Las estrellas rojas: las jugadoras españolas que brillan más allá de la polémica
Jenni Hermoso, Aitana Bonmatí y Olga Carmona son tres ganadoras del Mundial Femenino. Sus historias muestran que el balompié puede convertirse en una herramienta de deconstrucción social, lucha por la equidad y realización personal.
El 20 de agosto, el estadio Australia, en Sídney, vio la última atajada de la arquera Catalina Coll y escuchó el pitido final. Luego solo se vivió fiesta, emoción desbordada y felicidad. La selección española se había consagrado como la campeona del Mundial Femenino 2023.
Pero poco después de aquella algarabía llegó la polémica. Un beso no consentido a una de las jugadoras, un familiar muerto y una serie de renuncias a la Real Federación Española de Fútbol (RFEF). El escándalo fue tal que el foco de la opinión pública se asentó sobre eso y la victoria quedó casi olvidada.
Sin embargo, las estrellas rojas, las campeonas, tienen historias que van más allá de la controversia. Jenni Hermoso, protagonista del incómodo beso por parte de Luis Rubiales, presidente de la RFEF, enfrentó las burlas para jugar al fútbol. Aitana Bonmatí pasó de jugar solo con hombres a ganar el Balón de Oro como la mejor jugadora del Mundial. Y si de resistencia se trata, Olga Carmona es la muestra: mientras celebraba la victoria de su equipo, su papá fallecía.
Estas tres mujeres son el ejemplo de que el balompié puede convertirse en una herramienta de deconstrucción social, lucha por la equidad y realización personal.
LA FUTBOLISTA QUE SE CONVIRTIÓ EN EL DAVID DEL GOLIAT RUBIALES
Hace unas semanas, la máxima goleadora histórica de la selección femenina de fútbol no podía ni imaginar que un beso robado a sus labios iba a detonar una auténtica revolución, no solo en el mundo del balón, con la Real Federación Española de Fútbol, sino en la sociedad catalana y el resto del mundo. Lo sucedido con Luis Rubiales tras la final vencida del Mundial Femenino, más allá de quedar para los anales como una anécdota nefasta o un delito, lo hará como un momento clave para la conciencia social sobre la igualdad.
A la mujer que lo ha logrado, cuando lo único que ella quería era ganar un partido de fútbol, siempre se la presenta como la 'futbolista de Carabanchel' y si el nombre del barrio madrileño está tan vinculado al suyo es porque es de los que imprimen carácter. Un barrio tan castizo como popular y militante en el sur de Madrid. Ahí nació Jennifer Hermoso el 9 de mayo de 1990. "Estoy súper orgullosa de ser de barrio", dijo más de una vez.
Juega en el equipo mexicano Pachuca Femenil, desde junio de 2022 después de una carrera que la ha llevado por el Atlético de Madrid, el Rayo, el Tyresö sueco, el Barcelona (donde se consagró), el PSG, y luego de vuelta al Atlético y al Barcelona antes de llevar su juego a los campos mexicanos.
Jenni pertenece a una generación donde ya no era imposible ver a una niña jugando al fútbol con los niños en el patio, pero aún se consideraba una rareza. Ella misma, según ha contado su hermano Rafa, llegaba a casa a menudo llorando y enfadada porque los niños no la habían dejado jugar al fútbol con ellos. Pero quien resiste gana, ya lo sabemos, y llegó un punto en que Jenni había logrado aventajar técnicamente a todos los compañeros de clase, y entonces tampoco querían jugar con ella porque les ganaba. Pero ya se había acostumbrado. Su abuelo había sido portero del Atlético de Madrid y le había inculcado el amor por el fútbol.
Que no era capricho pasajero lo tenía muy claro la familia, para la que la relación de Jenni con el fútbol llegó a convertirse, según su hermano Rafa, en un auténtico sufrimiento: "Lo pasaba realmente mal, el fútbol era su gran pasión y durante muchos años le impidieron jugar". Y como lo pasaba tan mal, el abuelo le buscó un equipo mixto en el barrio de Comillas para que pudiera jugar.
Porque esas pasiones que se engendran cuando eres pequeña te pueden llevar, si las condiciones son idóneas, a crecer con una concentración absoluta en tu objetivo, y ese fue el caso de Jenni, que a los 12 años ya estaba enrolada en el Atlético.
Desde entonces su carrera futbolística no ha hecho más que crecer y está considerada una de las mejores futbolistas del mundo. Ha obtenido el galardón a la máxima goleadora del campeonato español en cinco ocasiones y dos veces (una de ellas en este último Mundial), ha sido Balón de Plata. El relato que hace de sí misma, a lo largo de entrevistas y de sus redes sociales, está siempre marcado por la felicidad de las victorias y por la fortaleza de los vínculos familiares.
En las últimas fiestas del Orgullo en Madrid, Jenni aparecía en una foto en su Instagram haciendo el signo de la victoria en la plaza de Cibeles madrileña y con un escueto mensaje: "Visibilidad, orgullo y resiliencia". Esa resiliencia de la que hablaba en su mensaje es de la que hace gala hoy, desde el turbio asunto Rubiales del que ha sido indeseada protagonista. Frente a lo que su madre hubiese deseado en un primer momento -dijo a los medios que había que pasar página, dejar ese tema y concentrarse en la victoria obtenida- ella no ha callado. Se ha mantenido firme, coherente y contenida. Quien resiste gana, ella lo sabe bien porque es la historia de su vida.
DE JUGAR CON CHICOS A GANAR EL BALÓN DE ORO
Aitana Bonmatí fue una de las 15 jugadoras que se revelaron contra la RFEF y mandaron un correo para informar que no acudirían a la selección hasta que no se llevaran unos cambios en el funcionamiento. Y también fue una de las pocas que enviaron otro correo para explicar que estaban disponibles para ser seleccionadas y jugar un Mundial.
Bonmatí nació, en 1998, en Vilanova i la Geltrú, Barcelona, y ha vivido toda la vida en Sant Pere de Ribes. Jugadora del Barcelona, fue una de estrellas en las categorías inferiores.
Quemó rápido todas las etapas en el Barça hasta consolidarse en el primer equipo y en la selección española absoluta. El año 2019 supone un punto de inflexión ya que se convirtió en titular en la final de la Liga de Campeones y participó en el Mundial.
El fútbol entró en su vida cuando empezó a jugar con los chicos en el patio del colegio. Con siete años se apuntó al equipo de su pueblo, el CD Ribes, y luego pasó al CF Cubelles, donde estuvo dos años. Durante todo ese tiempo jugó con varones, de hecho era la única mujer del equipo. Eso cambió en 2012 cuando empezó a jugar con chicas por la reglamentación. Poco después, la fichó el Barça y estuvo en el cadete-juvenil y dos más en el Barça B antes de dar el salto al primer equipo. Además, tuvo la oportunidad de progresar en todas las categorías inferiores de la selección hasta llegar a la absoluta.
El fútbol es su vida, pero también le da importancia al aspecto académico y está estudiando Ciencias de la Actividad Física y el Deporte. Le apasiona tocar la guitarra, viajar y conocer mundo. Por lo pronto, ha llegado hasta las antípodas y a una final de Mundial.
ENTRE EL FÚTBOL, EL FLAMENCO Y EL TRIUNFO AGRIDULCE
Es uno de los nombres del momento: Olga Carmona. Fue la encargada de meter a España en la final del Mundial (al lograr el segundo gol contra Suecia). También fue la artífice del tanto que dio el campeonato a la Roja. La gran heroína de la final tuvo que lidiar con una agridulce victoria, ya que su padre falleció horas antes de lograr el gol decisivo. Su familia decidió no informarle a la jugadora hasta después del partido.
Más allá de esa gran gesta deportiva, Carmona tiene una vida que estuvo a punto de no tener nada que ver con el fútbol. De hecho, antes de practicar este deporte de forma profesional, la sevillana se decantaba más por la natación, el tenis o el flamenco.
Incluso su madre se resistió en un primer momento a que se dedicara al balompié: “No quería que jugara al fútbol, porque entonces había muy pocas chicas jugando; yo quería que hiciera otros deportes, aunque me tuve que resignar porque lo único que quería era darle patadas a un balón”, dijo su mamá.
Su inclinación por las otras disciplinas deportivas, así como por los tablaos, fue corta. Con siete años colgó los tacones, la raqueta y el traje de baño y se centró en lo que había visto ya practicar a sus hermanos. En el fútbol encontró su verdadera vocación. Tanto su hermano mayor Fran, como su mellizo Tomás inculcaron el amor por este deporte a Olga y desarrollaron carreras en esta disciplina.
Aunque la primera parte de su formación como futbolista fue en su Sevilla natal, pronto llegó el momento de dar el salto hacia nuevos retos. En 2020 llegó a Madrid y tuvo que dejar atrás su círculo familiar, algo que no fue nada sencillo ni para la jugadora ni para su madre. Ha confesado en varias ocasiones que le costó mucho el cambio porque con su madre tiene un vínculo muy especial.
También reconoce que para ese cambio vital tuvo mucha importancia la figura de su psicóloga. Porque Olga trabaja su mente igual que en su preparación física. “Te pueden funcionar las piernas, pero si no te funciona la cabeza, no sirve de nada”, explicó.
Olga es una jugadora con una personalidad muy fuerte, dentro y fuera del campo. Ella misma ha reconocido que es una jugadora muy intensa en el campo y que tiene mucho carácter. Esa pasión no solo la demuestra en la cancha, sino también en su día a día: la futbolista dedica una parte a su actividad en Valdebebas (la ciudad deportiva del Real Madrid) y la otra parte a su formación académica, estudia Ciencias de la Actividad Física y del Deporte.
Una vuelta por sus redes sociales nos da alguna pista más sobre la trayectoria vital de la futbolista: imágenes familiares, fotos en la playa, algunos destinos vacacionales, los meses de encierro por el coronavirus, y sobre todo fútbol, la gran pasión de Carmona que ha convertido a España en campeona del mundo.