Gonzalo Ribero, amor al arte en las venas

La fuerte influencia artística que tuvo en su familia marcó la vida del pintor.

 

Tiene el amor al arte en las venas. Desde pequeño Gonzalo Ribero tuvo una fuerte influencia artística gracias a su abuela Maria Mendez de Ribero, quien también fue pintora y tocaba el piano. Recuerda que cuando era niño, se sentaba cerca de ella para escucharla interpretar algunas canciones.

Para Gonzalo el apoyo que recibió en su infancia para hacer arte fue importante. No solo su abuela fue el inicio de esta vida artística, sino su bisabuelo José Armando Mendez, quien fue un gran       poeta. Su padre también hacía música, al igual que sus tíos y otros familiares. “Hay temperamento artístico en la familia. Es hereditario”, menciona.

Como artista no he tenido ninguna dificultad. Uno se tiene que trazar el camino y no esperar que lo ayuden. Pero aquellos que no tienen recursos económicos para entrar a una escuela de Bellas Artes tienen que buscar becas y aquí (en Bolivia) no hay. Eso es lo que hay que apoyar, el talento de los diferentes artistas para que puedan surgir y salir adelante porque se puede vivir del arte”, reflexiona Gonzalo Ribero. 

Desde que era niño pintaba de forma amateur, pero como profesional participó en más de 60 exposiciones individuales a nivel nacional e internacional. Gonzalo asegura  que los bolivianos captan fácilmente sus obras y a los extranjeros les cuesta pero se sienten atraídos por los colores que usa en sus cuadros. También estuvo en muchas exposiciones colectivas alrededor del mundo.

Su mayor fuente de inspiración son cielo y tierra  relacionadas con Pacha. Utiliza la técnica del batán, que es el movimiento pendular del pincel. “Es un movimiento que me sale automáticamente cuando pinto”. Sin embargo, en casa veía la técnica que utilizaba su abuela con el pincel mientras le daba color a algunas flores dibujadas en mantillas y a frutas en algunos cuadros.

Gracias a su formación como arquitecto en la Universidad Mackenzie de San Pablo, el pintor pudo realizar esculturas en piedra y cerámica, además hace fotografía. “Nos daban materias de artes plásticas como si fuera una academia de bellas artes, de acuarela, modelado en arcilla y paisajismo, entre otras cosas”, explica. Gracias a su profesión, obtuvo un reconocimiento por hacer una residencia en cercanías de la avenida Santa Cruz, que ahora es una casa televisiva.

UN ARTISTA VIAJERO

Luego de haber concluido sus estudios universitarios, Gonzalo se fue a Bahía en Brasil, a una playa donde pasó más de un año para dedicarse a la pintura, paisajismo y la pesca.

“Fui alojado en una escuela por los pobladores de playa de El Fuerte. Fue mejor porque pude tener contacto con ellos”, recuerda. Añade que estas personas le pedían retratos porque lo veían dibujar. Como pago por sus dibujos le dieron conchas de mar y frutas.

Después se fue a varias ciudades de América,  Europa y África, donde también pintó.

Gonzalo tiene un gusto peculiar por conocer nuevos lugares, donde puede mostrar su arte.

CONOCIENDO AL PINTOR

Gonzalo Ribero nació en Cochabamba en 1942, actualmente tiene 77 años. Estudió en el colegio La Salle. A los 12 años tuvo el deseo de ingresar al seminario para ser sacerdote, pero su padre no le dejó hacerlo. “Me enfermé cuando mi papá me impidió ser sacerdote”, cuenta. Salió bachiller de este establecimiento educativo, quiso ir Europa a estudiar arte gracias a la beca que obtuvo por la Fundación Simón I. Patiño. Sin embargo, su padre le negó ir a ese lado del mundo por la guerra, por ello es que estudió en San Pablo, Brasil.

Durante la época de la dictadura de Hugo Banzer Suárez, el pintor cayó preso junto a  tres artistas y otras 500 personas. Estuvo recluído por un mes. Ante el temor de volver a caer en prisión, Gonzalo decidió irse a Europa a presentar cuatro exposiciones con trabajo hecho allá.

Luego de toda esa convulsión, conoció a una mujer en Barcelona. Ella también hacía arte en joyería esmaltada en metal. Gonzalo le organizó algunas exposiciones en Bolivia y Venezuela. Se casaron y tuvieron dos hijos, una mujer y un hombre.

En 1992, tuvo un momento doloroso. Cuando retornó de una exposición en Roma le negaron la entrada a su casa y la mujer no le dejó ver a sus hijos por cinco años. Tiempo después retomó la relación con ellos e incluso con sus     nietos. Durante este trayecto, en las navidades que no estuvo con sus hijos, Gonzalo se fue a Totora, donde hizo una gran obra de arte. “Compré una pieza de tela de tocuyo y con los niños del pueblo pintamos con pies y manos. Quedó una belleza”, relata.

La caridad y la compasión con los más necesitados, son cualidades que el pintor tiene. Le gusta colaborar y compartir con personas de escasos recursos invitándoles a comer. Cree que esto se debe al espíritu franciscano que él posee.

Las anécdotas de Ribero son muchas, la mayoría de ellas positivas por la facilidad que tiene para relacionarse con las personas y porque sus pinturas son del agrado de la población. Una experiencia negativa la tuvo cuando la orfebre Nilda Núñez del Prado le recriminó por una obra que hizo. “El arte no debe llegar a la política, sino al contrario” le manifestó la artista a Gonzalo.

La vida de este pintor cochabambino ha sido intensa. Hoy acompañado de su bastón sigue pintando cuadros con variadas formas y colores que gustan a propios y extraños. Pueden verse en las exposiciones que realiza en galerías qhochalas.