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  • Diario Digital | jueves, 04 de junio de 2026
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‘Clínica de muñecas e imágenes’, cuando la magia de los recuerdos se restaura en la Llajta

La clínica de muñecas atiende en la céntrica calle Colombia casi Oquendo, en “Iconos, arte y restauración de imágenes”, un pequeño taller escondido en el centro de la Llajta con más de 80 años en el rubro, donde los propietarios de muñecas y otras imágenes, en su mayoría religiosas, se reencuentran con sus mejores recuerdos.  
La clínica de muñecas atiende en la céntrica calle Colombia casi Oquendo, en “Iconos, arte y restauración de imágenes”./  DICO SOLÍS
La clínica de muñecas atiende en la céntrica calle Colombia casi Oquendo, en “Iconos, arte y restauración de imágenes”./ DICO SOLÍS
‘Clínica de muñecas e imágenes’, cuando la magia de los recuerdos se restaura en la Llajta

Si a tu muñeca de antaño le faltan pestañas, ojos, cabellos o tiene fracturas en brazos y piernas, Isabel Quinteros, una artista con más de tres décadas de experiencia en la restauración las repara en un lugar único: una clínica de muñecas e imágenes, ubicada en Cochabamba, en el corazón de Bolivia. 

Hoy, la clínica de muñecas atiende en la céntrica calle Colombia casi Oquendo, en “Iconos, arte y restauración de imágenes”, un pequeño taller escondido en el centro de la Llajta con más de 80 años en el rubro, donde los propietarios de muñecas y otras imágenes, en su mayoría religiosas, se reencuentran con sus mejores recuerdos.  

RESTAURADORA

Las “pacientes” que llegan a las manos de la experta Isabel, lo hacen con varias “dolencias”, desde aquellas a las cuales les falta dedos, ojos, cabellos o pestañas hasta las que reportan serias fracturas en sus extremidades.  

“Para mí la restauración significa todo, es pasión, es todo. Me siento como una doctora que tiene que curar al santo, al niño, a la muñeca. Igual que el médico, todo aplicamos acá, desde traumatología hasta psicología”, revela Isabel, quien conversa con las piezas antes y después de su intervención.   

A diferencia de antes, cuando las muñecas eran de porcelana, de procedencia europea, con piezas movibles, cabello y pestañas naturales, además de ojos que se abrían y cerraban, hoy son de origen chino, cuerpo de algodón o trapos y cabeza, pies y manos de porcelana. 

“Hoy las muñecas son económicas, antiguamente costaron una fortuna. La gente pudiente nomás tenía”, expresa Isabel. 

Así, entre pinceles, oleos, lijas y un equipo quirúrgico artesanal de cuchillas fabricadas por ella misma, Isabel comienza con la intervención pegando y procediendo al masillado de cada pieza rota. 

Tras ello, la restauradora procede a lijar la pieza, a fin de que “no se note la parte dañada”. En la recta final, comienza la danza de oleos, el secado y el pulido. Acá, la meta es lograr el “mismo tono antiguo” de la reliquia. 

“En esta fase, recién viene el acabado final con sus chapitas, cejitas, labios y el retoque final”, precisa Isabel, quien con su amplia experiencia demora de tres a cuatro días hasta una semana, dependiendo de la “gravedad de la dolencia”, en la intervención.   

A pesar de que con el pasar del tiempo, la refacción de muñecas es un arte que se va desvaneciendo, en “Iconos, arte y restauración de imágenes”, Isabel todavía devuelve la vida a más de 10 por año. 

LAS ABUELAS 

Pero, ¿quiénes son las que todavía acuden a las manos expertas de Isabel? Pues, los abuelos y las abuelas, quienes guardan celosamente sus recuerdos y reliquias para regalar a sus nietas estas piezas de antaño.    

“Las abuelitas me dicen: ‘Quiero regalar a mi nietita, a mi primera nietita quiero regalar por eso quiero restaurar’. Entonces, por eso se los restauro”, comenta la restauradora, en medio de su taller, rodeada de piezas rotas, pintura, libros de arte y piezas olvidadas por años. 

El taller es conocido en todo el territorio nacional, incluso en Estados Unidos, desde donde una residente boliviana llega cada año para que Isabel realice un “mantenimiento general” de su niño para Navidad.   

IMÁGENES

Además de muñecas, en “Iconos, arte y restauración de imágenes” Isabel también restaura otras imágenes fabricadas en cerámica, cera, maguey, yeso, madera y resina plástica. 

Entre ellas, niños, cristos, vírgenes, además de otros juguetes, piezas decorativas e incluso vajillas de colección. 

En cuanto a las vírgenes, las piezas más grandes a ser intervenidas en profundidad proceden de las provincias, sobre todo de Arani, Punata, Mizque y Aiquile. Empero, los propietarios de vírgenes más pequeñas, buscan un “retoque completo” de esta pieza mariana. En el caso de los cristos, “mayormente llegan por los brazos o dedos rotos”, detalla Isabel. 

LOS NIÑOS 

A pesar de que al taller de Isabel llegan todo tipo de imágenes, los niños de Navidad son los más atendidos. A la mayoría le faltan dedos, pestañas o cabellos. Muchos clientes buscan su “retoque completo”. 

“Todo el año llegan niños, pero mayormente me traen en Navidad. Son niños de cera, porcelana, los antiguos cuzqueños con ojos de cristal, dientes, lengüita y livianos. Los niños antiguos hacían de maguey, por eso son livianos”, explica la experta. 

EL TIEMPO 

Mientras observa una estatua de San José, una pieza centenaria que llegó al taller sin dedos y problemas con los pies, Isabel cuenta que existen clientes que olvidan a sus imágenes. Empero, también hay quienes retornan para recuperarlas luego de, incluso, 10, 15 y hasta 20 años.  

“Una señora dejó un niño se cera y ha venido luego de 15 o 20 años para recuperar por lo menos un dedo de su niño”, relata a la revista ASÍ.   

En “Iconos, arte y restauración de imágenes” también se realizan todo tipo de pedidos de imágenes a pedido. Basta una foto y un tiempo prudente de solicitud.

EL ORIGEN 

La clínica de muñecas, posiblemente la única y última de Cochabamba, nació de la pasión de Norah, su propietaria, quien desde niña amó estos juguetes marcados por la infancia de cada niña. 

La artista cochabambina, cuya fascinación por las muñecas se remonta a su infancia, dedicó más de 50 años a su restauración y reparación. Falleció a sus 85 años, entre muñecas y su pasión por el arte.  

Todo comenzó con un taller en la calle Junín, siguió con otro en la Colombia casi 25 de Mayo y se mantiene con la clínica “Iconos, arte y restauración de imágenes” que se encuentra en la Colombia, a pasos de la Oquendo. 

INSPIRACIÓN 

Con alma de artista, Norah aprendió el oficio y la profesión de su padre, José Gumucio, otro artista cochabambino que se formó en restauración y otros cursos, entre ellos fundición, en Argentina, país marcado por la influencia italiana y francesa.  

“Ella trabajaba desde sus 14 años con su papá restaurando imágenes acá en Bolivia”, cuenta Isabel, quien heredó las técnicas y destrezas de su mentora desde sus 21 años. 

La familia Gumucio Arce aún evoca los recuerdos de Nora acompañando a su padre por los valles qhochalas, donde juntos restauraban el alma de las capillas a través de sus piezas.

“Todo lo que he aprendido, todo me ha enseñado. Me enseñó a restaurar, poner pestañitas, cabellitos, también traían de porcelana y marcos antiguos con pan de otro”, rememora Isabel. 

INSTITUTO SUPERIOR DE ARTES

En su juventud, Norah perfeccionó su arte en el Instituto Superior de Artes Plásticas "Raúl G. Prada". Allí, entre pinceles y oleos, conoció a su esposo, con quien compartió su amor por el arte, llegando a jubilarse como profesores de dicha escuela. 

El pintor y restaurador de cuadros coloniales y republicanos, Rafael Arze, hijo de Norah, cuenta a la revista ASÍ de OPINIÓN que a su madre “le apasionaban las muñecas” y lucía como una de ellas. 

Relata que, a sus manos, le llegaban las clásicas muñecas de porcelana de origen alemán, las cuales además de dientes tenían ojos de cristal. 

Entonces, como cualquier artista, Norah solía fabricar sus propias pastas de restauración, una suma de aceites de linaza y tiza. En caso de que las muñecas no tenían pestañas o cabello, solía sustituirlas por pelo y cabello natural de niña. 

“Casualmente, frente a donde era el taller, había un salón de belleza. La señora era su gran amiga y le regalaba pelitos y cabellos, porque estas tienen que ser de niñas”, detalla su hijo Rafael, quien asegura que entonces, solía restaurar hasta cinco muñecas por mes.

EL RESTAURADOR DE CUADROS 

La familia Gumucio Arze marca huellas en al arte cochabambino. Tanto es así que Rafael también se dedica a la restauración, pero de cuadros propios de la Colonia y de la República abatidos por la humedad y el tiempo.  

En la actualidad, interviene dos cuadros que superar los 200 años de existencia. En sus manos la restauración de estas piezas demora hasta un mes.

Mientras muestra dos retratos de colección privada con la escena de la virgen Dolorosa en el momento de la crucifixión y Jerusalén de fondo, Rafael asegura que su restauración es posible, apelando a técnicas estudiadas de envejecimiento y materiales nobles y naturales como la cera de abeja y el betún de judea.  

Todos los interesados en el servicio de reparación de muñecas, cuadros e imágenes en general pueden contactarse al número de teléfono: 65333542. En Facebook, el taller es encontrado como “Iconos, arte y restauración de imágenes”.