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  • Diario Digital | miércoles, 03 de junio de 2026
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Tontos, cínicos y canallas

Juan Carlos Azero Estivariz, Psicólogo y Sociólogo.
Juan Carlos Azero Estivariz, Psicólogo y Sociólogo.
Tontos, cínicos y canallas

Existen posiciones subjetivas que se pueden interpretar a partir de la teoría del lenguaje, la verdad y el goce que plantea Lacan. Entonces encontramos tres posiciones subjetivas entendidas como formas en que las personas se relacionan con la verdad y el poder en la sociedad. De esa manera, imaginemos que el mundo funciona como un gran teatro donde hay reglas, discursos y juegos de poder.

La primera categoría corresponde al Tonto, estos son  aquellos sujetos capturados por los ideales, pasiones y creencias colectivas con mucha facilidad, de hecho, se encuentran muy apegadas a ellas y sin las mismas su existencia se convierte en un sin sentido. El tonto, es alguien que sigue ciegamente las reglas de la sociedad sin preguntarse por qué existen o qué implican realmente.Toma las palabras y las normas al pie de la letra, sin captar su dimensión inconsciente o estructural. No duda de la autoridad ni de los discursos dominantes. Por ejemplo: Un ciudadano que cree que si trabaja duro, siempre tendrá éxito, aunque el sistema esté diseñado para beneficiar solo a unos pocos o el caso de un seguidor de un político que lo defiende sin importar cuántas mentiras diga.

La siguiente categoría le corresponde al Cínico,  este no es ingenuo como el tonto, sabe que el sistema tiene fallas y trampas. En lugar de denunciarlo o cambiarlo, se aprovecha de él. Usa el discurso del poder cuando le conviene y lo ignora cuando no y no le importa la verdad, sino lo que le beneficia. Por ejemplo: Un político que dice luchar contra la corrupción mientras roba dinero del Estado o un empresario que promueve la ecología mientras contamina ríos para ahorrar costos. Es decir, el cínico demuestra una actitud indiferente ante las consecuencias de sus actos, de modo que actúa con una ligereza moral, ya que rompe con las normas y valores sociales. Para un cínico la autoridad y las leyes no determinan lo que es bueno o malo, no hay autoridad, solo existe la satisfacción.

Por último, tenemos al canalla que va más allá del cínico, que no solo sabe que el sistema es falso, sino que goza destruyéndolo y explotando a los demás. Goza de la mentira y la manipulación. Además, no siente culpa ni compromiso con nada ni nadie; lo único que le importa es su propio goce. Por ejemplo: Un dictador que sabe que sus promesas son falsas, pero disfruta viendo cómo la gente lo sigue ciegamente. O el caso de un líder de una estafa piramidal que convence a las personas de invertir sabiendo que las arruinará. Es decir, el canalla es alguien que se vale de la tontería para prometer y engañar a sus seguidores, él puede encarnarse como la verdad, donde los otros lo ven como un salvador. Este personaje sabe que no hay una legislación moral universal y muestra el disfrute perverso en la destrucción y el abuso del poder, y lo interesante es que no necesita de ideologías para lograrlo 

Las posiciones subjetivas del tonto, el cínico y el canalla permiten analizar diversos problemas sociales relacionados con el poder, la ideología, la corrupción y la responsabilidad del sujeto en la sociedad. Ya que el tonto acepta el discurso sin cuestionarlo, a partir de esta categoría se podría analizar el fanatismo religioso, el populismo y el consumismo. Ya que el cínico sabe que el sistema es fraudulento y lo sabe usar a su favor, a partir de ello se puede analizar el neoliberalismo extremo y la corrupción política. Y a partir de la categoría del canalla se podría analizar el narcotráfico y el autoritarismo.