeros como BenjamÃn Vicuña Mackenna llama a Chuquisaca, la "cuna volcánica de la revolución". El 25 de mayo de 1825, el mismo Antonio José de Sucre dispuso que fuesen públicamente conmemorados los sucesos de la Revolución de 1809, y rindió su personal homenaje a los revolucionarios de Charcas, por haber sido los primeros en proclamar la independencia de América.
Sin embargo, en la historiografÃa reciente ha surgido una corriente revisionista que llama a este evento una revolución monárquica por sus expresiones de lealtad al monarca. Afirman que se trató de una revuelta que enfrentó a Fernandistas y Carlotistas en un contexto alejado de intenciones independentistas, criticando su actual condición de fiesta cÃvica patriótica. Se la pone en contraste con la revolución del 16 de julio en La Paz, que es considerada una revolución abiertamente independentista, y se señala a la Junta Tuitiva como el primer ´gobierno libre´ de América del Sur y origen de la independencia hispanoamericana.
Para no caer en una controversia que puede resultar estéril y artificiosa, es obvio que las motivaciones públicas y privadas de los partÃcipes de este movimiento fueron disÃmiles, concurrentes y en muchos casos contradictorias: la amenaza carlotista, el temor por el destino de España, la ilegitimidad del mandato de la Junta de Sevilla y su prepotencia, el enfrentamiento preexistente entre el Gobernador y los oidores, apoyados por el Claustro, el que enfrentaba al Obispo y al Cabildo eclesiástico, el localismo y la ambición de mantener los márgenes de independencia de Buenos Aires y de Lima logrados desde las invasiones inglesas, intereses económicos, celos, odios y afectos personales, etc. Y sin duda, también deseos de independencia, sea para algunos a la manera de juntas fieles al monarca, sea en otros en camino a la República. Los comisionados a otras ciudades fueron de esta última posición.
Esto mismo puede con las variantes del caso decirse de los movimientos de julio en La Paz (donde también se mantenÃa en oficios a las autoridades la máscara de la fidelidad al monarca), de mayo de 1810 en Buenos Aires, y en general de cualquier levantamiento americano.
Por otra parte, si bien la revolución en La Paz fue más radical en sus fines y en su desarrollo fue esa chispa encendida en Chuquisaca la que la hizo estallar. De una u otra manera los sucesos de mayo de 1809 en los que algunos patriotas dejaron la vida o sufrieron prisión y destierro, fueron con mayor o menor "pureza revolucionaria" un antecedente legÃtimo del movimiento independentista americano.
(wikipedia.org)
Muchos coinciden en esa posición. El lÃder independentista radical, y un partÃcipe principal de los acontecimientos, Bernardo de Monteagudo la consideraba, ya en 1812, como el inicio de la Revolución del RÃo de La Plata al escribir Ensayo sobre la Revolución del RÃo de la Plata desde el 25 de mayo de 1809, en el periódico Mártir o Libre, en el tercer aniversario de la revolución.
Historiadores extranjeros como BenjamÃn Vicuña Mackenna llama a Chuquisaca, la "cuna volcánica de la revolución". El 25 de mayo de 1825, el mismo Antonio José de Sucre dispuso que fuesen públicamente conmemorados los sucesos de la Revolución de 1809, y rindió su personal homenaje a los revolucionarios de Charcas, por haber sido los primeros en proclamar la independencia de América.
Sin embargo, en la historiografÃa reciente ha surgido una corriente revisionista que llama a este evento una revolución monárquica por sus expresiones de lealtad al monarca. Afirman que se trató de una revuelta que enfrentó a Fernandistas y Carlotistas en un contexto alejado de intenciones independentistas, criticando su actual condición de fiesta cÃvica patriótica. Se la pone en contraste con la revolución del 16 de julio en La Paz, que es considerada una revolución abiertamente independentista, y se señala a la Junta Tuitiva como el primer ´gobierno libre´ de América del Sur y origen de la independencia hispanoamericana.
Para no caer en una controversia que puede resultar estéril y artificiosa, es obvio que las motivaciones públicas y privadas de los partÃcipes de este movimiento fueron disÃmiles, concurrentes y en muchos casos contradictorias: la amenaza carlotista, el temor por el destino de España, la ilegitimidad del mandato de la Junta de Sevilla y su prepotencia, el enfrentamiento preexistente entre el Gobernador y los oidores, apoyados por el Claustro, el que enfrentaba al Obispo y al Cabildo eclesiástico, el localismo y la ambición de mantener los márgenes de independencia de Buenos Aires y de Lima logrados desde las invasiones inglesas, intereses económicos, celos, odios y afectos personales, etc. Y sin duda, también deseos de independencia, sea para algunos a la manera de juntas fieles al monarca, sea en otros en camino a la República. Los comisionados a otras ciudades fueron de esta última posición.
Esto mismo puede con las variantes del caso decirse de los movimientos de julio en La Paz (donde también se mantenÃa en oficios a las autoridades la máscara de la fidelidad al monarca), de mayo de 1810 en Buenos Aires, y en general de cualquier levantamiento americano.
Por otra parte, si bien la revolución en La Paz fue más radical en sus fines y en su desarrollo fue esa chispa encendida en Chuquisaca la que la hizo estallar. De una u otra manera los sucesos de mayo de 1809 en los que algunos patriotas dejaron la vida o sufrieron prisión y destierro, fueron con mayor o menor "pureza revolucionaria" un antecedente legÃtimo del movimiento independentista americano.
(wikipedia.org)