LECTURAS SUTILES
Pretensiones de felicidad
Se cumplen tres años y un poco más desde que inició una de las tantas pandemias que condujo al hombre a la agonía, a la sensación de muerte y la esperanza de recuperar aquel ideal de bienestar que impregna a todo ser humano, quien poco a poco intenta retornar a un criterio de normalidad, mismo que lejos de ser alcanzado nos recuerda que es un ser que necesita de un vacío, una falta, para fundamentar su existencia y buscar aquello que hasta el día de hoy se vuelve una eterna ilusión: la felicidad.
Hoy en día, se hace cada vez más evidente una necesidad de gozar, de ser feliz todo el tiempo, de poder encontrar el amor eterno, el amor perfecto, sin percatarnos que resulta más una imposición que un deseo, donde no está permitido sentir ausencia, dolor, tristeza, rechazando todo lo que en nosotros nos puede resultar angustioso, aberrante y odiando aquello que tememos, que negamos, ¿Por qué?
Desde el psicoanálisis podemos encontrar una respuesta. Al respecto, Freud expresa que “toda persistencia de una situación anhelada por el principio de placer solo proporciona una sensación de tibio bienestar, pues nuestra disposición no nos permite gozar intensamente”. En este sentido, es imposible ser feliz todo el tiempo, dado que nuestras facultades de felicidad están ya limitadas en principio por nuestra propia constitución, ya que nuestro aparato psíquico no nos permite lograr una satisfacción absoluta, por lo que la única forma de imaginar una felicidad permanente es engañándose a sí mismo con diferentes objetos que se ofrecen desenfrenadamente para alcanzar el goce y distracción: redes sociales, drogas, moda, streaming, generando un goce mortífero, repetitivo, autoerótico, pues no existe objeto satisfactorio que venga a colmar o curar al sujeto de su existencia como ser deseante. Somos sujetos divididos desde el nacimiento, que para desear necesitamos que falte.
Está claro que nos encontramos ante diferentes modalidades de felicidad, ante diferentes formas de escapar de la realidad. Entonces ¿cómo ser felices?
No existe un objeto de satisfacción pleno para nuestro deseo en la realidad, solo hay objetos de satisfacción para el deseo en nuestra fantasía, o en el delirio. Sin embargo, esto no quiere decir que dejemos de desear, de crear expectativas, de dejar de buscar aquello que queremos, ya que el hecho de que el deseo no pueda ser satisfecho plenamente no quiere decir que no pueda serlo parcialmente.
No es necesario que seamos felices o estemos tristes todo el tiempo, puesto que estamos aquí, en un sentido para tolerar y sufrir; pero en otro, también para hacer y disfrutar, y dado que la vida transcurre en las oscilaciones, las grandes alegrías, así como las grandes tristezas, los mejores placeres y los peores dolores solo son sentidos en algunos intervalos.
El deseo está ahí para ser deseado y eso no significa que todos los deseos deban ser realizados, puesto que el deseo no pide permiso sino que interrumpe y quizá lo importante radica en otorgarle un sentido a esa circunstancia, con risas y llantos, éxitos y fracasos, presencias y ausencias, encontrando algo significativo en el sufrimiento, que seamos no felices en la totalidad, pero felices en lo singular de nuestro deseo.
Nota: Cualquier comentario sobre la columna con Claudia Méndez del Carpio, psicologa encargada.
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