Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 06 de diciembre de 2021
  • Actualizado 19:02

Ángeles de Navidad, personas que reparten alegría durante las fiestas

Sandra Linares busca darles una oportunidad a los perros de la calle. Lineth Villarroel les devuelve la sonrisa a los niños del oncológico, y Rodrigo Chávez llega con juguetes hasta los barrios mineros. 

Sandra Linares es la fundadora del refugio chocolate.
Sandra Linares es la fundadora del refugio chocolate. Noé Portugal
Ángeles de Navidad, personas que reparten alegría durante las fiestas

La Navidad es una de las fechas más esperadas del año, pero, pese a que se crea un ambiente festivo, muchas veces denota más las carencias de algunos sectores y evidencia la desigualdad. Sin embargo, existen algunas personas que buscan la forma de ayudar, entregar lo que pueden y así devolver la sonrisa al que está pasando un momento difícil. 

Estos “ángeles” de Navidad realizan la labor hace varios años, algunos lo hacen junto a su familia y otros solos, pero tienen en común la vocación de servicio y la responsabilidad que asumieron desde que lo hicieron por primera vez. 

Rodrigo Chávez es un joven que recolecta juguetes y víveres para los niños que más lo necesitan en las zonas alejadas del departamento. Por su parte, Lizeth Villarroel tiene una conexión especial con los menores del oncológico, a quienes visita y ayuda desde hace varios años. En cambio, Sandra Linares es la fundadora del refugio de animales Chocolate. Ella se encarga de más de 85 perros y les busca un hogar en estas fechas. 

Estas tres personas dedican gran parte de su tiempo y recursos para ayudar, desde su espacio y posibilidad, a los que lo necesitan. 

UNA NUEVA OPORTUNIDAD

Sandra Linares cambió toda su rutina el día que eligió darles una nueva oportunidad a los animales de la calle. Sin pensarlo, fue recibiendo a varios perros hasta tener a su custondia a más de 85, actualmente.

Su único deseo para esta Navidad es que estos animales encuentren un hogar donde los cuiden y les den una vida digna. Decenas de ellos pasaron por experiencias traumáticas y dolorosas hasta llegar al cuidado de Linares. 

El refugio Chocolate alista una actividad especial para estas fiestas. Todos los perros estarán disfrazados y a la espera de que los adopten.

Otro de los objetivos es conseguir padrinos que puedan cubrir los costos de esterilización y otras enfermedades que tienen los animales, como tumores e infecciones. 

“Con mi dinero hice esterilizar casi a todas (las hembras), pero ahora tenemos nuevas rescatadas, alrededor de ocho, que aún faltan”, afirma. 

El albergue está vigente hace cinco años, pero la pandemia fue clave para que se diera a conocer el trabajo que hace Sandra. Asegura que pasaron momentos críticos,   no tenían alimentos ni podían movilizarse para conseguirlos. 

“En la cuarentena ya no sabía qué hacer, he tenido que pedir ayuda. Saliendo a vender siempre llevo todo, pero como ya no podía salir, no llevaba nada”, dice. 

Sin embargo, Sandra cuenta que recibió apoyo y algunos perros fueron adoptados, lo que la motivó y le dio el impulso necesario para seguir. “Gracias a Dios nos trajeron harta comida y con eso pudimos estar”. 

Sandra tiene un puesto de venta en el mercado La Cancha. Todos sus recursos se destinan a cuidar y salvar a estos animales que, ahora, en Navidad, esperan encontrar un hogar. Para realizar aportes contactarse al: 75979980

LOS NIÑOS DEL ONCOLÓGICO 

Lineth Villarroel comenzó hace cuatro años una relación especial con los niños del Instituto Oncológico Nacional. El primer contacto se dio a través de una kermesse, donde conoció a varias madres, quienes le pidieron ayuda con medicamentos y víveres.

Desde su posición de asambleísta gestionó en ese momento lo solicitado, pero no pudo dar marcha atrás luego de involucrarse con los niños. Ahora, ella junto a su pareja, familia y amigos cercanos asumió la responsabilidad de ayudar a estos menores, una labor que, según cuenta, no tiene punto final. 

“He tenido la oportunidad de conocer a los niños, encariñarme demasiado y generar una especie de responsabilidad”, dice. 

El punto crucial que la motivó a asumir ese reto fue la disolución de la fundación Oncofeliz, que era la encargada de hacer campañas navideñas y buscar recursos. Luego del cierre, los pequeños quedaron sin la colaboración, así que Villarroel decidió emprender un voluntariado activo con ese sector. 

Para esta Navidad, la joven buscó padrinos para los 120 niños que hacen tratamiento en el oncológico. Reunió a varios amigos y familiares y logró el objetivo. Además, asegura que sus redes sociales le sirvieron para conectarse con muchas personas que, al igual que ella, desean aportar. 

“La idea de los padrinos es que, si bien les den un regalo de Navidad, puedan generar un lazo con el ahijado para que durante 2021 puedan apoyar en lo que sea necesario y lo que tengan posibilidad”, afirma. 

Incluso, indica que le “sobraron” padrinos, lo que muestra el buen corazón de muchas personas en Cochabamba. 

“Lo hago porque a estos niños los adoro, son como mi familia. Es muy duro trabajar con ellos porque a veces uno se encariña y algunos fallecen. Las realidades de estas familias son muy duras, me cuesta mucho hablar de este tema”, cuenta con la voz entrecortada. 

En gestiones anteriores realizaban un agasajo con payasos y compartían alimentos durante el 25 de diciembre, pero este año será distinto por la pandemia. Las visitas serán restringidas y con muchas medidas de bioseguridad porque los menores son un grupo de riesgo. 

Sin embargo, también está intentando entregar víveres,como panetones y pollo, con la ayuda de otras personas,  

De hecho, durante la emergencia sanitaria se encargó se hacer varias campañas para repartir canastones con alimentos básicos y 80    bolivianos para que las madres puedan comprar medicamentos. 

Lineth cuenta que nunca fue muy cercana a los niños, no tiene hijos y siempre mantuvo una relación externa. Pero, desde que conoció a los pequeños del oncológico no pudo separarse más de ellos.  

“Yo asumo la responsabilidad como si fueran mis hijos, como regalitos que me emocionan. Tengo mucho compromiso, los quiero muchísimo. Compartir con ellos lo es todo. Es una familia extendida”. 

La joven asegura que es difícil explicar la sensación que siente cada vez que está cerca de los pequeños, su sonrisa y agradecimiento es la mejor paga que recibe. 

“Si nosotros tenemos la oportunidad de hacer algo para que ellos estén animados con el tratamiento o para que sus mamás estén animadas a seguirlos llevando, hay que hacerlo. Así también como hemos tenido las duras noticias de los fallecimientos, también tenemos buenas noticias, como que hay niños que ya están superando el cáncer o dejando el oncológico”, relata.  

Invita a que más personas se sumen a ella y puedan seguir aumentando la red de amigos solidarios. 

“Hay personas que han ido un día a entregar un vívere a un niño y ahora lo hacen constantemente. Hace unos años ellos no existían para la sociedad, pero ahora están tomando un espacio importante. A falta de Oncofeliz, la población se hace sentir”.

Lineth comenzó esta labor de forma espontánea, pero ahora es parte de su vida diaria. “Al principio siempre es difícil, pero cuando estás cerca es imposible no ayudar, porque ves que un niño está luchando contra el cáncer, cómo puedes dejarlo solo. Yo tengo un compromiso con ellos desde dónde esté y como pueda siempre apoyaré”, dice.

Para realizar aportes contactarse al: 70304870

Lizeth Villarroel rodeada de los niños del oncológico.

SOLIDARIDAD DE FAMILIA 

Rodrigo Chávez nunca olvida cuando era pequeño y su padre le dijo que los juguetes que tenía debía compartirlos con otros niños, no exhibirlos delante de quien no lo tenía. Así, creció en una familia que siempre le inculcó valores solidarios y le enseñaron a dar al que menos posee. 

Rodrigo, conocido como Ñeque, es otro de los jóvenes que realiza labor social hace varios años. De sus padres, Juan Chávez y Rosmery Miranda, aprendió la importancia de dar. 

Este 2020 es el tercer año que dirige una campaña personal y tiene el objetivo de recaudar 3.000 juguetes y alimentos para los niños que reciben diálisis, para los del pabellón de menores quemados, para los de Tiquipaya y de Kami. 

Junto a un amigo que realiza tatuajes emprendió la promoción de hacer un tatuaje por un juguete. Además, va tocado puertas para recolectar más apoyo. 

Cuando comenzó la campaña denominada “Navidad con Ñeque” lograron recaudar 1.000 obsequios y los repartieron a los niños de Tiquipaya. El siguiente año alcanzaron los 2.000 juguetes. 

Chávez es comunicador social, durante un tiempo fue parte de algunos medios, lo que le ayudó a conocer más personas que le colaboren en esta labor. Cuenta que comenzó a utilizar sus redes sociales para promover este tipo de campañas y recibió la respuesta necesaria. 

Su papá es de Colquiri y su madre de Kami, ambos barrios mineros. Cuando llegaron, en 1996, a Tiquipaya, construyeron el colegio La Floresta y comenzaron a hacer obras sociales en menor escala. Rosmery trabajó con mujeres que sufrieron agresión física y con niños víctimas de abuso sexual. Por su parte, Juan trabaja en la defensa de niños. El joven asegura que su mejor ejemplo siempre fueron sus padres. 

“Veía que mi mamá, sin mucho apoyo, lograba hacer las cosas, pero caminaba de lugar a lugar, iba a tocar las puertas de los vecinos. Entonces pensé por qué no mejorar esto y apoyarme en lo que sé hacer. Quiero continuar con los valores que me han dado mis papás”, indica. 

Durante la pandemia también trabajó arduamente para entregar canastas solidarias; su objetivo eran 200. “Tenía muchas ganas de hacerlo, pero tenía miedo de no lograrlo. Yo pensaba que no iba a poder”. 

Un día salió durante la cuarentena rígida y, casualmente, se encontró con una señora de una avícola, se animó a pedirle ayuda y recoletó 1.300 huevos. Luego, consiguió 300 queques y pan. Después, sumó 7.000 rollos de papel higiénico, jugos, leche y yogur. A eso se añadió 150 pollos. 

Así se fueron sumando otras empresas y logró entregar 800 canastas. Sus padres y su hermano fueron sus compañeros de trabajo.

“Nos encontramos con realidades tan fuertes, personas que no tenían dinero para comprar. Íbamos de extremo a extremo a recolectar las cosas, fue titánico”, cuenta y explica que sabe cómo se sentían los otros porque el también quedó desempleado durante la crisis sanitaria. 

Si bien es complicado hacer este tipo de labor porque requiere dedicación y persistencia, Rodrigo asegura que es una de las cosas que más le gusta hacer. 

“Comienzo con miedo, pero cuando ves logrado los objetivos y alcanzada la meta es una satisfacción única. No hay un motivo más grande que ver un sonrisa en un niño”, asegura. 

Para realizar aportes contactarse al: 72787017.