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  • Diario Digital | domingo, 28 de noviembre de 2021
  • Actualizado 10:04

¿Infidelidad? (Primera parte)

Juan Carlos Azero E. Psicólogo Clínico.
Juan Carlos Azero E. Psicólogo Clínico.
¿Infidelidad? (Primera parte)

Existe un ideal de fidelidad, tanto en hombres y mujeres, que es asimilados desde la temprana infancia por medio de las costumbres y tradiciones familiares. Se desea contar con una pareja estable que nos resguarde de la soledad, alguien con quien pasar el resto de la vida y tener descendencia si es lo que se quiere. Por lo tanto, se cree que se ha encontrado en el otro aquello que nos hace falta para estar completo y ser feliz.

Es así que se instala un sentido de pertenencia sobre el otro que ya no es visto en su alteridad, sino que es percibido como una propiedad, de ella se exige exclusividad, en tanto que no se desea compartirla con otros. El ser infiel a la pareja acarrea la caída de este ideal, pero también trae consigo conflicto, angustia por la pérdida y mucho sufrimiento. En la triangulación propia de la infidelidad encontramos un transgresor que va en contra del convenio establecido en la pareja, una víctima de la transgresión y un amante, quien busca quedarse con el amor de uno de los dos, desplazando al otro.

La infidelidad se presenta de distinta manera en hombres y mujeres. Existe una tendencia general en el pensamiento femenino en la que el amor y el deseo van de la mano, entonces para relacionarse con un hombre, más allá del deseo sexual, debe haber un sentimiento, una atracción que va más allá de lo físico. Sin embargo, existen mujeres que pueden consumar su deseo sexual con un hombre sin necesidad de un vínculo afectivo previo.

Por otro lado, el pensamiento masculino tiende a dividir con mayor facilidad el amor y el deseo, de modo que ambos no confluyen en una misma persona, es algo que no sucede en todos los casos, pero que tiende a repetirse frecuentemente. Es por ello que un hombre disfruta del acto sexual sin la necesidad de involucrarse sentimentalmente con una mujer.

Ahora bien, en el caso de un perverso estructural establece una relación de pareja de un modo superficial, utilitario y transitorio. El perverso es un ser puro de placer, por lo tanto el acto sexual es un acto perverso, donde la satisfacción sexual está por fuera del coito, y radica más bien en el placer masturbatorio. Es alguien que no siente angustia por su vida sexual ni tampoco siente culpa por lo que hace. A la vez, tendrá mucha dificultad para comprometerse en una relación estable. Es por ello que buscará cualquier manera de transgredir el vínculo. Para el perverso su verdadero disfrute en una relación de pareja será hacerle daño al otro, no solamente en la sexualidad, sino en su manera de degradar y hacer sufrir al otro, de modo que encuentra en el acto infiel un medio para tal fin. 

Continuará…

NOTA: Para cualquier consulta o  comentario contactarse con la responsable de esta columna, Claudia Méndez Del Carpio (psicóloga), al correo electrónico [email protected] o al celular/ Whats-App (+591) 62620609.