Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 27 de octubre de 2021
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Problemas de cercanía

CLAUDIA SANDRA PALAU PSICÓLOGA MAGÍSTER EN PSICOANÁLISIS
CLAUDIA SANDRA PALAU PSICÓLOGA MAGÍSTER EN PSICOANÁLISIS
Problemas de cercanía

Sigmund Freud plantea que el síntoma toma la modalidad de la época, y en la actualidad nos encontramos con nu­evas formas de relacionarse sintomáticamente.

Salvo en algunas profesiones, las personas viven todo el día, o gran parte del mismo, dentro de su casa. Hay tanta proximidad entre los miembros de las familias que, en determinadas circunstancias, es vivida como invasiva.

En estos tiempos tan raros, no hay  posibilidad de extrañar al otro, porque está presente todo el día, a veces, no hay nada nuevo para contar.  Todo lo que sucede es en presencia de los demás, con lo cual se reducen los temas de conversación. 

Así, en muchos casos comienzan a surgir tensiones que van obturando la posibilidad de dialogo. Aparece el  mal humor, que requiere  tomar distancia para evitar conflictos. Esto se ve  más intensificado en aquellas parejas en las que ya había dificultades antes de la pandemia.

Es sabido que las situaciones de encierro y de restricción alteran y elevan considerablemente los niveles de tensión. Esto se refleja principalmente en las relaciones más próximas, por eso, en el mundo hubo un altísimo incremento de los casos de violencia de género y familiar. Alcanzó tal nivel de repercusión mundial, que a la violencia de genero se la llama "La otra pandemia", esa tan particular, de la cual ni se alberga la esperanza de que surja una vacuna.

Gerard Pommier, en su libro “Lo Femenino”, señala que el poder de lo masculino se ejerció desde el principio como un contrapunto ante la angustia que despierta lo femenino. Esto del enigma femenino, de lo incomprensible de lo femenino y la imposibilidad con la que se confronta el sujeto. Esa imposibilidad o sensación de impotencia puede ser descargada bajo la forma de impulsos violentos.

Además, la sensación de hartazgo hace que las relaciones se tornen ásperas y en muchos casos se pierda el erotismo. La angustia y la sensación de incertidumbre alejan,  nos aíslan, a veces por la falta de espacio, de tiempo o por las dificultades en el trato o bien por todo junto.

Lo que antes podía ser sumamente atractivo, hoy en este contexto causa fastidio o rechazo.

Tal como lo describe Freud en el texto “El malestar en la cultura”, en todos los seres humanos están presentes las ideas destructivas, antisociales, anticulturales y la función de la sublimación es decisiva ya que lo que intenta, es lograr aliviar la carga pulsional.  

Estos tiempos tan disruptivos, llevan a que en algunos casos, no se puedan tamizar mediante los recursos simbólicos algunas cuestiones, y salen a la luz como una suerte de avalancha de agresión, ya sea de tipo física o verbal.

Cuando no se cuenta el recurso simbólico suficiente, se llevan adelante actos violentos, no son otra cosa que un intento de dominio o de sometimiento del que los sufre.

Tiempos de encierro, encerrados en nuestra angustia y acechados por la incertidumbre, vivimos solos o acompañados, o lo que es peor, la soledad en compañía. 

NOTA: Para cualquier consulta, contactarse con Claudia Méndez del Carpio, responsable de la columna, a [email protected] Visítanos en

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