Liliana Colanzi: “Las escritoras no han sido olvidadas, sino silenciadas”
La escritora boliviana ganó el premio de relatos Ribera del Duero con ‘Ustedes brillan en lo oscuro’, y es considerada una de las figuras más destacadas de las letras en español de la actualidad.
¿Se puede ser una de las figuras más destacadas de las letras actuales en español con apenas 40 años, viniendo de una tradición tan poco atendida como la boliviana, cultivando exclusivamente un género comercialmente menor como el cuento y sin haber publicado en uno de los grandes grupos editoriales de Madrid, Barcelona o Ciudad de México?
Se puede. Porque ese es el perfil de Liliana Colanzi, quien se alzó con el Premio Ribera del Duero 2022 por su libro de relatos “Ustedes brillan en lo oscuro”, publicado con Páginas de Espuma.
Hija de una boliviana de la región amazónica del Beni y de un italiano de los Abruzos, Liliana Colanzi, de 41 años, nació en Santa Cruz y enseña literatura en la Universidad de Cornell (Estados Unidos). Recién llegada de Ithaca y aún bajo los efectos del desfase horario, en la sede de la editorial responde por enésima vez a la pregunta sobre su defensa del cuento como género: “Es como preguntarle a un músico por qué el piano y no la flauta. Es mi vehículo de expresión. Pero no tiene nada que ver con la comodidad. Siempre me resulta difícil. Este libro lo empecé en 2017. Hay escritores a los que les gusta saber hacia dónde se dirigen, saben incluso el final. Yo lo voy descubriendo a media que escribo. Eso es lo que me atrae de la escritura: descubrir aquello que no sabía que sé”.
En 2010, con 29 años, Colanzi irrumpió en la narrativa latinoamericana con “Vacaciones permanentes”, un conjunto de relatos que abordaba a sangre y fuego dos brechas muy concretas: la social (entre ricos y pobres) y la generacional (entre padres burgueses e hijos adolescentes). Descarnadamente urbano, realista y sucio, aquel libro llamó pronto la atención sobre su nombre.
Fue, no obstante, “Nuestro mundo muerto” (2016), con guiños novedosos a lo rural y a lo sobrenatural, el título que la consagró como referente del cambio de paradigma generacional. En la larga resaca del boom, muchos escritores volcaron su imaginación en las ciudades para huir del realismo mágico, convertido en un exitoso pero asfixiante manierismo. Con menos prejuicios que sus predecesores, toda una generación de autoras volvió de nuevo la mirada hacia la fantasía, alimentada esta vez por la subcultura pop, los videojuegos y la ciencia ficción.
Dos frases resumen bien el universo de Colanzi. Por un lado, el título del curso que imparte en Cornell: Cíborgs, animales y monstruos. Por otro, el lema de Dum Dum, la pequeña editorial —dos títulos al año, tiradas de 500 ejemplares―que fundó hace un lustro: “Un pie en la selva y otro en Marte”. “Me fascina el paso del tiempo”, explica. “Y me interesa imaginarlo en una escala superior a la vida humana. Nuestro paso por el mundo es muy corto en comparación con la historia geológica. El planeta ha estado ahí antes que nosotros y seguirá después. Eso es lo fascinante de la literatura: tratar de imaginar lo que nos supera”. Por eso uno de los cuentos de “Ustedes brillan en lo oscuro” no está protagonizado por hombres o mujeres, sino por una cueva por la que van pasando diferentes criaturas a través de los siglos. “Ese es el reto de la ficción”, insiste Colanzi, “descentrar lo humano, asumir que no somos el centro sino un parpadeo en el universo. Me gustaría que mi próximo libro tratara del reino vegetal, que me fascina por lo enigmático y complejo que es. La literatura es la posibilidad de explorar aquello que nos resulta más ajeno y misterioso. Ese es el desafío: extender la mirada más allá de lo humano”.
Con todo, la obra de la autora boliviana está siempre anclada en lo real ―y hasta en lo político y social― sin caer en el costumbrismo: “Me interesa desfamiliarizar lo real llevándolo al plano del horror o del fantástico sin salir del realismo, como hace la cultura popular. Por otro lado, la ciencia, tan pegada a la realidad, a veces parece ficción pura”.
La vuelta a la selva tuvo para Colanzi mucho de vuelta a los orígenes. Su madre procede de Riberalta, un enclave marcado por los “procesos extractivos traumáticos” del caucho y la castaña. Un cuento como “La deuda” transcurre en un lugar inspirado en Cachuela Esperanza, una ciudad amazónica próxima a la frontera brasileña en la que la maleza se ha tragado las ruinas modernas: “Tuvo el primer cinematógrafo de Bolivia y el primer hospital con rayos X. Lo visitaban los millonarios de Brasil. El caucho atrajo aventureros de todo el mundo. Ese esplendor, basado en la explotación de muchos pueblos indígenas, fue corto. Y generó riquezas que no quedaron en el lugar”. ¿Cambió algo con la llegada de Evo Morales al poder? “Ahora hay un orgullo por nombrarse indígena que no existía. Eso ha sido algo histórico, fundamental para cambiar la cara del país, pero habría que pensar la economía sin que implique depredar el Amazonas. Porque el modelo boliviano actual es un modelo extractivista, en alianza con el agronegocio y los intereses corporativos: los bosques de Bolivia arden cada año de manera descontrolada desde 2019, y esta situación es consecuencia directa de la expansión de la frontera agrícola, que amenaza no solo la vida de animales y plantas sino también la de pueblos indígenas que han vivido por mucho tiempo en estos bosques. Hay una contradicción muy fuerte entre el discurso pachamamista del MAS y su alianza con sectores responsables de la depredación”.
La política, el feminismo y la justicia social atraviesan la obra de Colanzi sin subrayados. “Mis cuentos son un reflejo de las cosas que me interesan y de mis ideas políticas”, dice.
La cuentista afirma que su trabajo en la universidad le permite evadirse de la actualidad para centrarse en autoras del pasado cuyo rescate está revolucionando el canon. “Las escritoras no han sido olvidadas, que es algo inconsciente, sino silenciadas, que es algo premeditado. Y algo activo, no se las incluía en las antologías, no se las invitaba a los encuentros literarios y no se las reseñaba”. A nombres clave para su propia obra como Amparo Dávila o Silvina Ocampo, ella añade los de Sara Gallardo o María Virginia Estenssoro, que son parte del catálogo de Dum Dum.
Colanzi dice haberse beneficiado con el peso actual de la edición independiente. Ella ha publicado sus libros en una miríada de sellos pequeños y ha conseguido una repercusión que parecía destinada a los autores de los grandes grupos. Si alguno de estos la ha tentado, ha dicho que no. “¿Para qué?”, argumenta. “He tenido una experiencia maravillosa con editoriales independientes en Colombia, Argentina, Costa Rica, Perú, Chile… Hacen un trabajo para dar a conocer autores nuevos del que pueden aprender mucho las editoriales grandes”. ¿No ha perjudicado eso su visibilidad como autora? “Al contrario. Si mis libros han circulado mucho y bien ha sido por ese trabajo de cada editorial para darlos a conocer en grupos de lectura o en ferias alternativas, a los que las grandes tal vez no están tan interesados en llegar. Yo reivindico ese trabajo”.
Todo un referente en América Latina, solo para el lector hispano-español medio Liliana Colanzi era el secreto mejor guardado de la literatura actual. Hoy ha dejado de serlo con su propia luz.