¿Réquiem para el diván?
primera parte
En su libro ¿Hola? Un réquiem para el teléfono, Martín Kohan (2022) afirma que hablar por teléfono es una combinación singular e irrepetible de presencia y ausencia, de lejanía y cercanía, siendo que se nos habla al oído (es decir, más cerca de lo que sería en una conversación presencial), de intimidad y ajenidad, de afuera y adentro. “Presencia-ausencia, adentro-afuera, lejanía-cercanía: la intimidad se exterioriza, se habla a solas hablando con otro (que está y que no está)” . Estas palabras me resonaron por su precisión respecto a la forma en que un analizante había definido lo que para él era su espacio de análisis, definición que construyó momentos en que dicho espacio estaba empezando a finalizar: “para mi venir acá es como hablar conmigo mismo sabiendo que hay Otra escucha”. Aclaro que la mayúscula es un agregado que realizo en la escritura, pero que entiendo justificada. Definición sencilla, clara, pero contundente y precisa en tanto que la segunda parte (Otra escucha) resignifica la primera (hablar conmigo mismo). Si hay Otra escucha ya no es con él mismo, si fuera con él mismo, no sería un análisis. Y más interesante aún que esa Otra escucha no quedaba reducida a una persona, sea él o “yo”, es decir, quien sostenía la función de analista. Por eso también aclaraba que estaba en un momento de concluir su análisis, al menos con mi presencia física, puesto que esa Otra escucha no queda encerrada entre las cuatro paredes del consultorio, lo que tampoco implica que en otro momento quiera o pueda volver a consultar en un espacio.
La voz une los cuerpos y los lenguajes, sin ser del todo lenguaje ni cuerpo. La voz se ubica en un entre o la voz es ese entre: entre los cuerpos y el lenguaje. En el teléfono es la voz, pero sin el cuerpo, acentuando la hiancia. La voz por teléfono queda separada del cuerpo, en principio porque siempre lo está, pero además porque es transmitida sin él. La voz lo hace estar y no estar al cuerpo a la vez (Kohan, 2022).
Junto a él, afirmamos que el oído une, mientras que la escritura separa. La oralidad, la voz y el oído, son del orden de la copresencia, de compartir ese mismo momento, involucra a ambos cuerpos de modo particular como hemos planteado hace un momento. Por su parte, la escritura separa en tanto aporta distancia y tiempo, se escribe al que no está o, por ejemplo, en el caso de la teorización/formalización en psicoanálisis, podemos decir que se le escribe al que dejará de estar, puesto que el analista es al menos dos. El asunto es que la oralidad viene transcurriendo con los términos y condiciones definidos para la escritura, es oralidad de lo aislado, de lo separado. En los mensajes de audios se instaura algo de la situación de escritura, aunque no se trata estrictamente de una conversación. Y esta vuelta es para armar y sostener la pregunta, ¿el análisis puede ser “efectivo” de forma virtual? Interrogante que ya fue respondido hace tiempo, pero no por los analistas, sino por la erótica de la voz telefónica, conocida en Argentina como las hot line.
CONTINUARÁ...