Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 03 de diciembre de 2021
  • Actualizado 06:19

Charagua se cura con medicamentos y plantas

Los pobladores utilizan eucalipto, miel de abejas y limón criollo para combatir a la covid-19 ante la falta de medicamentos. 

Charagua se cura con medicamentos y plantas

El territorio de la Autonomía Guaraní Charagua Iyambae está en la zona sur del departamento de Santa Cruz, en la provincia Cordillera. Este municipio, el primero en adoptar una administración autónoma indígena en Bolivia, ocupa una extensión de 74.424 kilómetros cuadrados (equivalente al 86% de la superficie de la provincia Cordillera), y limita al sureste con la República de Paraguay, donde también hay poblaciones guaraníes. Se halla a 272 kilómetros de Santa Cruz de la Sierra, un tramo carretero que se recorre en 5 a 6 horas. Su altura promedio es de 735 msnm.

La nación indígena guaraní, propia de tierras bajas, es la cuarta más representativa de Bolivia en términos poblacionales, solo superada por la quechua, la aymara y la chiquitana (amazónica). Según datos del Censo de 2012, representa el 2.1% (58.900 personas) de toda la población indígena del país. En el municipio indígena de Charagua Iyambae hay 40.476 habitantes, lo que implica que la gran mayoría de los guaraníes bolivianos viven dentro de su jurisdicción.

El  Ministerio de Desarrollo Productivo y Economía Plural señala que, con datos actualizados al 15 de enero de 2021, el municipio de Charagua Iyambae registró 115 contagios confirmados de coronavirus. Hasta el 14 de agosto de 2020, cuando la primera ola de la pandemia entraba en su recta final, el Gobierno Autónomo Indígena Originario Campesino (GAIOC) de Charagua Iyambae había reportado 2 muertes confirmadas por covid-19.

No es casual que los números de Charagua sean significativamente superiores a los de Charazani y Raqaypampa. Su población es mucho más grande y pertenece al departamento más poblado del país (Santa Cruz), que es el que más casos y muertes por coronavirus ha sufrido desde el inicio de la pandemia en Bolivia. Al 15 de enero 2021, el país reportó 183.289 contagios, 61.979 (33.8%) correspondientes a Santa Cruz. A esa misma fecha, los muertos ascendían en toda Bolivia a 9.571, 4.586 (47.9%) de los cuales en Santa Cruz.

Entrevistado para este reportaje, el médico Freddy Pérez Castro, director del Hospital Municipal Mamerto Égüez Soruco de Charagua, confirma que en el territorio sí se reportaron contagios de covid-19, pero que no causaron mayores complicaciones al personal de salud disponible. La capacidad hospitalaria máxima del municipio es de 50 camas y el Hospital Municipal cuenta con 68 trabajadores, entre personal médico, paramédico, de enfermería y de servicios.

El personal sanitario ha enfrentado dificultades estructurales y coyunturales. Entre las estructurales está el hecho de que el Hospital Municipal es un centro de referencia para atender males de toda naturaleza y no así un recinto especializado en atender casos de una enfermedad específica, como el coronavirus. Entre las coyunturales, cuenta Pérez, estuvo la insuficiente disponibilidad de insumos para ha-cer pruebas (PCR) de covid-19; las pocas que se hacían demoraban mucho en ser trasladadas hasta la ciudad capital (Santa Cruz de la Sierra) y devolver los resultados a Charagua. 

Los profesionales médicos también percibieron que la población hizo caso omiso de algunas determinaciones del Comité de Operaciones de Emergencia (COE), entidad municipal encargada de analizar el efecto de la pandemia en el territorio y adoptar medidas vinculantes para combatirlo. 

En directa relación con este problema hubo otro: el de la falta de información y conciencia de la población sobre los peligros de la pandemia. Aun así,  “no hemos tenido una expansión de la enfermedad dentro de la misma población de Charagua”, aclara Pérez.

Aunque el Hospital Municipal de Charagua no presta servicios de medicina natural tradicional (no académica), su personal recibió a pobladores que solicitaron orientación para el uso de tratamientos de esa naturaleza. “No podemos descartar, es algo ancestral y pueden hacerlo siempre y cuando tomen en cuenta también todas las recomendaciones que les hace el médico naturista”, dice el director del hospital, a manera de recordar que en otras circunstancias se han registrado casos de intoxicación atribuibles a automedi-cación con tratamientos naturales.

Raquel Antúnez Marañón es capitana de la zona Charagua Norte del GAIOC de Charagua Iyambae, dirigente indígena de las seis zonas que componen el territorio. Ella confirma que los pobladores han recurrido a la medicina tradicional para enfrentar la pandemia. “Como hemos hecho desde nuestros ancestros hasta hoy, usamos la medicina tradicional que es muy efectiva. Yo misma la sé usar”, cuenta. “Ya que la medicina occidental no llega de manera adecuada a nuestras comunidades, usamos la medicina tradicional”.

Una medida adicional adoptada en Charagua Norte fue el encapsulamiento, en una dinámica similar a la de Raqaypampa. Montaron una tranca en la comunidad de Puerto Viejo, la primera de la zona, donde se toman controles de bioseguridad para evitar el ingreso de eventuales portadores del virus. 

“Cada una de las comunidades también toma sus propias medidas de prevención”, destaca Antúnez.

Ademar Flores, director del COE de Charagua Iyambae, confirma que el coronavirus llegó a cinco de las seis zonas del territorio indígena. Sus pesquisas les indicaron que la enfermedad les fue contagiada por menonitas, quienes tienen colonias en la región y mantienen una relación más fluida con la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, el epicentro de la pandemia en el departamento. 

La confirmación de casos en Charagua llevó a los pobladores a recurrir a medicinas naturales, pero en muchos casos combinadas con tratamientos propios de la medicina facultativa. “Hubo personas que combinaron medicamentos con medicinas naturales en forma de té (infusiones). Hubo otras que lograron curarse solo con la medicina tradicional. De alguna manera, esto nos hizo recordar la medi-cina de nuestras comunidades y en nuestra zona”, relata. “La pandemia nos ha obligado a volver a nuestras raíces”.

Lizet Méndez (34) es una de las pobladoras de Charagua que se contagiaron y se curaron del coronavirus echando mano de medicinas naturales. Además de mantener distan-ciamiento social con otras personas, ella cuenta que usó eucalipto, miel de abejas y limón criollo, entre otros alimentos para sobrellevar los síntomas de la covid-19. “En mi comunidad siempre hemos utilizado la medicina tradicional, para el resfrío, tos y otras enfermedades”, dice. “Y ese tratamiento ha sido muy bueno porque gracias a él he podido vencer el coronavirus”.

Roger Justinia-no Yandura (33), líder guaraní de la comunidad de Izozog, corrobora que el eucalipto y el jugo de limón han sido ampliamen-te empleados para prevenir y enfrentar la pandemia. A ellos sumaron el uso de otras hojas, raíces y frutas para mitigar fiebre y dolores musculares, con los que también se preparan pomadas artesanales. 

Liscinia Claros (42), una profesora de la comunidad de Coperebrecha, también se curó del coronavirus alternando medicación estándar con medicina natural. Ella cree que su esposo, quien trabajaba como taxista en una colonia menonita, se contagió del virus y se lo pasó. Sufrió dolores de cabeza “insoportables”, vómitos, dolor corporal y dificultades para respirar. A duras penas consiguieron que la visitaran médicos del Hospital Municipal para hacerles pruebas a ella, su esposo y sus dos hijas. Los medicamentos debió pagárselos con su dinero y su evolución solo fue monitoreada por el personal médico de forma telefónica, ya no  presencialmente. 

Doña Liscinia llora mientras recuerda los 30 días de padecimiento que compartió con su esposo, un tiempo en el que temió perder la vida. Gastó unos 300 bolivianos en pagarse las pastillas de ivermectina, eritromicina, ibuprofeno y vitamina C para cumplir el tratamiento que le prescribieron los médicos. “Pero me ayudé con la medi-cina natural: tomé eucalipto y otras hojas que me recomendaron, eso me ayudó muchísimo. Me alivió los dolores de garganta y de nariz”, precisa. “La medicina na-tural que  usamos es bastante buena y nos está ayudando a las personas de escasos recursos, que acudimos a ella. El Gobierno debería apoyar la medicina natural y a los pueblos indígenas, que son los que menos recursos tienen”.

Justiniano explica que el uso de medicinas naturales ha sido fundamental para contener la expansión de la pandemia, cuya magnitud real en la zona no es posible cuantificar debido a limitaciones logísticas y económicas imperantes en las comunidades. Cree que, de haberse hecho rastri-llajes en busca de casos con pruebas, se habrían detectado más de los oficialmente reportados. La falta de insumos para las pruebas, pero también las limitaciones de transporte para llevar a los sospechosos desde las comunidades hasta el Hospital Municipal de Charagua, impidieron el ha-llazgo y tratamiento convencional de más personas enfermas. A esto se suma que, por las medidas de confinamiento, la actividad laboral de muchos pobladores del municipio indígena, empleados en la zafra, se paralizó y los privó de generar recursos con los que costear eventuales gastos de salud, como los que demanda el coronavirus.

Con una incidencia mayor de contagios que los pueblos indígenas de tierras altas (Charazani y Raqaypmpa), el territorio autónomo guaraní de Charagua Iyambae enfrenta el coronavirus combinando medicina facultativa con medicina natural, sobre todo porque la primera tiene un alcance limitado y sus costos resultan prohibitivos para muchos de ellos y porque la segunda ha demostrado una efectividad que avala sus saberes ancestrales.  

NOTA: Este trabajo fue realizado gracias a una beca de investigación del Pulitzer Center, que refleja la realidad de los pueblos indígenas y la covid-19. 

Los reportajes individuales se publicarán cada semana en la revista Así.