Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 27 de enero de 2022
  • Actualizado 16:21

Jacinda Ardern: la primera ministra que venció la COVID-19

Con 37 años asumió el liderazgo de su país; está entre los políticos más jóvenes del mundo. Enfrentó el peor ataque terrorista de su nación y dirigió la lucha contra el coronavirus con éxito a pocos meses de terminar su mandato. 

Jacinda Ardern: la primera ministra que venció la COVID-19

“Sé fuerte. Sé amable". Esas son las palabras que utiliza la primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, cada vez que concluye una aparición pública para hablar sobre la pandemia del coronavirus.

El lema resume a la perfección a la propia Ardern, quien ha sido elogiada en todo el mundo por haber logrado que su país se convierta en el primero en eliminar el virus de su territorio (por lo menos de forma temporal).

Y no solo durante esta pandemia. Ya en 2019 Ardern había recogido elogios por cómo manejó la peor masacre en la historia moderna de Nueva Zelanda: el tiroteo contra dos mezquitas en la ciudad de Christchurch, que mató a 50 personas e hirió a decenas más.

Su empático mensaje de inclusión y las duras medidas que lanzó tras el ataque llevaron a que algunos calificaran a la política progresista como la "anti-Trump", la versión opuesta al conservador presidente de Estados Unidos.

Su estilo de liderazgo positivo ha hecho que la gobernante de uno de los países más pequeños del mundo logre ser incluida durante dos de sus tres años de gobierno (2018 y 2019) en la lista de las 100 personas más influyentes del mundo de la revista Time. Son tantas las personas alrededor del globo que admiran a Ardern, que el fenómeno incluso tiene un nombre: "Jacindamanía", que incluye poleras con su rostro, bolsos y otros objetos.

Jacinda Kate Laurell Ardern nació el 26 de julio de 1980 en Hamilton, la cuarta ciudad más grande de Nueva Zelanda. Vive con su pareja, el periodista y presentador televisivo Clarke Gayford, y con su pequeña hija. 

Sus colegas definen a Ardern como una mujer centrada, a lo que se podría añadir responsable e independiente: trabajó desde joven para pagarse la carrera de Ciencias de la Comunicación, y a los 20 años abandonó la fe mormona en la que fue educada fundamentalmente por el posicionamiento antigay del credo. Siempre ha hablado con transparencia de su vida y su pasado. Tanto es así que no tiene reparos en recordar su época de instituto y definirse a sí misma como "la rarita pero aceptable de la clase. Era la diferente, a la que siempre elegían para conducir, pero a pesar de ello nunca me sentí dejada de lado". 

En cuanto a su familia, su padre, Ross, fue policía durante 40 años, y su madre, Laurell, trabajaba en un comedor escolar. Con ella preparaba pasteles que regalaban a pensionistas que no llegaban a fin de mes. De ambos, explica, ha heredado esa conciencia social que ha calado especialmente entre jóvenes y mujeres según las encuestas, y que la ha llevado a descubrir y apasionarse, afirma, "por el bienestar de la infancia y la igualdad económica". Estos son dos de los pilares de su trayectoria política, que inició con solo 17 años, al presentarse como voluntaria al Partido Laborista.

Recuerda el momento en el que se enamoró de la política: "En una visita a la oficina de un funcionario de nuestra región nos explicaron los temas que trataban y me pareció fantástico estar en Wellington (la capital) intentando cambiarlo todo, y al mismo tiempo volver aquí y cambiar el mundo. Después, sentada en mi pequeño Toyo-ta, pensé lo lindo que debía de ser ese trabajo". 

Nada más salir de la universidad, Ardern se fue a trabajar a Wellington, en la oficina de varios     ministros. Luego, fue asesora de Tony Blair y en 2008 resultó elegida presidenta de la Unión Internacional de las Juventudes Socialistas. Obtuvo su escaño como parlamentaria ese mismo año. Pero si hay una fecha señalada en su currículum es el 31 de julio de 2017. Quedaban apenas siete semanas y media para las elecciones generales del 23 de septiembre en Nueva Zelanda cuando Andrew Little, el entonces líder laborista, renunció como consecuencia de los bajos resultados que las encuestas auguraban a su partido, con un magro 20%. Fue él quien la propuso para reemplazarlo, convirtiéndola así en la líder más joven en la historia del partido. Su carácter informal y su cercanía calaron hondo entre los electores, y solo un mes después la intención de voto había aumentado hasta el 43%. Esa fecha los resultados de las elecciones confirmaron que Ardern había conseguido cambiar la suerte de su partido. Entre sus  prioridades aseguró que están el    problema de la vivienda, la legalización de la ma-rihuana y el aborto.

Estas últimas semanas, los ojos del mundo se centraron en ella. Su liderazgo logró vencer el coronavirus y ser ejemplo para otros países. Estas son algunas características que la convierten en todo un personaje: 

DE LAS LÍDERES MÁS JÓVENES DEL MUNDO 

Cuando fue elegida Primera Ministra, en octubre de 2017, Ardern tenía 37 años. En ese momento se convirtió en la mujer más joven en liderar un Estado. Tras la elección de Sanna Marin, de 34 años, en Finlandia, ahora es la segunda líder femenina más joven. Y si sumamos a los hombres, sigue estando en el podio de los 10 más jóvenes.

SE BAJÓ EL SUELDO POR LA PANDEMIA 

Ardern puso en marcha políticas certeras y veloces para contener el coronavirus. Mientras muchos países buscaban aplanar la curva de contagiados, ella anunció que en Nueva Zelanda se buscaría eliminar la enfermedad. Su decisión de cerrar las fronteras y ordenar una cuarentena de cuatro semanas, cuando aún no se había registrado ninguna muerte a causa de la COVID-19, fueron clave, según los expertos.

Además de ser el primer país que pudo terminar con el virus en su territorio aunque Ardern ha advertido que seguramente volverá Nueva Zelanda ha registrado algunas de las cifras más bajas de casos y muertes del mundo: 1.154 infectados y 22 decesos.

Pero la mujer también fue elogiada por sus gestos personales durante la pandemia, como recortar los sueldos del Gobierno en solidaridad con los afectados. A mediados de abril, la Primera Ministra anunció que tanto ella como sus ministros reducirían sus sueldos en un 20% durante seis meses, para mostrar "liderazgo y solidaridad" con los trabajadores en primera línea y con quienes perdieron sus ingresos durante la pandemia.

PROHIBIÓ LA VENTA DE ARMAS 

Tras la masacre de Christchurch, Ardern no solo mostró respeto y compasión, vistiendo un hiyab (o velo) para visitar y abrazarse con los sobrevivientes y familiares de las víctimas mortales del tiroteo, la mayoría de ellos musulmanes. Además, tomó acción: presentó un proyecto de ley para endurecer la venta de armas y menos de un mes des-pués de la masacre, logró que se prohibieran las armas de estilo militar que usó el atacante.

La ley, aprobada de forma casi unánime por el Parlamento, prohibió la mayoría de las armas automáticas y semiautomáticas, y los componentes que modifican las armas existentes.

ESTE AÑO CONCLUYE SU MANDATO 

El ascenso de Ardern ha sido tan rápido como fugaz: en Nueva Zelanda los mandatos duran solo tres años, por lo que su primer término concluirá este año. Sin embargo, es la favorita para las elecciones generales de septiembre. Su éxito y popularidad tienen pocos precedentes: hace apenas cuatro años era una virtual desconocida. 

En tanto, algunos creen que el impacto económico de la pandemia podría perjudicarla. "Ardern ha brillado en la crisis del coronavirus, pero una recesión aún podría condenar sus posibilidades de reelección", publicó recientemente The Guardian.