Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 07 de diciembre de 2021
  • Actualizado 12:02

Vivimos la tercera ola con ansiedad pandémica

Claudia Méndez Del Carpio, Psicóloga Clínica.
Claudia Méndez Del Carpio, Psicóloga Clínica.
Vivimos la tercera ola con ansiedad pandémica

En Bolivia, nos toca vivir la tercera ola de la pandemia por la COVID-19 con gran preocupación, miedo y malestar emocional por la incertidumbre y el rápido contagio del virus.

Si bien el  miedo es una emoción que en sí misma no es ni buena ni mala, podemos decir que es desagradable, mantiene en constante alerta y, cuando es intensa, paraliza y no se tiene la  capacidad para reaccionar, buscar soluciones o alternativas defensivas.

La pandemia está afectando a todos, con seguridad que nadie la está pasando bien en estos tiempos. Hay ansiedad; se habla de ansiedad pandémica como síntoma prevalente de la época, con gran preocupación por el futuro, lo que podría pasar, también por lo que ya está ocurriendo, sobre todo cuando se tiene a un familiar o amigo enfermo, o también si es uno mismo el que está cursando la enfermedad.

La pandemia afecta varios aspectos de la vida;  lo biológico, psicológico, social, económico y también lo político por la falta de confianza en los gobiernos por permitir el agravamiento de la crisis y el deficiente manejo de los problemas de salud pública, situación que incide en pensamientos negativos, incertidumbre y desesperanza.

El virus aparece en plena época tecnológica, con sobreinformación en los diferentes medios, gran parte de ella es falsa o de dudosa procedencia, por lo que  cada quien deberá contrastarla y verificar si las fuentes son fiables o rigurosas para evitar confusiones que provoquen agravamiento de la angustia.

La ansiedad pandémica se relaciona también con las cuarentenas, el miedo al desabastecimiento y la excesiva necesidad de proveerse en demasía, como si fuera a suceder algo catastrófico que provoque carencias alimenticias por largas temporadas. 

La vida hoy es difícil, hay que lidiar con limitaciones, intentar mantener la calma y tranquilidad. Es bueno preservar las rutinas con hábitos saludables, enfocarse en la realidad, no adelantarse a lo que podría suceder, aprovechar el tiempo   libre para realizar actividades que antes se postergaron por falta de tiempo.

Si bien son momentos en los que es difícil pensar en otro tema, será necesario no adelantarse a lo peor, mantenerse realista, precavido y paciente. Buscar que no sea el virus el único tema de conversación e infecte toda nuestra vida. Y si la ansiedad desborda o no logra ser controlada, será necesario buscar apoyo psicológico profesional cuanto antes.

NOTA: Para cualquier consulta o comentario contactarse con la responsable de esta columna, Claudia Méndez Del Carpio (psicóloga), al correo electrónico [email protected] o al celular/ WhatsApp (+591) 62620609.

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