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  • Diario Digital | miércoles, 20 de octubre de 2021
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Miedo o confianza en la pandemia: tú decides

Cecilia Losantos Quiroga, Socióloga de Familia, Terapeuta Holística y Life Coach
Cecilia Losantos Quiroga, Socióloga de Familia, Terapeuta Holística y Life Coach.
Miedo o confianza en la pandemia: tú decides

Una constante a la que hacemos frente en los últimos 18 meses es la sensación de miedo e incertidumbre por algo totalmente nuevo para la humanidad actual, y a lo que muchos se conectan desde una información, en general, ni siquiera verídica sobre el fenómeno de la pandemia.

Ello no tendría mayor relevancia de no ser porque, al conectarse con el miedo, lo que más resulta afectado es el sistema inmunológico, precisamente el responsable de mantenernos en un estado óptimo para no enfermar, pues es nuestro sistema de vigilancia y el encargado de defender al organismo de todo tipo de virus, bacterias y sustancias extrañas (linfocitos y macrófagos tienen la tarea de perseguir, cazar, aislar y destruir todo lo que pueda dañarnos). Además, el sistema inmunológico está conectado a los sistemas neurológico y endocrino, los más relacionados con el estrés. Y está demostrado que un estrés crónico, causante de miedo, depresión o ansiedad, aumenta los niveles de cortisol y reduce las defensas del cuerpo. Ante cualquier amenaza percibida durante más de unos minutos, el cuerpo empieza a tener reacciones tóxicas que generan tensión muscular, interrupción momentánea de la digestión, hipertensión, cefaleas, etc. 

Se sabe, por ejemplo, que el sistema inmunológico reduce su eficacia al día siguiente de una discusión de pareja, o se vuelve más lento en épocas de exámenes (los estudiantes tardan más en curar sus heridas en esos momentos), y si bien el estrés en sí no es el que enferma, limita el funcionamiento inmunológico y nos hace más indefensos ante invasores extraños. 

Ahora bien, ¿cómo puedes reaccionar ante ello? En los hechos, siempre tendrás al menos dos opciones de respuesta: o lo de afuera te rebasa y te controla (sentirte extremadamente vulnerable, casi una víctima segura del virus, de la mala suerte y de la fatalidad) o tú controlas lo externo (te cuidas y te haces responsable no solo de tu estado físico —una alimentación equilibrada, descanso adecuado, ejercicio físico— sino de tu estado  mental y emocional). Tú decides qué pensar y qué sentir, expandiendo las potencialidades de tu mente y, de esta manera, haces de este evento mundial una oportunidad para tu crecimiento personal.

Partiendo del hecho de que tú quieres poner tu 100% para estar bien, algunas actitudes que podrían ayudarte son: observar lo que sientes y dónde lo sientes; escuchar tu diálogo interior: ¿qué te dices?; optar por cambiar tu perspectiva; darte la oportunidad de relativizar lo que piensas y sientes; descubrir tus propios recursos internos para enfrentar esta nueva realidad cotidiana. 

Por otra parte, puedes llevar a cabo algunas acciones: evitar el estrés (no te intoxiques viendo y oyendo las malas noticias); sonreír (aunque no tengas ganas, tu cerebro lo interpreta como una buena señal y responde a ella);      reaccionar con positividad y evitar toda queja (el lenguaje crea realidades); hacer ejercicios de respiración para calmar tu mente; buscar actividades placenteras saludables; distraerte; visualizarte sin miedo y “fingir” que estás bien hasta que lo logres, actuando “como si tuvieras toda la confianza”, porque el cerebro se lo cree. Y ello, no significa que dejes de cuidarte, todo lo contrario.

En otras palabras, está en tus manos decidir en qué escenario moverte: la  zona del miedo (contagiándote de emociones como el miedo y la ira, acaparando comida y medicamentos, quejándote por todo); la zona del aprendizaje (identificando tus emociones y manejándolas, tomando conciencia para decidir cómo reaccionar, dejando de consumir compulsivamente productos e información innecesaria) o, mejor aún, la zona de crecimiento (encontrándole el propósito a esta situación y maneras creativas de apoyar y servir a otras personas, reconociendo lo bueno que esto te aporta para sacar lo mejor de ti, adaptarte a lo nuevo y practicar la tolerancia, el optimismo, la paciencia, la empatía, la gratitud y la solidaridad. 

Puedes también optar por decir una y otra vez “te amo”, el sonido más sanador y transmutador de emociones como el miedo, en alegría, confianza y ganas de vivir. Tú decides.