Dios es redondo

“VARbarie” geopolítica en Rusia

Algo que siempre suele reivindicarse del fútbol es su capacidad para transgredir el orden geopolítico imperante en el mundo. Que Estados Unidos sea un país subalterno, sin títulos ni oportunidades reales para ganarlos, mientras Suramérica acoge a tres de las mayores potencias del balompié, con Brasil (el único pentacampeón) a la cabeza, es algo solo posible en este deporte y algunas pocas cosas más.

Sin embargo, la geopolítica se invierte solo a medias. Así lo revelan algunos hechos. Sin ir más lejos, que Europa sigue siendo el continente que, en conjunto, suma más copas, once, frente a las nueve en las que están estancadas las selecciones suramericanas desde 2002. Y si nos circunscribimos a este mundial, que en los clasificados para octavos de final no haya un solo país de África y apenas uno solo de Asia, los dos continentes históricamente más débiles en el fútbol mundial, descontando a Oceanía, cuya participación suele reducirse a Australia, y solo por vía de Eliminatorias asiáticas.

Ni siquiera la irrupción de la tecnología, de la mano del VAR, llamado a ser el “Big Brother” del campeonato, ha conseguido garantizar una mayor justicia y equidad en el Mundial de Rusia. Porque, de haber una justicia ciega en este torneo, ayer, el videoarbitraje debió haber avalado el penal que cobró el árbitro a favor de Senegal, cuando aún empataba 0-0 con Colombia, y no desmentirlo, como finalmente hizo. Y otra vez volvemos al debate bizantino: si el referí interpreta finalmente cada jugada sometida a la cabina del VAR, en función de su propio criterio y lectura del reglamento, ¿cuál es el sentido último del uso de la tecnología?

La víctima de la jornada fue Senegal, que finalmente perdió 0-1 y se desclasificó por fair play, a favor de Japón. No merecieron irse así los senegaleses, que tenían el mejor equipo africano del campeonato. Tampoco merecieron pelear el cupo en octavos de la manera en que lo hicieron ante los japoneses, a la sazón, los únicos representantes asiáticos en la siguiente instancia. Pero, los mandamases del fútbol son así: dueños y señores de las reglas y de sus herramientas de aplicación, que aseguran una suerte de statu quo en la geopolítica de este deporte, aún hegemonizado por los servidores más ejemplares de las transnacionales que comercian con la pelota y que ahora pretenden imponer una nueva “VARbarie” contra los perdedores de siempre.