Eduardo Guillén, el trabajador que vio el amanecer de OPINIÓN
Eduardo Guillén, “Osito” para los que tienen el gusto de trabajar con él, nació en Cochabamba, el 4 de marzo de 1965. Hace unos días, cumplió 40 años como miembro de OPINIÓN. Sí, empezó muy joven.
Culminando el bachillerato, Eduardo se inscribió a la carrera de Auditoría, pero la presión por generar recursos —con 19 años, estaba recién casado y esperando al primero de sus cinco hijos— lo llevó a priorizar la búsqueda de un empleo estable.
Para su fortuna, su madre era amiga del recordado periodista Alfonso Rojas Moncayo, y fue este quien lo recomendó para cumplir la función de mensajero y distribuidor.
El diario OPINIÓN salió a las calles el 13 de enero de 1985, y Osito se incorporó poco después de la primera semana.
ANTES QUE LOS GALLOS
Lleva cuatro décadas despertando a las tres de la madrugada, parece un castigo, pero don Eduardo lo asimila como parte de la vida.
Para las 3:30, ya debe estar acomodando los diarios que despachará a distintos puntos de la ciudad, y del país.
Antes de los panaderos, encontrando a trabajadores de limpieza barriendo las aceras —quizás a algunos fiesteros trasnochados—, Osito recorre las calles libres del tráfico del día. Los primeros ejemplares los encarga en la Terminal de Buses, luego en la parada de minibuses hacia Capinota; finalmente, en el aeropuerto. Luego, toca su ruta hacia los domicilios de los suscriptores y empresas que solicitaron el periódico.
De regreso en las oficinas, se dirige hacia los almacenes, revisa que todo esté en orden, e identifica los insumos que deben reponerse. A las 11, inicia sus tareas de mensajería y correspondencia. Y cuando la hora marca las 16:00, puede ir a casa; debe acostarse temprano, para reiniciar otra vez al día siguiente, antes que los gallos.
EL AYER, EL AHORA
Como actual Jefe de Almacenes, a don Eduardo le pega de forma especial cómo los volúmenes de producción del periódico se fueron reduciendo con los años. Él vivió la época en la que OPINIÓN sacaba un número importante de suplementos.
“Láminas, libros: Matemática, Química y Física (…) los Larousses llegaban en cajas”, recuerda; añadiendo que se necesitaban camiones para distribuirlos todos. “En su auge (…) y se agotaba”.
Los lectores más antiguos también deben tener esa vieja imagen: el periódico se vendía con un suplemento.
“Esos años se llevaban fardos, diario”.
Osito ve con pena cómo los periódicos han perdido espacio, y junto a ellos, los libros.
Pero no solo los impresos disminuyeron, también la gente que formaba parte del diario.
“Éramos 60 antes, ahora somos 20 y pico”, cuenta, refiriéndose al número de trabajadores en OPINIÓN.
Madrugador como es, don Eduardo fue de los primeros en llegar, vio el amanecer de OPINIÓN y conoció a los otros forjadores del periódico, Edwin Tapia, Graciela Méndez, y también a periodistas antiguos como Piti Novillo y Jaime Buitrago.
Estuvo aquí cuando llegaron las siguientes generaciones, y también cuando partieron colegas. “Pero hemos seguido adelante, hasta la fecha”.
“Ahora espero trabajar unos años más y después jubilarme”. Ya podría hacerlo, agrega, pero quiere seguir un poco más.