Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 01 de febrero de 2023
  • Actualizado 00:52

¿Por qué amamos u odiamos a perros y gatos?

Favio Javier Sandoval, psicologo.
Favio Javier Sandoval, psicologo.
¿Por qué amamos u odiamos a perros y gatos?

Si pudiera pensar en un rasgo desagradable característico de Cochabamba, elegiría, sin dudar, a los perros callejeros que vagan por la ciudad. No existe barrio, ni cuadra, me atrevería a decir, que no tenga una jauría de perros vagabundos, y este fenómeno sucede por diversas razones; sin embargo, en la mayoría de los casos, es consecuencia de la tenencia irresponsable de los mismos. 

Quizás por ello, el cochabambino es muy dado a matarlos, dando lugar a los horrendos casos de “biocidio” que nos han indignado últimamente. Pero, así como se trata a estos animales con violencia, existe su contracara: algunas personas tienen una actitud hiper tierna con sus mascotas y los tienen en un lugar, aparentemente, privilegiado que roza el ridículo. ¿Por qué será que nos comportamos de esta forma con nuestras mascotas? ¿Cuál será la verdadera razón para nuestro amor u odio a los perros y gatos? 

Cuando los seres humanos establecemos un vínculo con animales, lo realizamos desde la más profunda intimidad y poniendo muchos elementos que pertenecen a nuestro fuero interno. Así, podemos explicar cómo algunos prefieren un tipo de mascotas y no soportan a otras. Yo, por ejemplo, siempre he tenido una simpatía mucho mayor hacia los perros. Quizás mi preferencia se debe a la incondicionalidad que veo en ellos, a diferencia de la actitud esquiva que identifico en los gatos. Es posible que mi antipatía este localizada en esa vivida imagen de mi infancia, donde un felino arisco me atacaba, cuando yo anhelaba tocarlo. Es probable, también, que el motivo de su hosquedad resida en mi insoportable necesidad de tocarlo.

Lo que quiero plantear es lo siguiente: tenemos una preferencia por ciertos animales debido a que son significativos para nosotros. Por ejemplo, archiconocido era el amor que tenía Hitler por Blondi, su pastor alemán, acápite de la raza pura; Borges estaba fascinado por los felinos a los que les atribuía una cualidad enigmática; Cortázar veía en su gato Adorno la expresión de una libertad que atesoraba personalmente; Freud se expresaba confusamente sobre los gatos: en alguna parte de su gran obra afirma que son “narcisistas”. El padre del psicoanálisis tenía una predilección especial por los canes. Elegimos amar a ciertos animales porque responden a nuestra historia; los odiamos, también, por los mismos motivos.

En el psicoanálisis hay menciones sobre la relación de los seres humanos con los animales. La más famosa la constituye el miedo al caballo que caracteriza el famoso caso Juanito. No es la única. Serguei Pankeyev temió ser devorado por los lobos, durante su infancia. Tan importante fue este evento en su vida que Freud bautizó su caso como: “El hombre de los lobos”. Si bien los lobos lo angustiaron, es llamativo que, durante un tiempo, también los odió y en su mente quiso agredirlos. Lo revelador es que tanto en el caso de Juanito y del “Hombre de los lobos”, los animales eran una sustitución de los sentimientos hostiles que guardaban hacia sus respectivos padres. Así, Freud dixit, muchos sujetos maltratan a ciertos animales, porque ellos representan algo de su biografía personal. Quizás eso explique la tendencia a agredir a perros y gatos que tienen algunos sujetos como los perversos y los asesinos seriales. En todo caso, como siempre, el psicoanálisis nos revela una gran lección: detrás de lo aparente, se esconden razones ocultas que son inconscientes.