Clínica con perspectiva de género
Para el trabajo con adolescentes se necesita un espacio propio, separado de las figuras parentales; resulta fundamental crear un vínculo de confianza e intimidad en el tratamiento. El psicoanalista Alexandre Stevens nos plantea que la adolescencia es síntoma de la pubertad, es una etapa en la que se producen muchos cambios y, en la mayoría de casos, se acompaña de dudas e incertidumbres; además, se desarrolla un nuevo cuerpo e identidad propia. En los tiempos actuales es necesario hacer uso de las nuevas tecnologías, produce un beneficio incluir en el tratamiento lo que hoy forma parte del lenguaje adolescente.
La clínica pensada desde los estudios de género permitirá abordar -este es el propósito- la singularidad y el deseo del sujeto, incluso si eso implica la ruptura de estructuras como la idealización del amor, las relaciones de pareja y familia como estructuras rígidas que responden a algo que anteriormente funcionaba en términos reproductivos.
Con las feminidades se recomienda una revisión acerca de la salud mental femenina, como aporte a los estudios e investigaciones desde la filosofía, la sociología, la política, la antropología, la psicología, el psicoanálisis clásico y sus importantes descubrimientos. A propósito de estas contribuciones, la filósofa Luisa Muraro se ha encargado de teorizar acerca del orden simbólico de la madre: un aporte que permite pensar a la feminidad como una imagen activa en la crianza de la niñez, y no como una posición pasiva donde se establece un valor nutricio y reproductor.
En el trabajo con masculinidades, la teoría de género comienza a plantear una ruptura del orden heteronormativocispatriarcal para pensar “nuevas masculinidades”, que tiene que ver con varones que presten atención a sus dificultades, afectos, la homofobia, la impotencia sexual, las transiciones en los ciclos vitales, etc.
Estos lineamientos sirven para pensar la construcción de masculinidades y feminidades flexibles en función de una reducción de sus padecimientos como apertura al trabajo en términos de agencia y respeto por la otredad.
Parecería ser que, más allá de las diferencias, la clínica con perspectiva de género plantea como fin deseable del trabajo clínico, es que sea una transformación del sujeto: como una adaptación y reforzamiento del yo en el análisis norteamericano; como una internalización trasmutadora de Heinz Kohut; como un acceso a la posición depresiva en Melanie Klein; o como una destitución subjetiva y atravesamiento del fantasma en términos de Jacques Lacan.
Si sumamos a cualquiera de estos planteos una clínica que se pregunte por los preconceptos que el ser hablante adquiere en relación al género, se evocará a procesos de subjetivación como si fueran un matiz emancipatorio de aquello que el poder, en todas las épocas, ejerce sobre cada sujeto.
NOTA: Para cualquier consulta o comentario, contactarse con Claudia Méndez Del Carpio (psicóloga), responsable de la columna, al correo claudiamendezdelc@gmail.com o al teléfono/WhatsApp (591) 62620609. Visítanos en Facebook como LECTURAS SUTILES.