Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 11 de agosto de 2022
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El exilio de la niñez lenca, un llamado que solo escucha el viento

Lideni, del pueblo indígena Lenca, fue exiliada durante dos años junto a su familia después de que su madre recibiera una orden de alejamiento por habitar en Tierras del Padre.

El exilio de la niñez lenca, un llamado que solo escucha el viento. FERNANDO DESTEPHEN-PERSY CABRERA
El exilio de la niñez lenca, un llamado que solo escucha el viento. FERNANDO DESTEPHEN-PERSY CABRERA
El exilio de la niñez lenca, un llamado que solo escucha el viento

Lideni, Eliezer y sus primos comienzan a silbar.  –Están llamando el viento, ya viene –dice Yessenia, madre de Lideni y Eliezer. A los segundos, una ráfaga de viento se escucha. El viento proviene de un bosque de pinos ubicado detrás de la escuela primaria de la comunidad Tierras del Padre, integrada por indígenas del pueblo Lenca, territorio ubicado a una hora (13 kilómetros) de Tegucigalpa, capital de Honduras.

Con apenas nueve años, Lideni Alonzo vivió el exilio de Tierras del Padre, un lugar en donde ella tenía, además de familia y amigos, la facilidad para acercarse a un árbol a bajar mangos. Algo que solían recordar junto con su hermano, Eliezer Alonzo, de siete años, cuando tuvieron que vivir en la ciudad de Tegucigalpa después de salir huyendo de su comunidad.

Al preguntarle si en los dos años en la ciudad consiguió amigos, Lideni responde: “¿Amigos? Enemigos más bien”. Cerca de la casa en la que vivían en Tegucigalpa, Lideni y Eliezer también tenían un árbol de mangos, pero a los niños de la vecindad no les gustaba la idea de compartirlos con ellos. Aunque tenían el permiso de un adulto para coger los mangos, los niños de la zona tildaron de ladrones a Lideni y a Eliezer, que con tristeza decidieron no volver a recoger la fruta del suelo. Hasta disfrutar del fruto de los árboles era difícil estando lejos de su hogar.

Su salida de Tierras del Padre, en 2017, se dio por las medidas de alejamiento que el sistema judicial hondureño le impuso a Yessenia Posadas, madre de Lideni, Eliezer y Raquel, quien tiene un año. Yessenia, una maestra indígena lenca, de 34 años, forma parte del grupo de 11 personas de la misma comunidad que fueron judicializados por usurpación de tierras y recibieron la orden de desalojar su territorio, por lo que tuvieron que dejar sus casas.

Los Lencas son un pueblo indígena que históricamente ha habitado en los países de Honduras y El Salvador. Desde la época precolombina, sus comunidades han sido sometidas a un continuo proceso de asimilación cultural por parte de los ladinos o mestizos, incluyendo la pérdida de su lengua y buena parte de sus rasgos y costumbres propias debido a la discriminación, directa e indirecta, la vulneración de sus derechos y la privatización de sus territorios.

La lucha de algunos de sus miembros ha servido incluso como referencia nacional, como es el caso de Lempira, indígena lenca cuya historia data del siglo XVI y que se convirtió en prócer hondureño, dando origen al nombre de un departamento del país (Lempira) y la denominación de los billetes hondureños (conocidos como “lempiras”). Según la historia, Lempira organizó una guerra de resistencia contra los conquistadores españoles que duró cerca de 12 años y que terminó con su muerte en 1537.

Cinco siglos después de su deceso, ya no son la espada y la cruz las que amenazan a la comunidad de   Tierras del Padre con el pretexto de la civilización, sino una inmobiliaria cuyo nombre no podría ser más emblemático: Inmobiliaria Siglo XXI.

Yessenia recibió la orden de alejamiento el 18 de septiembre del 2017, el día que Lideni cumplía siete años. “Lo pasé mal porque en el día de mi cumpleaños estábamos buscando como jalar las cosas”, dice Lideni sobre lo que se suponía era un día de celebración.

Yessenia, además, era maestra de la Escuela Indígena Lenca Comunidad Tierras del Padre. Ahí solía enseñar la lengua lenca a aproximadamente 70 niños y niñas, entre los que están sus tres hijos. Pero todo esto se terminó cuando la judicializaron por el delito de usurpación de tierras y se le interpuso una orden de alejamiento de su hogar y de la escuela.

Yessenia también es conocida en la comunidad porque impulsó la creación de la escuela, así como por promover la enseñanza de su lengua originaria, que se encuentra casi extinta; por lo que este centro educativo es crucial para que las futuras generaciones hablen su idioma. 

–Hemos sufrido un lingüicidio –dice Yessenia–nos han matado la lengua desde la colonización. Y ahora no hemos avanzado nada porque estamos viviendo lo mismo: persecución y exilio. Nosotros defendemos lo que  tenemos y somos objeto de persecución, de judicialización, como en nuestro caso– añade.

La orden judicial no solo le impidió seguir dictando clases, sino que también la obligó a moverse junto con sus hijos a vivir a Tegucigalpa, puesto que, desde el 18 de septiembre de 2018, es decir, un año después que le impusieran la medida de alejamiento hasta la actualidad (junio de 2022), Yessenia, el 15 de   cada mes debe firmar en un Juzgado de Paz en la capital una hoja donde da cuenta de que sigue en el país. 

De su estadía en la ciudad, Lideni recuerda un centro comercial capitalino que le gustaba, pero estar en Tegucigalpa no era de su agrado porque lo único que podía hacer era estar frente a un televisor.

Su emoción es más grande cuando habla de su comunidad, de los animales que crían en casa, de correr por los bosques, de salir a buscar mangos y de cuidar el jardín junto con su familia en Tierras del Padre.

Pero tanto el bosque, como los mangos y el jardín forman parte de las 10 mil hectáreas que la Inmobiliaria Siglo XXI reclama como propias, las mismas por las que se encuentran judicializadas Yessenia y otras 10 personas de la comunidad que se oponen al desalojo que en más de tres ocasiones han intentado las fuerzas de seguridad policiales por órdenes del Poder Judicial hondureño, de acuerdo con Pedro Lagos, presidente del Consejo Indígena Lenca de Tierras del Padre. El desalojo no incluye solo a estas 11 personas y sus familias, sino a alrededor de 120 familias que habitan en la comunidad de Tierras del Padre.

El último de los intentos de desalojo sucedió el 9 de febrero de 2022. Los medios de comunicación cubrieron el hecho, que concluyó en una imagen de resistencia por parte de los pobladores y los niños y las niñas de la comunidad, quienes abrigados y cubiertos con tapabocas entonaron el himno nacional hondureño en lengua lenca. Finalmente, tras las imágenes dramáticas que transmitieron los medios, se lograron evidenciar inconsistencias en la orden de desalojo y cancelaron el desplazamiento.

De ese día, Lideni recuerda que Eliezer era parte del grupo de niños que cantó el himno nacional. Además de lenca, también saben algunas palabras en inglés y le dan el crédito por ello a su maestra, Yessenia, su madre.

En medio de la desesperación de ser desalojados ese 9 de febrero, Lideni y su familia entraron a su casa y se encerraron. “De aquí no nos salimos, solo si miramos que hay peligro sacamos los niños, pero nada más”, fueron las palabras con las que Yessenia determinó la decisión familiar.

Honduras es un país pluricultural y multiénico, los grupos étnicos se enfrentan a una situación de exclusión, marginación y discriminación de acuerdo con el informe Pobreza étnica en Honduras, publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo en 1999. Esa situación no se ha revertido y en la actualidad la población indígena Lenca de Tierras del Padre es víctima de un proceso lento de resolución legal por parte de entidades del Estado y que favorece a una de las partes, de acuerdo con los líderes de la comunidad.

Yessenia remarca las consecuencias de tener que salir de su comunidad y considera que las autoridades no miden el daño económico y psicológico a su familia.

–El estado de Honduras pensó que solo eran medidas de alejamiento –dice–, pero no sabe todo lo que arrastra en ese sentido. Por eso yo les digo: ni con una recompensa millonaria van a lograr saldar el daño que nos han hecho a nosotros y a nuestros niños también.

Pero el problema continúa, la zozobra invade la mente de los adultos, niños y niñas de Tierras del Padre ante otro posible intento de desalojo y las medidas de alejamiento que imponen a sus líderes. Para poder sobrellevar el litigio, los pobladores tienen un trato con un abogado privado que financian con aportaciones de toda la comunidad; además, cuentan con la ayuda de varias ONG que los asesoran legalmente.

LAS PRESIONES POR LAS TIERRAS

La Inmobiliaria Siglo XXI, que pretende cons-truir en el predio de Tierras del Padre un proyecto habitacional, tiene como figura visible en medios de comunicación a Mario Facussé, empresario hondureño cuya familia es una de las más adineradas de Centroamérica, según un artículo de BBC de 2017.

Facussé, que se define a sí mismo como un constructor, se encuentra disputando 10.000 hectáreas de tierra que dice haber comprado a la empresa Corporación Inmobiliaria de Inversiones en Tierras del Padre. Los indígenas del pueblo Lenca en Tierras del Padre, por su lado, señalan que estos terrenos les pertenecen por la existencia de un título ancestral que data de 1739, de acuerdo con Pedro Lagos. Pero Facussé los acusa de ser invasores de su propiedad y por ello están judicializadas estas 11 personas que se oponen al desalojo, donde habitan alrededor de 350 personas.

A pesar de su corta edad, los hermanos Alonzo tienen una infancia marcada por el exilio de su comunidad y la cercanía con otras luchas indígenas en el país. Lideni y Eliezer recuerdan cuando estuvieron por cuatro días en el campamento ¡Viva Berta!, que se desarrolló frente a la Corte Suprema de Justicia de Honduras durante el juicio a David Castillo, condenado como culpable por ser coautor en el asesinato de la ambientalista y líder indígena lenca, Berta Cáceres.

Acompañar a su madre después de que se le impusieron medidas de alejamiento los convirtió a ellos también en exiliados. Pero aún en el momento más complicado, ese 18 de septiembre que partieron de su hogar, dejaron algunas cosas con la esperanza de regresar.

Lideni compartió esa esperanza que también tuvo Berta Cáceres, quien fue asesinada en 2016 por su oposición a las concesiones de ríos en todo Honduras y que solía decir: “Cuando iniciamos la lucha contra Agua Zarca yo sabía lo duro que iba a ser. Pero también sabía que íbamos a triunfar. Me lo dijo el río”.

Lideni, Eliezer y sus primos silbando al viento son un ejemplo de los saberes aprendidos en el contacto con la naturaleza y que se les han hecho posibles por vivir en Tierras del Padre, donde sus familias los involucran en el cultivo de parcelas y donde asisten a una escuela primaria empeñada en recuperar su cultura en un sentido amplio.

Cuando a Lideni se le pregunta si sabe por qué su madre se tuvo que ir de Tierras del Padre, ella no lo duda: –Nos fuimos porque mi mamá tenía una orden de alejamiento por defender las tierras –dice, impávida a sus nueve años.

A su lado, Yessenia sonríe, como escondiendo que ella le ha enseñado parte de esa conciencia en defensa de las tierras que reclaman como suyas.

Aunque también pudo haber sido el viento, ese que viene y que responde cada vez que Lideni, Eliezer y sus primos lo llaman.

–Ya viene –dice Yessenia, mientras el viento se cuela entre los pinos detrás de la escuela.

*Esta historia hace parte de la serie periodística Dibujando mi realidad, #NiñezIndígena en América Latina, cocreada con niños, niñas, periodistas y comunicadores indígenas y no indígenas de la Red Tejiendo Historias, bajo la coordinación de Agenda Propia y coproducida con Contracorriente.