Opinión Bolivia Ramona

  • Diario Digital | jueves, 04 de junio de 2026
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Una ‘rutina’ de engaño

A propósito de la película ‘El show detrás del show’, debut de Enrique Koch, que se exhibe en cines bolivianos
A propósito de la película ‘El show detrás del show’, debut de Enrique Koch, que se exhibe en cines bolivianos.
A propósito de la película ‘El show detrás del show’, debut de Enrique Koch, que se exhibe en cines bolivianos.
Una ‘rutina’ de engaño

“El show detrás del show”, debut cinematográfico del argentino-boliviano Enrique Koch Fretes (director y guionista a la vez) es un “engaño a segunda vista” (parafraseando la “célebre” película de los hermanos/familia Benavides de 2016). Si ésta última –“una película simple de alto impacto”-estaba rodada en un solo escenario (un centro comercial con multisalas de cine), la de Koch se ha trasladado al Teatro Municipal de La Paz (más en concreto a las bambalinas donde charlan media docena de comediantes -rama “stand-up”- antes de salir a escena).

Y digo/sostengo que “El show detrás del show” es un engaño entre comillas porque su potencial público (la obra tiene vocación de nicho) es el que acude asiduamente a los espectáculos de monólogos cómicos, los que gustan de ese tipo de humor; a veces divertido/terapéutico, a veces patético, aburrido y facilista (reírse del otro desde la supuesta superioridad no es una broma).

Esos “shows” que muchas veces tropiezan en la misma piedra que el cine “mainstream” de super-héroes: el agotamiento/hastío ante los mismos roles, mismos patrones y calcados estereotipos. Nota mental: la película de Koch arranca con el unipersonal de una de las monologuistas “explicando” que no es una prostituta por trabajar de noche en un boliche “divirtiendo” a hombres y mujeres. Y sigue con los infaltables “chistes” clasistas y regionalistas (“me he criado en la Garita de Lima pero esta noche no ejerzo” y “si sería abogada en Tarija estaría todo el día borracha”). 

Y sostengo/digo que es un “engaño” porque la película ha sido promocionada como “la de los standaperos” y el nicho/público cree que va a disfrutar de una sucesión de “sketches” con la “crema y la nata” de los monologuistas cómicos de Bolivia (el elenco usa como gancho a Javicho Soria y Pablo Osorio y cuenta con Anahí Paravicini, Daniela Moscoso y Claudia “La Piña” Peña, “reforzados” por actores/actrices de teatro-cine como Cristian Mercado, Daniela Lema, Ariel Vargas y/o Patricia García). 

“El show detrás del show” es una película sobre las relaciones de pareja: narra la ruptura y conflictos de dos parejas en crisis. El “stand up” es un género (cuando está bien hecho y va más allá del cuenta-chistes intranscendente y protestón) que demanda un trabajo previo de guionización y libreto; de calcular tiempos, de escoger el momento idóneo para golpear (“punch”) y de hacer reir con sátira político-social. Todo esto es precisamente lo que le falta en la película de Koch y la tropa de colegas/amigos de profesión (autorretratados como neuróticos y frustrados, contando sempiternos chistes sobre coimas, acentos extranjeros adoptados como propios y adicción morbosa sobre chismes). 

Si algo necesita/pide una comedia dramática sobre parejas en pelea permanente (pre-separación o divorcio) es precisamente buenas líneas, tensión dramática, diálogos sugestivos/sugerentes. Uno no puede dejar de pensar lo lejos (lejísimos) que está Koch (mil perdones por la comparación odiosa) de filmes como “Maridos y mujeres” o “Annie Hall” de Woody Allen (por cierto, actor de “stand up” en sus mejores días). 

El estilo conversacional (falso e impostado) de Koch -reiterativo y aburrido como el peor monólogo de humor- convierte a esta ópera prima en una película insufrible (dura casi dos horas). La idea, acaso, daba para un “reel” o en su defecto, para un cortometraje, no para un “largo” pretencioso y “simple”. Salpicar con media docena de “sketches” para aligerar el drama no es la mejor de las decisiones pues la película queda naufragando entre ambos/varios propósitos. 

No voy a comentar los evidentes fallos de narrativa cinematográfica (propios de un desconocedor de la dirección, el montaje y la misma dirección de actores): la cámara girando veloz de un personaje a otro en defecto del uso del plano/contraplano, los errores de “raccord”, la falta de sincronizaciones de sonido, el bebé que mira frontalmente a la cámara, etc. 

Ni tampoco nombraré la surrealista/incomprensible escena con el comediante que agoniza (interpretado por Raúl “Conejo” Beltrán) en otro extravío del filme, rozando el género de protesta/pliego petitorio contra la precarización laboral de los comediantes. Da la impresión (error típico de principiante) que Koch quiere en su debut meterlo todo en su primer filme: drama, comedia, cine social, ensayo/taller sobre cómo hacer monólogos de humor…

El cine boliviano tiene un evidente/gran problema para facturar comedias que no insulten la inteligencia y que jalen al gran público. Nuestro cine tiene más facilidad para hacernos llorar que para hacernos reír. Es nuestra peor “rutina”.