Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 26 de octubre de 2021
  • Actualizado 23:50

La resistencia de la papa frente al cambio climático

Un proyecto de "agricultura inteligente" impulsa la combinación de prácticas ancestrales con datos científicos para establecer mejores y nuevos ciclos de siembra y de variedades del tubérculo en el altiplano boliviano.

La resistencia de la papa frente al cambio climático. PACHAIBOOMI
La resistencia de la papa frente al cambio climático. PACHAIBOOMI
La resistencia de la papa frente al cambio climático

La papa es uno de esos cultivos que crecen incluso en condiciones desfavorables y en altitudes elevadas. Es por ello que, después del arroz, el trigo y el maíz, este tubérculo es invaluable en la dieta y el medio de subsistencia de millones de personas en todo el mundo.

Asimismo, es una fuente de ingresos para muchos agricultores. En la región andina, a menudo, es el único tubérculo comercial que producen las familias dedicadas al trabajo de campo. Sin embargo, el cambio climático ha obligado a varios campesinos en Bolivia a combinar los saberes de sus abuelos con mejores estudios del clima para rescatar las variedades nativas de la papa, que tienen capacidad de adaptación al frío y la sequía.

"El cambio climático ha afectado significativamente la producción de la papa (...). No ha sido muy buena, inclusive nos ha afectado en la economía ya que los precios bajaron", cuenta Leonel Mejía, un agricultor de 14 años.

Mejía, quien se dedica a la agricultura desde los 11 años, es conocido en el municipio de Patacamaya, en La Paz, por el conocimiento que desarrolló durante la pandemia sobre las variedades nativas de papas y sus propiedades.

Este joven dice que el cultivo de la papa, que muchas familias realizan para su subsistencia, afronta una crisis en el desarrollo de especies de crecimiento rápido, a diferencia de aquellas que producían los abuelos de la comunidad y que tienden a desaparecer. "Con la pandemia estamos revalo-rizando las papas nativas, realzando las cualidades de los tubérculos que sirven para hacer harina, acompañar ensaladas, aquellas para cocinarlas dentro de la tierra o las que son de tipo gourmet", explica.

EL SABER LOCAL Y SUS CULTIVOS 

Martha Bautista, una mujer agricultora, de más de 60 años, de la provincia Aroma, cuenta que este año "no ha habido lluvia" y que las parcelas de papa se han mantenido sembradas sin que la planta brote y que en esas comunidades "no han sacado nada de papa".

Bautista describe que el ciclo de producción es muy marcado y que la papa en el altiplano hay que sembrarla entre octubre y el 20 de noviembre de cada año como tiempo límite, ya que después el cultivo "no da".

El tubérculo nuevo brota entre marzo y abril, la cosecha se hace en mayo para que luego entren otros cultivos como la cebada y la quinua, porque luego de eso "la tierra debe descansar por cinco años", según el método ancestral de la aynuqa que se aplica en su comunidad y que determina la rotación de parcelas.

LA AGRICULTURA INTELIGENTE

Bolivia tiene más de 1.500 variedades de papas nativas y muchas de ellas "tienen capacidades de adaptación a las variaciones climáticas", sostiene Santiago Vélez, representante en el país del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA).

Vélez considera que es fundamental rescatar los valores y conocimientos ancestrales, como el respeto de los ciclos lunares, para generar "medidas de adaptación al cambio climático". Parte de ello pasa por conocer sobre las variedades nativas de papas bolivianas y la combinación de técnicas de cultivos. 

Este especialista menciona que la agricultura climáticamente inteligente implica el "conjunto de prácticas" que vinculan la ciencia con los saberes ancestrales para, por ejemplo, establecer cuál puede ser la especie adecuada que pueda germinar en sitios con    características de altitud, humedad, temperatura y suelo específicas, combinada con la cultura de la región.

Los agricultores coinciden con él y añaden que también es necesario aplicar técnicas orgánicas para la protección en vez de los productos químicos que dañan la fertilidad de la tierra. La labor "inteligente" en los cultivos de papas implica también el uso de semillas mejoradas y nativas. 

Durante generaciones, los agricultores han custodiado más de 4.000 varie-dades locales de papa y una diversidad comparable de cultivos indígenas como la quinua y el amaranto. A medida que el cambio climático causa daños, los Andes se convierten esencialmente en un laboratorio viviente.