La antigua Villa de Oropesa con 200 mil habitantes



Situada en el extremo del valle de Cochabamba, la Villa de Oropesa era, a comienzos del Siglo XIX, la capital de la provincia Santa Cruz de la Sierra, constituida por los antiguos corregimientos de Cochabamba, Mizque y una capitanía general de Santa Cruz de la Sierra.

Los alrededores de la ciudad tenían terrenos de árboles frutales, hortalizas, frutillas y alfalfares, por lo que se conocía como “La Valencia del Perú”.

Francisco de Viedma, gobernador intendente de Cochabamba afirmaba en 1789: ‘Quien, impuesto de la descripción geográfica que contiene el todo de esta provincia, no confesara ser de las que ofrece las mayores ventajas para la felicidad humana’.

La provincia tenía 200 mil habitantes aproximadamente.

Limitaba por el norte con los terrenos de la serranía y monte intermedios entre esta provincia y Moxos, habitados por indios raches, sirionós y yuracarés.

Por el sur con el gobierno e intendencia de La Plata; por el oeste con el gobierno e intendencia de La Paz, y por el este con el río Parapiti o de San Miguel de Chiquitos que divide la provincia de este nombre y parte del Gran Chaco.

Dos plazas

Las calles de la ciudad estaban trazadas a cordel: eran de ocho metros de ancho. Las del centro habían sido empedradas en el año 1775.

En 1800 la ciudad tenía dos plazas: la Principal y San Sebastián. En la primera había una fuente en medio, de regular y abundante agua, construida con la donación de 10.000 pesos otorgados por el rey Carlos III, en 1786, en premio a las acciones realizadas por los habitantes de la Villa de Oropesa en la represión al alzamiento indígena de 1781-82. Además la villa fue elevada al rango de ciudad.

Las casas en el medio del pueblo eran de dos pisos: bastantes grandes, cómodas y sólidas, hechas de adobe crudo que era el único material, a excepción de algunas portadas que eran de piedra. Todas tenían balcones de madera y estaban cubiertas de teja. Las demás casas del pueblo eran de un solo piso, sobre todo las de los extramuros que constituían pequeños ranchos de adobe cubiertos de paja.

En un ángulo de la Plaza estaba el Cabildo, sus habitaciones eran pequeñas y muy deterioradas. En los bajos estaba la cárcel.

Las ocho Iglesias

A comienzos del Siglo XIX la ciudad de Oropesa tenía ocho iglesias. La Iglesia Matriz -hoy la Catedral- era la única construida toda de piedra, en forma de crucero. Tenía dos curas rectores.

Los ocho conventos y el beaterío eran Santo Domingo (reconstruido en 1778), San Francisco, San Agustín, La Merced (alrededor de 1600), San Juan de Dios, Recoletos -Franciscanos, Santa Clara y Carmelitas Descalzas.

Hospital San Juan de Dios

Existía un hospital llamado San Salvador, dirigido por los religiosos de San Juan de Dios, al lado de la iglesia San Juan de Dios, en la actual calle Esteban Arze.

A comienzos de los años de 1700 los víveres -carne, legumbre, frutas y aves- se vendían en la Plaza. La carne de vaca era traída por indios llamados ‘mañazos” desde Mizque y Vallegrande y la de cordero, del altiplano. El azúcar llegaba de Santa Cruz.

Chicha y coca

En la Villa de Oropesa se consumía poco aguardiente y vino porque era muy preferida la chicha. La coca producida en esta región no era suficiente para abastecer la provincia. También se consumía mucho la yerba del Paraguay.

En cuanto a las telas que se usaban en ese tiempo, los lujosos géneros de Castilla eran usados por la gente acomodada. La bayeta llegaba del Cusco, porque se había cerrado el obraje o fábrica artesanal- Ulincate que se hallaba en Sacaba. La tela ordinaria de algodón, llamada tocuyo, se producía en la ciudad con algodón de Arequipa y, además de servir para la gente de aquí, era llevada a Tucumán y Buenos Aires.

Virgen de AsunciÓn

La patrona de la ciudad era la Virgen de la Asunción por haberse fundado la Villa de Oropesa el día 15 de agosto, día de su fiesta. Con misa y sermón previos, se realizaba el paseo a caballo con vistosos trajes y finos animales, con una participación de entre 170 y 200 personas. Estaba entre las mejores fiestas del Perú. La epidemia que padeció la ciudad en 1804 reafirmó la devoción a San Sebastián. En esos años la ciudad juró por Patrón al mencionado santo. Sus fiestas tenían como números centrales las corridas de toros y concursos de vendedores de frutas, dulces secos, masitas, helados en la Plaza que hasta hoy tiene su nombre.

Cabildo y Corregidor

El gobierno de la ciudad estaba en las manos del Cabildo, antigua institución municipal desde 1571, en que se funda la Villa de Oropesa. El Cabildo componía de dos Alcaldes Ordinarios, de primero segundo voto, y doce regidores.

Hasta 1783 presidía el Cabildo el Corregidor que era además, la máxima autoridad provincial. En 1782 modificó el gobierno en territorio y administración de las provincias altoperuanas. Se introdujo las intendencias que eran territorios más grandes que los corregimientos. En Cochabamba se reunió los corregimientos de Mizque, Cochabamba, el gobierno y la capitanía general de Santa Cruz de la Sierra en una sola Intendencia. Esta Intendencia se llamó “Provincia de Santa Cruz de la Sierra” con capital en Cochabamba, perteneciente a la Real Audiencia de Charcas, la cual formaba parte, desde 1776, del Virreinato de Buenos Aires.

Con datos del Archivo Histórico Municipal.

Esteban Arze



NACIÓ el año 1770 en Tarata, Valle Alto, departamento de Cochabamba, en el seno de una familia rural acomodada y afincada en el lugar desde comienzos de ese siglo.

Se casó primero con Petrona Nogales y en 1795 con Manuela Rodríguez y Terceros, del mismo pueblo. Vivió en el Valle Alto, en una finca de su propiedad cercana a Tarata, en las proximidades de La Angostura, sobre la ruta a Tarata, en el fundo agrícola La Phajcha. Se incorporó en 1803 a las milicias de caballería de su ciudad natal, los Patricios de la Caballería de Punata donde obtuvo el grado de alférez y finalmente el de capitán, máximo grado que alcanzó en el ejército real.

Él organizó la revolución cochabambina, fue perseguido por los realistas por realizar actividades conspiradoras en contra de los peninsulares, lo que lo obligó a refugiarse en Cliza.

Una vez instalado allí, se dedicó a organizar un ejército de patriotas con el que marchó sobre la ciudad de Cochabamba el 14 de septiembre de 1810, fecha en la que estalla la lucha por la independencia.

La historia lo recuerda por ser un gran luchador que mantuvo el ideal de conseguir aplacar las fuerzas del poder español y obtener la liberación e independencia de Cochabamba.

Alejo Calatayud



En 1705 nació en Cochabamba Alejo Calatayud. Sus padres fueron don Juan Calatayud y doña Agustina Espíndola. Desde joven se dedicó a la artesanía, haciendo joyas y esculturas de plata. A los 20 años se casó con Teresa Zambrana.

El 1 de diciembre de 1730 inició en su pueblo una rebelión contra el incremento del tributo indígena y su extensión a los mestizos, ordenados por el virrey del Perú José de Armendaris. El levantamiento se extendió por toda la provincia de Cochabamba, cuya capital fue rodeada y tomada por los rebeldes.

Pronto llegaron tropas españolas al mando del corregidor Francisco Rodríguez Carrasco, quien derrotó a los sublevados y recuperó la ciudad.

La salida de los soldados españoles fue seguida con atención por la gente del pueblo. Empezaron a formarse grupos de agitadores que recorrían las calles de la ciudad elevando gritos ensordecedores.

Calatayud fue traicionado por los criollos que, en función de autoridades y simulándose partidarios del pueblo, le tendieron una celada y lo apresaron en casa de su compadre Francisco Rodríguez Carrasco.

Manuela Gandarillas



UNA MUJER de 60 años, trenzas canosas y voluntad inquebrantable. Así era Manuela Gandarillas, mujer que se había enterado que el ejército realista español, comandado por el brigadier José Manuel de Goyeneche, avanzaba hacia Cochabamba. Pese a su ceguera, comandó el regimiento civil femenino. Madre de dos varones y dos mujeres, y abuela de una niña, Manuela Gandarillas había presenciado, dos años antes, la ejecución de su hermano José Domingo por las fuerzas españolas. La Manuela, como la conocían, vivía en la zona de Caracota, junto al mercado, donde vendía algunos productos. Se había quedado ciega tres años antes a causa de la diabetes.

Manuela, como única hija mujer, criada al lado de hermanos varones, sabía manejar el sable como uno de ellos. Cuenta el relato familiar que el momento de enfrentarse a Goyeneche era la única dama que manejaba un arma, pues el resto alzaron palos y piedras para defender sus hogares.