Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 25 de febrero de 2024
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LECTURAS SUTILES

Pasiones

Hablemos de las pasiones. Seguramente asociemos pasión y amor, pero tomaremos el plural “pasiones” para ahondar un poco más en el tema, y analizar qué tiene el psicoanálisis para aportarnos.

Si buscamos “pasiones” en el buscador, encontraremos definiciones muy interesantes, de las que destacan tres. En primer lugar, podemos leer: “sentimiento vehemente, capaz de dominar la voluntad y perturbar la razón, como el amor, el odio, los celos o la ira intensos”. También “afición o inclinación viva por alguien o por algo”. Y, por último: “padecimiento, especialmente el de Jesús en la cruz”.

Se ubica entonces en las pasiones una fuerza tal que afecta nuestro control, que escapa de nuestras manos. Además, que pueden no hacer lazo con personas, ya que “algo” también las puede movilizar. Y finalmente que no necesariamente son placenteras, sino que pueden conducir al padecimiento.

Pensemos en un ejemplo: hace poco vivimos el mundial de fútbol de Qatar.

¿Habremos visto pasión allí? Sin dudas: el amor por la camiseta, por los colores, los gritos y las lágrimas que brotan sin control, el sufrimiento por las idas y vueltas de los partidos y los minutos que asfixian al equipo.

Freud planteaba una forma propia del aparato psíquico de regular los niveles de excitación: el principio del placer. Se trata de la búsqueda del placer al reducir los niveles de excitación, evitando el displacer causado por un aumento de los mismos.

Se ubica así que tenemos nuestros limites respecto del placer. Hay un punto más allá del cual no obtenemos mayor placer, sino dolor. Ese punto es el más allá del principio del placer hacia el cual tiende el goce.

¿Qué es? Este posee los mismos elementos que ubicamos en las pasiones, incluso podríamos llegar a plantearlos como sinónimos: se trata del placer doloroso que se encuentra más allá de los límites. Por ende, el goce es transgresor, empuja por sobre el principio del placer que lo intenta limitar. Es una satisfacción paradójica: lo que se satisface es ese impulso, pero que es sentido como displacer, como un padecimiento. Lo curioso es que el goce es ni más ni menos que el corazón de los síntomas.

Lacan sostenía que los síntomas eran eso, goce revestido, que, a diferencia de otros fenómenos, se basta a sí mismo, no necesita de nadie más.

Retomando el ejemplo futbolístico, quizás ahora cuando cantemos algunas canciones de cancha las pensemos de otra manera:

“Ole ole ole,

ole ole, ole ola

Ole, ole, ole,

Cada día te quiero más.

Oh, soy de [...]

Es un sentimiento,

No puedo parar”

Sentimientos, cada día un poco más, más allá de nuestro control, no se puede parar. Incluso muchos seguramente hemos escuchado alguna vez a alguien referirse a lo que lo apasiona... ¡como una enfermedad! ¿Quién no conoce un enfermo del fútbol? ¿de la música, de los videojuegos, del amor? ¿Todos estamos enfermos entonces? Lacan dijo: todo el mundo es loco. El desafío es poder hacer algo con nuestros síntomas, dando al goce, a las pasiones, una forma a nuestra medida.