Astenia de primavera: ¿cómo evitarla?
Estamos frente al próximo cambio de estación, con sus características propias, como el aumento de la temperatura, el incremento de las horas de luz y la floración de las plantas. Todos estos factores influyen de manera positiva en el ánimo de cada una de las personas.
El cuerpo responde con el aumento de la secreción de feromonas (hormonas sexuales) y de otras hormonas como la oxitocina, la dopamina y la noradrenalina. Sin embargo, estos cambios no siempre son positivos y, en algunas personas, pueden modificar el bienestar integral.
La adaptación del cuerpo a la primavera no se produce de la misma manera en todos, algunos pueden experimentar el cuadro conocido como astenia primaveral. Surge como consecuencia de los cambios justamente relacionados con la luz solar, la presión atmosférica y el calor.
Se alteran los ritmos circadianos y también se producen cambios a nivel inmunitario, lo que puede favorecer la aparición de infecciones. Hay factores que intervienen en la regulación de los cambios físicos y mentales que aparecen en el día, en especial al atardecer, y su descenso puede causar síntomas de astenia:
- Las endorfinas, que son las hormonas que regulan nuestro ánimo y nuestro bienestar.
- La melatonina, que ayuda a regular el ciclo del sueño y la vigilia.
- El cortisol se libera como respuesta al estrés.
Esta astenia primaveral dura aproximadamente dos semanas, pero mientras pasa altera el ritmo normal de vida. Suele aparecer antes de la llegada de la primavera, y es el tiempo que el organismo necesita para acomodarse a las nuevas circunstancias ambientales. Por esto decimos que no se trata de una enfermedad, sino de una dificultad que se manifiesta con un estado de letargo, que afecta más a las mujeres que a los hombres, y que es común que aparezca entre los 30 y 60 años.
Este cuadro se conoce también como el “cansancio de la época de las flores”, y afecta a más de la mitad de la población mundial.
Como respuesta pueden aparecer síntomas u oscilaciones en cuadros de ansiedad y depresión en las personas que son vulnerables, baja autoestima, tristeza y desmotivación.
Los síntomas más frecuentes son: fatiga, agotamiento, problemas para conciliar el sueño, irritabilidad y problemas de concentración.
Si bien no existe un tratamiento específico, se pueden seguir algunas pautas para aliviar los síntomas. Por ejemplo:
- Beber por lo menos dos litros de agua diarios, para mantener una buena hidratación.
- Mantener una dieta equilibrada, con minerales y vitaminas para aumentar la energía y reforzar las defensas.
- Comer frutas y verduras.
- Tratar de dormir entre 6 y 8 horas: es importante recordar que es fundamental descansar para recuperar energías.
- Hacer actividad física con los recaudos pertinentes: el ejercicio relaja la mente y el cuerpo responde con aumento de las endorfinas.
La principal señal de esta afección es el cansancio y la pérdida de energía. Antes de hacer un autodiagnóstico y atribuirla a otras cusas, es importante consultar siempre con el médico para llegar a un diagnóstico.