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  • Diario Digital | martes, 31 de enero de 2023
  • Actualizado 13:29

El fantasma y la psicosis

Lic. Gisela Calderón Practicante del Psicoanálisis.
Lic. Gisela Calderón Practicante del Psicoanálisis.
El fantasma y la psicosis

Cuando un sujeto se constituye, lo hace desde el traumatismo originario que hará existir un primer significante solitario que agujerea. Un primer trozo de lenguaje que deja su huella sobre un vacío y constituye al ser hablante. De esta huella que partió de una irrupción de goce en la vida, de un real muy propio, se hará un tratamiento especial. Cada quien inventará una respuesta para defenderse de lo real que le resulta ajeno. 

Nos defendemos con una construcción particular que en psicoanálisis llamamos fantasma. Este da un marco hecho de novela que funciona como velo para cubrir esa ajenidad originaria y amenazante. Jacques Lacan lo expresaba como la pantalla que disimula lo absolutamente primero. 

Entonces, ante la falla inicial, el fantasma como respuesta. ¿De qué se trata un fantasma? Se trata de una significación fija que viene a abrochar algo del goce invasivo, al modo de un guión. Ese guión es siempre el mismo y resulta un destino prefijado en la vida de un sujeto. Los hay muy variados.  

Ese axioma, esa frase, es una significación absoluta que cumple una función defensiva; y si estamos frente a un neurótico, esa frase condensa lo fundamental de cómo verá su mundo, de su lente singular y la interpretación será siempre la misma. Esa novela hecha no es sin el operador del Nombre del Padre (operador principal de una articulación) y la significación fálica que son los encargados de metaforizar el goce en juego en la neurosis. 

Ahora, este fantasma, ¿está en la psicosis? Sabemos que en la psicosis, ese goce ajeno, no está mediado por el Nombre del Padre debido a una falla que ha obstaculizado su inscripción. Al faltar este operador principal, ante una contingencia, puede ocurrir un cataclismo a nivel subjetivo, un derrumbe del mundo del sujeto acompañado de una angustia desmedida que lo deja perplejo y enajenado. Aquí podemos hablar de un fantasma que tiene su especificidad ya que funciona como abrochamiento del goce a través de una significación que se le impone y forma parte de su construcción delirante. 

Se le impone enigmáticamente y no sabe bien por qué, no se enlaza a nada, pero hay un convencimiento de que lo involucra de manera certera. Esa respuesta repara la debacle subjetiva como pequeño salvavidas que le da una dirección al psicótico y un soporte cuando la ruptura fue inevitable. Puede lograr una estabilización delirante a partir del fantasma, logrando una vía de arreglo más o menos consistente que lo defiende de un real sin límites para suturar algo de aquello que dejó su mundo boca abajo. Como podemos ver, hay un punto de locura en las respuestas fantasmáticas, todos deliramos desde allí e intentamos hacer un uso de los recursos disponibles para, en definitiva, arreglárnosla con lo real y la vida misma. 

NOTA: Para cualquier consulta o comentario,  contactarse con Claudia Méndez Del Carpio (psicóloga), responsable de la columna, al correo [email protected] o al  teléfono/WhatsApp  62620609. Visítanos en Facebook como 

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