Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 22 de mayo de 2022
  • Actualizado 07:33

Asunción del rol y concepto de sí-mismo

ÓSCAR ARLEX QUILLA Z., Psicólogo Docente-Investigador
ÓSCAR ARLEX QUILLA ZURITA
Asunción del rol y concepto de sí-mismo

En el escenario psicosocial —que es tan vasto como complejo— donde si bien existen componentes situacionales y/o circunstanciales, gran parte de estas manifestaciones son evidentemente causales, contraria a la concepción superficial que es de orden fortuito o aleatorio.

Fue Charles Cooley quien afirmó que la conciencia es moldeada por la interacción social, expresándolo en su concepto del “Yo espejo” (“Looking-glass self”).

En el proceso de interacción con su ambiente social, un individuo percibe que los otros reaccionan hacia él y él mismo reacciona frente a eso, pero también se concibe en torno a sus propias acciones y atributos personales de la forma o manera en que espera que otros lo hagan. Esta capacidad para asumir el punto de vista de los otros y para considerarse a sí mismo como un objeto (en un continuo proceso) da origen al concepto de sí-mismo.

La fuente de este término son los otros. En ese orden, George Herbert Mead explica que el contenido de un acto humano es típicamente social porque es un escenario que incluye a otro u otros individuos, donde los juicios percibidos o anticipados de ellos median entre la iniciación y la ejecución del acto psicosocial. Ahora bien, no solo es que la otra gente esté presente en nuestro alrededor lo que hace que nuestros actos sean sociales, es ¡mucho más importante todavía! Es que “la gente está presente dentro de nosotros” (Scellenger, 1981).

¿Cómo puede pasar eso? Es mediante la representación simbólica, significantes del lenguaje que hacen posible la autoconciencia y la acción reflexiva. Por eso, es mediante el uso de símbolos significantes, junto a los otros (personas) en la denominada “conversación de gestos” y en la forma de pensamiento (cogniciones) dentro de nosotros, como llegamos a ser, a constituir el tipo de personas que somos.

Esto forma parte de la naturaleza social y simbólica de la acción e interacción humana; obsérvese la importancia en la relación persona-otros, donde se encuentra un punto de referencia como unidad generalizadora, que la persona utiliza como constante punto referente para su propia conducta. El individuo concede a sus gestos y comportamientos significados similares a los que tiene para las personas que le rodean. A partir de esta capacidad, asimila el rol de otros individuos hacia él.

El si-mismo es un fenómeno en desarrollo que surge de la interacción con los otros individuos. Según esto, el sujeto asume un conjunto de roles que le da la oportunidad de explorar las actitudes de los otros hacía él, donde aprende a considerarse desde un punto de vista externo y cuando las actitudes de los otros se asimilan en un otro generalizado coherente. (Deutsch y Krauss, 1970)

De esta manera, se adquiere experiencia y conocimiento del propio grupo social, como una comunidad organizada de actitudes, normas, valores y metas que regulan el comportamiento propio y el de los otros. Los roles nos permiten adecuación y adaptación, y es siempre pertinente entendernos en ese contexto y en el mundo como si-mismo, como ya lo decía William Shakespeare: “Todo el mundo es un escenario y todos los hombres y mujeres son meros actores. Todos tienen sus  entradas y salidas y cada hombre en su vida representa muchos roles”


ÓSCAR ARLEX QUILLA ZURITA

Docente-Investigador

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Twitter: OSCAROKY-369


NOTA: Para cualquier consulta o comentario contactarse con la responsable de esta columna, Claudia Méndez Del Carpio (psicóloga), al correo electrónico [email protected] o al celular/ WhatsApp (+591) 62620609. 

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