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  • Diario Digital | sábado, 15 de junio de 2024
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Santos Choque, el actor alteño que brilla a su pesar

El joven alteño, recientemente galardonado en China por su papel en “Utama”, explica su mirada sobre el cine crítico, su conexión con el campo y su necesidad de mantener un bajo perfil. Además de ser estudiante de Administración de Empresas, también trabajó como taxista, albañil y minero. 

Santos Choque, el joven alteño, recientemente galardonado en China por su papel en “Utama”. CORTESÍA SANTOS CHOQUE
Santos Choque, el joven alteño, recientemente galardonado en China por su papel en “Utama”. CORTESÍA SANTOS CHOQUE
Santos Choque, el actor alteño que brilla a su pesar

Santos es de los que se sientan en la última fila de sillas en la universidad, el que observa primero con recelo antes de ser parte de algo y el que piensa dos veces cuando va a tomar una decisión. No le gusta llamar la atención. Y aunque se ha esforzado por escapar del foco de la fama, no pudo evitar que el país se entere que su trabajo como actor en el filme “Utama” (2022) fue reconocido en el Festival Internacional de Cine de Beijing, en China. 

Al empezar la charla me explica que esta rutina de entrevistas es nueva para él y, aunque no lo dice directamente, quizá hasta la evitaría por su mismo carácter reservado. Eso sí, le gusta hablar de su trabajo, y no solo en el cine como actor, sino como taxista, albañil o minero, todas las labores que le han permitido ser quien es ahora.

Es tan discreto que cuando lo seleccionaron para su primera película (“Averno”) no le avisó a nadie que participaría. Esperó a que la cinta se difunda en cines y que sus amigos fueran reconociéndolo poco a poco para contar su experiencia. No lo sabía ni su familia. Le parecía que “no tenía sentido”.

Como muchos artistas en sus inicios, Santos Valerio Choque Mamani (26) tampoco soñó con ser actor. Quería probar nuevas cosas y así llegó al taller teatral de Patricia García, en 2015. Estar frente al escenario, que lo observen y analicen no le animaba, pero el método de enseñanza de la maestra lo convenció. “Mi curiosidad me ganó. Así que voy y me meto a las clases de teatro y descubro cómo es este mundo de la actuación, el entretenimiento y el cine. Y llego a la conclusión de que este es el lugar en el que quiero estar”, cuenta.  

Llegó a la tercera clase del taller. Le daba “pavor” actuar delante de personas, así que pidió ser solo un observador. Mientras avanzaba la puesta en escena sintió un ambiente cómodo, donde podía construir personajes con libertad. Es alguien que se anima a todo —luego de pensarlo dos veces—, pero le gusta tener autonomía. 

Santos es un cuestionador natural, no solo a la hora de tomar decisiones, sino también cuando elabora sus guiones y prepara sus proyectos de cine. Debe dar un mensaje. Así que temas como la violencia de género o el empoderamiento de mujeres han sido detonadores de su cuestionamiento. “Lo que más me ha gustado es que se puede, de alguna forma, enviar mensajes, trasmitir distintas formas de pensamientos a las personas”, dice. 

Choque participó en diferentes obras de teatro. En la mayoría siempre aportaba con una mirada crítica de los guiones y se esforzaba por dar un mensaje válido. 

Hasta ese momento, actuar de vez en cuando en presentaciones teatrales era aceptable y le gustaba. Pero, por su imperiosa necesidad de pasar desapercibido, nunca había pensado que podía ir un poco más allá. “Me gusta más observar que llamar la atención”, aclara. 

A través de su profesora García asistió al casting de “Averno”. En principio, dudó. Pensó, nuevamente, dos veces antes de ir. 

Para Santos, que nació y vivió toda su vida en El Alto, la ciudad de La Paz le parece un laberinto. Llegó tres horas tarde a la prueba porque se perdió en el camino. Cuando Marcos Loayza, el director del filme, lo vio, supo que ya tenía a su intérprete. 

Al concluir el rodaje de la que se convirtió en su primera película, guardó silencio. Ni sus amigos ni su familia sabían que había participado en “Averno”. “Se enteraron que había actuado por primera vez cuando se estrenó la película”.

Pese a la experiencia, no quería continuar haciendo cine, no le emocionaba lo suficiente en ese entonces. Estaba enfocado en sus estudios en Administración de Empresas. Quería desarrollar negocios. No fue así. 

“Me interesa que la gente pueda entender el mensaje, el trabajo como tal, los personajes”, explica. 

LA VIDA EN EL CAMPO

Santos en el exterio de la mina San Miguel de Thapi.
Santos en el exterio de la mina San Miguel de Thapi.

La misma curiosidad que lo motiva a hacer de todo en su vida diaria fue la que lo llevó hasta Tacagua, la comunidad rural de donde son originarios sus papás y donde viven sus abuelos. 

Durante ochos meses se enfocó en la vida del campo. Crio ganado y buscaba crear un nuevo modelo de negocio. Pero también en ese tiempo fue viendo realidades que lo    impresionaban. 

Algo que le pesa a Santos es no hablar aymara. Lo entiende a la perfección, pero, por alguna razón que él tampoco comprende, se le dificulta verbalizar sus ideas en la lengua indígena. 

Llegó a Tacagua creyendo que podría practicar con sus abuelos, pero sucedió al revés, ellos terminaron puliendo su español. “Mis abuelos eran muy generosos. Decían ‘él está sufriendo mucho, mejor aprendemos castellano’”. 

Mientras estaba en el campo le llegó la oferta de realizar la película “Utama”. Le emocionó la idea y fue al casting sin saber mucho sobre el papel. Cuando le dieron sus líneas fue descubriendo la gran similitud que había entre la historia que presenta Alejandro Loayza y su vida familiar. 

“Yo pensaba que el papel de Clever iba a pasar desapercibido como Karas (‘Averno’), siempre y cuando no llamara la atención. No me esperaba tanto apoyo de las personas”, comenta.  

En un rubro en el hay que tantos talentos buscando captar el foco del reflector y sobresalir. Para Santos, lo primero es hacer un buen trabajo, sin necesidad lograr fama. 

El campo lo llena, es su lugar favorito. De hecho, sueña con tener su primera casa allí. Pero, paralelamente, también le ha dejado vacíos que quiere llenar y tiene metas por cumplir. Por eso siente que “Utama” ha sido una forma de decir algo. 

“Esto del séptimo arte es lo mejor que me ha pasado porque es un lugar maravilloso para transmitir ideas y pensamientos. Así es como decido ser actor”. 

EL RETO DE ‘UTAMA’ 

Santos durante el rodaje de “Utama”.
Santos durante el rodaje de “Utama”.

Santos no es alguien que disfrute de las fotos. Por eso, mientras filmaba “Utama”, su principal reto fue conocerse a sí mismo. La película de Loayza se enfoca en las expresiones físicas y todo lo que se puede decir a través de ellas. 

Era su debilidad, reconoce, y eso le generaba inseguridad. “Todo el tiempo que pasó durante el rodaje yo me preguntaba ‘¿cómo lo habré hecho?”. 

Santos le pidió en varias ocasiones a Loayza que le permita ver cómo avanzaba la película, pero se lo negó ante el temor de que pierda la naturalidad que era vital para la cinta. 

Recién pudo verse en pantallas mucho después, en el Festival de Málaga, en España. “Yo estaba atento. Decía ‘por fin, voy a criticarme’”. 

Y también lo criticaron expertos en cine de todo el mundo, desde Estados Unidos hasta China, donde obtuvo el galardón a Mejor Actor de Reparto en el Festival Internacional de Cine de Beijing. 

Santos recibió la noticia un día antes del acto. Debía guardar silencio, pero esta vez quiso compartir su alegría con sus papás y sus tres hermanos, a quienes reconoce como sus principales apoyos. “Yo no sería la persona que soy hoy sin el apoyo de mis padres, no solo en lo económico, sino en lo moral. Siempre me apoyaron en todas las locuras que hice”, enfatiza. 

Creyó que con su familia terminaba todo el festejo, pero cuando la noticia se difundió, el resto del país también se sintió feliz. 

BAJO EL FOCO DE LA MINA 

Luego de congelar sus materias en la universidad para vivir en el campo con sus abuelos, criar ganado, equivocarse y volver a intentar, emprendió otros oficios.

Santos recibía el apoyo de sus papás, pero decidió independizarse económicamente y costear sus estudios con su trabajo. Comenzó como taxista y luego fue albañil. Ambas experiencias le dejaron una sensación de inconformidad porque no le alcanzaba para financiar los gastos que tenía. 

De esa forma decidió ir a trabajar a la mina San Miguel de Thapi, en el municipio de Pelechuco, como barranquillero. No tenía idea de cómo funcionaba el trabajo allí ni qué haría exactamente, pero tenía curiosidad. 

“Mi amigo me dijo ‘trae ropa sucia y eso, aquí hay todo’. Era cama adentro y (había) alimentación”, dice. 

Recuerda que en su primera experiencia entrando al socavón sintió  intriga sobre la firmeza que tenía el lugar, pero la curiosidad le ganaba. ¿Será que se cae? ¿Cómo voy a poder salir? ¿Será que me pierdo?

“Adentro todo brillaba”, recuerda. 

Fue descubriendo sectores más seguros que otros y se quedó en el mejor lugar durante los casi nueve meses que trabajó allí. Recién en julio de este año retornó a su casa en Senkata con el objetivo de retomar sus estudios. 

“Todo es enriquecedor en esta vida, sobre todo el conocimiento”, afirma sobre su experiencia minera.

Santos dice que le encanta aprender. Y durante este tiempo, luego de haber hecho varias cosas, sabe que todo implica un reto. En el campo, mientras vivía con sus abuelos, enfrentó dificultades, así como siendo taxista, albañil o minero. Ser actor no es diferente, pero aun así lo elige como el oficio al que quiere volver siempre. “Para mí el cine es eso, el lugar en el que quiero permanecer. Aunque el trabajo es duro, vale la pena estar ahí”.