Apiterapia en Cochabamba: sanar gracias a la ‘pócima’ de las abejas

Productos naturales derivados de la abeja. / NOÉ PORTUGAL

Este tratamiento está recomendado para personas que sufren problemas en las articulaciones, los nervios e incluso enfermedades autoinmunes. Además de usar las toxinas del veneno de la abeja, se complementa con derivados como el propóleo y la miel, y acupuntura y fisioterapia. 

Santiago tuvo un accidente en moto hace nueve meses. Esto le provocó una rotura de tibia y peroné, por lo que tiene placas de titanio en el costado externo, clavos y tornillos que sirven para unir el hueso. Pese al tiempo que pasó, aún siente mucho dolor y la hinchazón en esa pierna aumenta a medida que pasa el día. Después de varias intervenciones comenzó a probar la apiterapia –la práctica de usar el veneno de la abeja con fines medicinales– y la mejoría es notoria. 

Este tratamiento se remonta a la antigüedad, en países como China, donde se promueve el uso de la medicinal natural. La apiterapia engloba todos los derivados de las abejas, desde la miel o jalea real hasta la apitoxina o veneno, utilizados, según sus promotores, para prevenir y tratar diferentes enfermedades.

Este tratamiento toma cada vez más fuerza. En Cochabamba, hay varios espacios donde las personas pueden acceder a este servicio. Uno de ellos es el Centro Internacional del Control del Dolor, ubicado en Tiquipaya. 

Régis Cabré muestra la miel producida en los Yungas de Cochabamba. / NOÉ PORTUGAL

Régis Cabré, director del centro, afirma que el objetivo que tienen es ofrecer la recuperación de diferentes enfermedades, en mayor o menor medida, según sea el caso, a través de un tratamiento integral. Desarrollan una terapia neural que incluye la apiterapia, la acupuntura la quiropráctica y la electroacupuntura, entre otros. 

Cabré explica que en la apiterapia se trabaja con abejas maduras, es decir, adultas que están en la última etapa de su vida; cada abeja vive entre 50 y 60 días. 

Una vez que el paciente está listo, se ubican los puntos de acupuntura china para insertar el aguijón de la abeja viva y así depositar su veneno. Según Cabré, la apitoxina es un potente antiinflamatorio y analgésico que actúa a nivel de neurotransmisores. 

“Una vez inoculada la toxina, al cabo de un minuto o dos, ya recorre nuestro organismo, se transmite a través de la sangre. Entonces actúa como inhibidor del dolor”, sostiene el especialista en apicultura y apiterapia.  

Las enfermedades más comunes que se tratan con esta terapia son artritis, artrosis y artritis reumatoide, donde no solo se usa la toxina de abeja, sino un tratamiento específico para cada enfermedad. 

Para aplicar la toxina en el cuerpo, se toma a la abeja viva y se la coloca en el punto elegido para que pique. “El paciente recibe una microdosis de toxina y retiramos el aguijón”, sostiene Régis. 

“Hay que tomar las precauciones necesarias, porque estamos hablando de una toxina muy fuerte. (…) es un antiinflamatorio 100% natural; sin embargo, necesitamos medir el grado de tolerancia de cada paciente frente a la toxina”, añade. 

Este centro del dolor trabaja con base en las terapias de shock, es decir, las sesiones buscan un gran impacto en el menor tiempo, por lo que se hacen seguidas. “La idea es que el paciente, en el menor tiempo posible, logre su recuperación”, afirma Cabré. 

Por ejemplo, para un paciente con problemas en la ciática están recomendadas un par de sesiones. En cambio, alguien que tiene artritis reumatoide tendría que someterse a unas 15 sesiones, inicialmente. Después, se evalúa y nuevamente se sigue con otro bloque de     sesiones.  

En el caso de enfermedades autoinmunes, Cabré afirma que la apiterapia ayuda a frenar el avance, mitigar el dolor y proporcionar una mejor calidad de vida. 

Según sostiene el especialista, en los 30 años de experiencia que tiene en la apiterapia, las enfermedades en las que más vio efectos son las de índole articular. Sin embargo, también hay otro grupo de pacientes comunes: los que sufrieron accidentes y, a raíz de estos, tienen secuelas, como es el caso de Santiago. 

Para comenzar la apiterapia es importante hacer una evaluación del estado físico del paciente. Por ello, se piden estudios previos, ya sean derivados del médico de cabecera o que son solicitados por el equipo del centro del dolor. 

Si se trata de enfermedades expandidas por el cuerpo o más agresivas, se complementa con jalea real, miel y propóleos, entre otros derivados de la abeja. 

Una abeja pica a una persona para tratar dolores físicos. / NOÉ PORTUGAL

ABEJAS PARA SANAR

Cabré explica que ellos se encargan de producir sus propias materias primas para elaborar lo productos derivados de las abejas, como la miel y el propóleo. Además, tienen al menos 800 colmenas ubicadas en los Yungas de Cochabamba. Las abejas son modificadas genéticamente para que la toxina sea más potente y tenga un efecto más potente. 

Algo que resalta en el centro es que trabajan con poblaciones indígenas, a quienes capacitan para que elaboren productos con calidad de exportación. 

“Allí (Yungas cochabambinos) se produce jalea real con características únicas en el mundo, de gran calidad”, dice Cabré. 

Asimismo, tienen un proyecto con la comunidad indígena Sirionó, con la que están trabajando para enviar los productos que elaboran hasta Alemania, para que se estudie su pureza. 

“Trabajamos a nivel de nanopartículas, ya sea de jalea real, miel, polen o propóleo, para desarrollar dosis pequeñas con potente efecto”, cuenta. 

Cabré afirma que la apiterapia trabaja sobre el origen de las enfermedades, con el objetivo de que se atienda el mal preciso para lograr la mejor recuperación posible. 

Desde que el centro comenzó a funcionar en Tiquipaya, poco a poco más personas conocieron este procedimiento y llegaron para tratar sus males

En el caso de Santiago, él recibe un tratamiento integral que incluye fisioterapia, acupuntura y apiterapia. La apitoxica es aplicada sobre la cicatriz para ayudar con el dolor. Utilizan los puntos de la acupuntura para aplicar las agujas y, una vez que se insertan, se añade energía para estimular los músculos. 

Sobre la aplicación, Santiago sostiene que sí siente el dolor de la picadura, pero es normal y no le produce efectos secundarios. Además, afirma que todo el tratamiento le ayuda a caminar mejor. 

“Se aplican microdosis. No significa que mientras más toxina el efecto sea mayor. Lo que necesitamos son pequeñas dosis de toxinas en un ángulo determinado”, explica Cabré. 

Algunos pacientes reciben incluso ocho microdosis de cuatro abejas por sesión. Los estudios previos para determinar la gravedad de la enfermedad son importantes para identificar cuánta apitoxina se puede aplicar a la persona y hacer evaluaciones continuas sobre el progreso.

Si bien esta práctica no es totalmente respaldada por los médicos a nivel mundial, la terapia toma fuerza y son más las personas que acuden buscando un alivio en la “pócima” de las abejas.