Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 14 de abril de 2024
  • Actualizado 19:36

Crónicas de la peste

Jorge Bafico, Psicoanalista- Doctor en PsicologÍa, Miembro de la AMP 

Montevideo-Uruguay
Jorge Bafico, Psicoanalista, Doctor en Psicología.
Crónicas de la peste

PARTE  1

Una pandemia ha estallado, una que porta un nombre vinculado a la realeza, y todos nos hemos inclinado ante ella, pero no por respeto o devoción, sino por el miedo y el exceso de información. Apareció como un tsunami, con una fuerza mediática arrasadora que nos obsesiona, nos aterra y, aunque no sea mortífera al cien por ciento, sí se ha convertido en una enemiga terrorífica en nuestro imaginario. 

Uruguay no ha tenido tragedias colectivas como terremotos, tsunamis u huracanes. Somos legos en esta materia, por tanto, esta parece ser nuestra primera vez en un fenómeno de tal magnitud. El pánico y la incertidumbre se apoderaron de nosotros, dejándonos sin respuestas hasta ahora.

Las redes tomaron la delantera en el “tratamiento” de esto e invadieron con recetas y hashtags para ayudar a desangustiar. Para eso, organizarse en horarios,     ordenar placares, leer, mirar series, terminar con antiguas tareas, etc. todo para intentar evitar lo inevitable: la angustia que produce el efecto de lo real.

En el tiempo de los discursos higienistas que pretenden una especie de asepsia emocional, donde se anhela que la afectación no exista y donde la toxicidad siempre es del otro, el coronavirus viene como anillo al dedo. Un intento pueril de resolver algo del pánico instalado, porque la realidad “objetiva” no prima sobre una mucho más importante: aquella llamada realidad psíquica o subjetiva, esa que creó un gigante terrible y mortífero llamado coronavirus, una versión de un Otro sin límites que se mete por todos lados, por los barrios, por las casas, por los cuerpos, convirtiéndonos en puro objeto de control.

La contracara del discurso higienista es la inhibición, aquella que aparece en todos nosotros, comilones voraces de toda la información que nos llega, pero con la imposibilidad aún de metabolizarla. 

Generamos una maquinaría, de la que somos parte, que atiborra de información en programas de televisión, en noticias en internet, pero también en grupos de WhatsApp donde los memes y las diferentes teorías del origen de este mal conviven en un caos armónico sin necesidad de verificar si esos contenidos tienen asidero o no y la multiplicación de los pensamientos personales virtuales en torno a lo que hay que hacer o no hay que hacer en estos tiempos oscuros. Avasallados por una información en exceso que no da respiro para poder pensar en qué nos está pasando y en cómo resolverlo.

Nuestra vida diaria, aquellas rutinas como el trabajo, la vida social, las actividades culturales, las académicas, los casamientos, han sido truncadas. Hoy estamos silenciados e inhibidos por este real que detuvo al mundo, en todos sus ángulos; sin embargo, una vez más los artistas tomaron la delantera y organizaron conciertos desde sus casas, primero solos y después acompañados por su banda desde la virtualidad. También aparecieron otros, con menos nombre y convocatoria, que cantaron desde sus balcones, regalando conciertos barriales y entrañables. Y los vecinos se empezaron a conocer desde la lejanía. Los profesionales salieron al ruedo ofreciendo su experticia a aquellos que los necesitaban. Los médicos, enfermeras, y personal de la salud comenzaron a ser aplaudidos y respetados como nunca por su labor heroica… continuará.

NOTA: Para cualquier consulta o comentario contactarse con la responsable de esta columna, Claudia Méndez Del Carpio (psicóloga), al correo electrónico [email protected] o al celular/  WhatsApp (+591) 62620609.